Un acercamiento al Trastorno del Espectro Autista (TEA), ¿cómo podemos intervenir?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 27 junio, 2017
Bárbara Arenas · 27 junio, 2017

Son muchos los niños y niñas con Trastorno del Espectro Autista, por ello hemos querido acercarnos a conocer su realidad, los criterios diagnósticos y cómo podemos trabajar con ellos para mejorar sus rutinas. Las cifras de estudios recientes son llamativas, estimando una prevalencia de 10-15 por 10000, llegando a tasas de 57 por 10000 cuando se incluyen los casos leves del cuadro.

Fue el psiquiatra suizo Eugen Bleure (1911) el primero en utilizar el término autismo, pero con él hacía referencia a un síntoma típico de los esquizofrénicos, que consiste en la tendencia a aislarse del mundo real para vivir en un mundo de representaciones fantásticas. Sin embargo, este síntoma tal y como lo hemos descrito no es aplicable a los sujetos autistas.

Treinta y dos años más tarde, en 1943, Leo Kanner, que residía en EEUU, fue el primero en describir el trastorno al que denominó “autismo infantil temprano“, como un síndrome comportamental que se manifiesta en las primeras etapas de la vida.

Los criterios diagnósticos del Trastorno del Espectro Autista

Cuando hablamos del trastorno del espectro autista (TEA), tenemos que tener en mente los principales criterios diagnósticos por ser los más característicos de este tipo de trastornos. Primero, las deficiencias persistentes en la comunicación social y en la interacción social en diferentes contextos.

Por ejemplo, deficiencias en el contacto ocular cuando una persona les habla, anomalías en las comprensión o en el uso de gestos, hasta una falta de expresión facial y de la comunicación no verbal. Las deficiencias de la reciprocidad socioemocional son evidentes en los niños pequeños: pocas veces o nunca inician la interacción social y no comparten emociones ni reconocen las emociones en los otros.

Otro de los criterios diagnósticos relevantes son los patrones restrictivos y repetitivos de comportamiento, intereses o actividades. Por ejemplo, los movimientos estereotipados, tienen una gran insistencia por la monotonía y la rutina, provocándoles angustia y ansiedad todo aquello que les descoloca su día.

Si ya en una persona “sana” sin ninguna discapacidad, la incertidumbre, el no saber qué es lo que va a pasar después, les produce cierto nerviosismo e  inquietud. ¿Nos imaginamos cómo puede sentirse una persona en la que su día a día tiene que estar totalmente planificado? Esto es lo que les pasa a las personan que sufren TEA, son inflexibles, dejándose llevar por la rigidez absoluta, por lo tanto es importante adelantarles cualquier cambio que vaya a suceder.

¿En qué ayudarles?

Los niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA) necesitan ayuda en su regulación emocional, ya que muchas de la conductas disruptivas tienen su origen en un estado caracterizado por la falta de regulación emocional, por ello es fundamental enseñarles estrategias de:

  • Control y manejo de los impulsos y las emociones.
  • Resolución de conflictos.
  • Flexibilización cognitiva y conductual.

“Es una falta de respeto reducir el discurso sobre el autismo a nivel de la conducta, sin tener en cuenta los desafíos que enfrenta la persona con autismo para estar bien regulada emocionalmente”.

-Ros Blackburn-

Para poder trabajar los tres puntos anteriores tenemos que tener en cuenta que hay que asegurar entornos sin sobrecarga estimular y usar diferentes recursos y rutinas, hay que ajustar el nivel de exigencia según el niño y el nivel de cansancio o de competencias personales y por supuesto evitar el afrontamiento de sucesivas situaciones frustrantes. Por ello mismo, en la medida en la que estemos respetando su forma de ser, estaremos creando condiciones adecuadas para prevenir estados caracterizados por una falta de regulación emocional.

¿Cómo ayudar a los niños con TEA?

Con los planificadores visuales, es decir, con pictogramas, imágenes que poco a poco ellos van a ir adquiriendo y dependiendo del nivel de abstracción del niño podremos usar unos u otros. Del mismo modo, los pictogramas pueden ir desde una imagen del desayuno, para que él sepa que es el momento de desayunar, hasta una imagen de juguetes, para que sepa que es el momento del juego.

De esta forma nosotros le colocaremos los distintos pictogramas según la secuencia del día, así el niño o la niña va a ir sabiendo lo que va a venir después reduciendo de esta forma su incertidumbre y su ansiedad. Lógicamente los planificadores visuales no van a reducir todos los problemas, pero por lo menos ya estaremos intentando que estas personas con TEA, tengan menos niveles de ansiedad y frustración.

Niño con trastorno del espectro autista mirando por la ventana

No nos olvidemos que los niños con TEA son literales, es decir, no van a entender el sentido figurado de la frase, ni lo abstracto, por ejemplo si alguien dice ¡Me partí de la risa!, el niño con TEA literalmente va a pensar que la persona se rompió en pedazos cuando se reía. Por ello es fundamental que les demos mensajes claros, concretos y concisos.

Otro aspecto a destacar es que pueden ser híper o hiporreactivos a los estímulos sensoriales, ya sean estímulos visuales, auditivos, olfatorios o táctiles. Por ello se puede modificar lo que les rodea para que tengan un espacio más adecuado a sus necesidades.

De la misma forma se puede usar esa sensibilidad especial (cuando es positiva para él) para favorecer su adquisición del conocimiento y favorecer su desarrollo. Por ejemplo, un niño que sienta gran interés por las luces, podremos evaluar dinámicas y juegos en los que a través de la luz sea capaz de prestarnos más atención y enseñarles actividades.

“Antes de empezar a enseñarles habilidades cognitivas al niño, tenemos que hacer que el entorno sea soportable. Ningún niño puede aprender si está constantemente al límite”. -J.Greene-.

Un camino largo, pero …¡No te detengas!

Para acabar y a modo de reflexión decir que el Trastorno del Espectro Autista va a acompañar siempre a la persona que lo padezca. Por ello y por ellos, por ti, te animo a que no mires la parte negativa de las dificultades; fíjate en todos los aspectos que podemos trabajar para favorecer el día a día de estas personas, así como el día a día de sus familias.

Cada pequeña aportación y cada pequeño detalle es un paso en el camino. Sigue caminando, aprender a vivir y a convivir con una enfermedad es una batalla, pero con ayuda y energía es una batalla ganada. Os dejamos con el precioso documental de “María y yo”. Un canto a la belleza, a los retos y a la magia que encierran estos niños. Más complicada de apreciar, quizás; pero preciosa también.