Adicción al running: cuando correr más nunca es suficiente

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 27 marzo, 2018
Laura Reguera · 27 marzo, 2018

Cuando comenzamos a hacer ejercicio, suele llevarnos tiempo y esfuerzo acostumbrarnos. Se requieren grandes dosis de autocontrol y mucha fuerza de voluntad para que el deporte forme parte de nuestra rutina. Ahora bien, una vez instalado el hábito y casi sin darnos cuenta, puede llegar a convertirse en una actividad indispensable en nuestras vidas.

Hacer deporte nos reporta numerosos beneficios, desde una mejor forma física y un mejor aspecto hasta un aumento de las emociones positivas. Pero, ¿puede volverse perjudicial? Por supuesto que sí. De hecho, si el deporte pasa a ser el centro de nuestras vidas puede convertirse en una obsesión. Nunca será suficiente para saciarnos y siempre querremos más. Un ejemplo de ello es la adicción al running.

“Poner kilómetros en tu entrenamiento diario es como poner dinero en el banco. Comienzas a ver intereses de manera inmediata”.

-Hal Higdon-

Los beneficios de correr

Realizar deporte contribuye a un mejor estado de salud global. Por un lado, nos ayuda a prevenir problemas cardiovasculares y otras enfermades crónicas, así como a reducir el riesgo de sufrir una muerte prematura. Por otro, mejora nuestro estado de ánimo y fomenta las emociones positivas. Además, también influye en la calidad de nuestro sueño. Pero, ¿cuáles son los beneficios del running en particular?

“Correr largo y duro es un antidepresivo ideal, ya que es difícil correr y sentir lástima por ti mismo al mismo tiempo”.

-Monte Davis-

Hombre corriendo

La euforia del corredor o el high runner es un fenómeno que se ha estudiado mucho. Se trata de una recompensa neurobiológica que aparece tras correr largas distancias. Sus consecuencias son claras: mejora el estado de ánimo, produciendo una sensación de bienestar y conlleva una disminución de la sensación de dolor.

¿Qué tiene correr para que pueda aparecer la adicción al running?

Ahora bien, ¿qué tiene el running para hacer que una conducta a priori beneficiosa se vuelva adictiva y, por lo tanto, perjudicial? La realidad es que correr conlleva una serie de factores fisiológicos, psicológicos y socioculturales que contribuyen a que esto pueda pasar.

A nivel fisiológico, cuando corremos se activa el sistema opioide endógeno del cerebro. En él actúan sustancias opiáceas generadas por nuestro organismo que contribuyen a que tenga lugar un efecto de analgesia y de aumento del bienestar emocional.

“Todo el que ha corrido sabe que su valor más importante es que elimina tensión y que permite liberarse de cualquier otra cosa preocupante que pueda traer el día”.

-Jimmy Carter-

A nivel psicológico, los factores que influyen en este proceso tienen su punto de partida en esa mejora del estado de ánimo que hemos comentado. Practicar running de forma regular conlleva un aumento de la autoestima, la autoconfianza y el fortalecimiento de las relaciones sociales.

Por último, los factores socioculturales ligados a la búsqueda de una imagen corporal ajustada a los cánones actuales, que se puede conseguir mediante esta práctica deportiva, también juegan su papel. En conclusión, el peligro se encuentra en que correr se vuelve la herramienta para conseguir un gran número de beneficios personales.

¿Cuándo aparece la adicción al running?

En un principio, el hábito de correr no tiene por qué ser malo. De hecho, si se consigue una práctica regular y equilibrada, podemos beneficiarnos de las consecuencias positivas del running sin que nos perjudique en nuestro día a día.

La adicción al running se produce cuando se traspasa la línea de practicar este deporte por placer, y se convierte en una obligación, en una obsesión que rige nuestra rutina. Así, perdemos nuestra capacidad de control sobre esta conducta y aumentamos las posibilidades de sufrir lesiones y malestar.

Hombre haciendo running

Pero no solo eso, cuando estamos ante una adicción, nuestra conducta en general se ve alterada por llevar a cabo el ejercicio. Así, nos volvemos más ansiosos e irascibles y el resto de ámbitos de nuestra vida quedan relegados a un segundo plano. Nuestra vida social, familiar y laboral se ve perjudicada porque nuestra meta principal es correr, sin importar si dejamos de lado otras cosas que antes eran importantes para nosotros.

Imágenes cortesía de Seth Macey, Steven Lelham y Emma Simpson.