7 pautas para afrontar la soledad no deseada - La Mente es Maravillosa

7 pautas para afrontar la soledad no deseada

Francisco Pérez 19 febrero, 2018 en Emociones 0 compartidos
Mujer con un pañuelo en la mano

La soledad, como tal, no es buena ni mala. Depende de cómo cada uno la viva y la acepte. Y es que todos estamos y deseamos a veces estar solos. Lo necesitamos y nos viene bien. Sin embargo, hay veces que esa soledad supone tristeza y/o a abandono. Estar solos durante mucho tiempo pude suponer graves trastornos, pues somos ante todo seres sociales.

Por lo tanto, es necesario saber afrontar la soledad, gestionarla o aceptarla. En este artículo te daremos siete pautas para afrontarla de una manera inteligente, de una forma que sume en nuestro crecimiento personal.

La soledad destructiva

Existen varias formas de soledad “negativa”. Una persona puede ser retraída, pero no maltratar a sus relaciones sociales. Otro tipo de soledad negativa ocurre cuando alguien se siente desamparado, solo, sin compañía y con pocas perspectivas de que cambie la situación. Es decir, se siente la soledad como una condena: una situación no elegida, una especie de castigo a todas luces injusto.

Puede ser complicado modificar situaciones familiares o de grupo, lo mismo da que uno sea soltero, casado o viudo. Esa sensación de soledad cuando no ha sido elegida es una de las experiencias más negativas para nuestro desarrollo personal, afectivo y de salud, tanto mental como física.

El concepto de soledad es diferente al de aislamiento. Mucho más distinto es el concepto de dependencia. Podríamos decir que son tres caras distintas de soledad, con sus pros y sus contras.

¿Cuáles son las formas habituales de soledad?

Existe la soledad entendida como un alejamiento del barullo, de las aglomeraciones, del ruido… La necesitamos para poder “alimentarnos de nosotros mismos”, para rezar, escribir o concentrarnos. Esta soledad convierte la carretera que conecta con nuestro interior en una autovía de varios carriles.

Esta soledad es necesaria en nuestra vida y no puede hacernos daño. Si somos inteligentes en su gestión, puede reportarnos grandes beneficios. Sin embargo, muchas veces la soledad no es elegida, sino impuesta. En los casos de soledad impuesta percibimos la soledad con tal intensidad que podemos estar rodeados de gente y sentirnos solos al mismo tiempo. ¡Cuánta gente a nuestro alrededor y qué poca sensación de compañía!

Hombre mirando la ciudad

La trágica soledad psicológica

La soledad psicológica es quizás la más terrible de las soledades. Puede hacernos desarrollar una verdadera patología, induciendo el suicido en los casos más extremos. Por otro lado, la soledad puede provenir de la sensación de no mantener relaciones profundas, como la ausencia de una amistad verdadera o de familiares en los que confiemos. Nuestra configuración de personalidad puede predisponerla. Hay estudios que revelan que hacia los cuarenta años de edad se acrecienta con fuerza, para culminar en la jubilación y en la emancipación de los hijos.

Cuando los hijos se emancipan puede tener lugar el llamado “síndrome del nido vacío”. Entonces hay que actuar y afrontar la soledad de la mejor manera posible. Algo hay que hacer si en nuestro trabajo, en nuestra familia o en nuestro grupo social habitual nos sentimos solos y esa sensación parece ahogarnos poco a poco.

La pérdida de autonomía y la dificultad para desplazarnos favorece otro tipo de soledad. Esta puede enriquecernos siempre y cuando sepamos cómo encajarla, aceptarla y ocuparla.

Mujer en el mar

7 pautas para afrontar la soledad

Podemos hacer varias cosas para controlar y afrontar la soledad negativa. No se trata de no estar solos, sino de no sentirse solos. Entre ellas se encuentran las siguientes:

Organízate de otra forma

Es buena idea organizarse la vida en función de nuestro estado actual (soltero, viudo, jubilado, sin hijos, etc.). No te organices en función de la rutina estresante que has llevado como ama de casa o como trabajador de una empresa. Es hora de incorporar en nuestra agenda actividades que nos permitan intercambiar intereses con otras personas.

Establece horarios

Intenta mantener un horario para acostarte y levantarte. Intenta no caer en la anarquía, esto te dará una gran sensación de seguridad. Los días que no tengas la obligación de madrugar, no te quedes en la cama. No ajustar a tu cuerpo a un horario incrementará la sensación de melancolía.

Come siempre a la misma hora

Si es posible, come siempre a la misma hora. Cena todas las noches, aunque sea más ligero. No caigas en la trampa de comer solo cuando tienes hambre y sin control. Lo notarás en tu salud física y estado de ánimo. El desorden genera más desorden y a su vez ansiedad.

Hombre mirando por la ventana

Intenta marcar el ritmo tú y no tu estado de ánimo

No te dejes llevar por el impulso del momento malo que vives. “Me aburro, no tengo ganas de asearme, cambiarme, vestirme… Me echo en el sofá todo el día esperando una llamada o una visita que nunca llega”. ¡Mira el horario y cumple lo que tenías previsto para ese día!

Realiza actividades gratificantes

¿Tienes una huerta? Acude a ella. Si tienes jardín, cuídalo, siempre hay algo que hacer en un jardín. Si no, arregla las plantas del balcón. También puedes ordenar la casa, arreglar papeles, fregar los platos… Hacer algo que te distraiga y te mantenga activo es bueno y saludable.

No se debe “matar el tiempo”

Tenemos que encontrar algo para ocupar y llenar nuestro tiempo. Pero algo que nos resulte significativo, que nos haga disfrutar y también crecer. No te quejes de que no dispones de mucho dinero. Los ricos no han resuelto el ocio, se aburren igual. Se trata de buscar algo que te atraiga y te “enganche”.

Realizar actividades que nos gustan y nos hace disfrutar es una buena forma de afrontar la soledad.
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Cambia tu ritmo de vida, “mete otra marcha”

La monotonía se rompe con los cambios. Modifica tus hábitos, imprime a tu vida un poco de riesgo, piensa que no necesitas a nadie para ir al cine, para salir a cenar un día o para viajar.

La relación que mantengamos con la soledad, el aislamiento y la dependencia está en nuestras manos. Vivir solo no significa estar solo ni ser un solitario. Lo que importa es aceptar la situación personal por la que estemos pasando y luchar por compensarla con amigos, familia, hijos, grupos. Si estás pasando por una situación de este tipo… ¡Ojalá estas pautas puedan ayudarte, aunque sea mínimamente!

Francisco Pérez

Psicólogo General Sanitario. Director del centro Supera Psicología. Máster en Psicología Clínica y de la Salud por la U.C.M.

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