Agua para elefantes

31 agosto, 2014
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
Agua para elefantes es una película en la que sumergirnos bajo la carpa de un circo para descubrir a un grupo de personajes fascinantes. Destaca Rosie, una elefanta muy especial que necesita los cuidados de un joven veterinario.

Agua para elefantes se concibió desde un punto de vista cinematográfico con un objetivo: ser el último éxito en el género romántico. Los productores buscaban seguir la estela del El diario de Noah, de John Cassavetes o Las normas de la casa de la sidra de Lasse Hallström. No lo logró, sin duda, pero ello no resta mérito a una historia de por sí interesante que parte de la solvencia de la buena novela en que se basó.

En esta película nos encontramos a Robert Pattinson como principal reclamo. Emergiendo en ese momento de su éxito en la saga Crepúsculo, encarnó de manera adecuada a Jacob, un joven que estudia para ser veterinario en la Universidad de Cornell durante la Gran Depresión. Tras una triste noticia, su vida hace un cambio de 180º. 

Sin dinero, sin familia ni perspectivas, da paso a una nueva etapa en su existencia, al introducirse en el tren de un circo ambulante. Casi sin saber cómo, Jacob se convierte en alguien imprescindible para una criatura muy especial: una elefanta llamada Rosie.  Ese animal inmenso, bello y sensible, viene a simbolizar a su vez, el alma colectiva y maltratada de la compañía de la que está formando parte.

«La vida es el mayor espectáculo del mundo»

Agua para elefantes

Agua para elefantes, una historia narrada desde el recuerdo

Nuestro personaje principal, Jacob tiene la vida resuelta o eso piensa él, cuando de pronto todo lo que le sustentaba se desmorona y tiene que empezar de nuevo. Para ello coge un tren, un tren de los muchos que pasan en nuestra vida. Esos que para alcanzarlos, requiere sin duda del impulso de la resolución y la valentía.

En ese tren y en ese viaje aprende lo que es el amor, lo que es la locura, lo que es la ira y también el miedo. Es un salto sin paracaídas a un mundo del que no conoce nada, pero al que parece estar destinado y al que amará. Porque en ocasiones, el destino nos empuja desde la adversidad, para conducirnos después por un camino donde poco a poco se va conformando la que será nuestra auténtica vida. Esa que merece ser vivida con pasión e intensidad.

Raíles

Agua para elefantes está narrada desde el recuerdo, desde el prisma donde uno está orgulloso de lo que ha vivido, porque no hay mejor aprendizaje que echar la mirada atrás para entender que todo lo experimentado, ha merecido la pena. Es el agua, o mejor dicho saber qué agua necesita una elefanta, es la que termina salvando su destino; el mismo destino que fue puesto en jaque cuando al principio de la película su mundo se cae en mil pedazos.

«Al verla en la pista no me pareció real, era tal su figura en aquella gran carpa, bajo aquellos focos, tanto brillo me ciega»

Agua para elefantes

Esta película, dirigida por Francis Lawrence en el 2011, tiene momentos maravillosos y espectaculares. Destaca, por ejemplo, el papel de Christoph Waltz como August, dueño del circo y el marido celoso de Marlena. Así, una de las lecciones con las que nos podemos quedar es aquella donde entender, que la paciencia y el esfuerzo que le dediquemos a las personas que nos rodean, nos dará siempre lo mejor de ellos. 

Una película repleta de momentos duros

Agua para elefantes es una película que nos ofrece lo que promete desde el principio, sin engaños. Nos lleva a la Gran Depresión con toda su crudeza. No esconde la necesidad, a pesar de que por momentos el encasillamiento de los personajes impide que nos identifiquemos con ellos. Quizá este sea su punto más débil, no hay debilidad en las almas que nos muestra y la historia no deja ni por un instante de ser un cuento. Precioso, pero un cuento.

En cuanto a los personajes, destacar el esfuerzo que han hecho los guionistas para dar coherencia al malvado director de circo (Christoph Watz). Sus circunstancias hacen que entendamos su comportamiento, que nos creamos su maldad porque tiene su sentido y su razón, aunque evidentemente, no la compartamos. 

Cabe destacar además, el apartado técnico, ahí donde lo mejor es la fotografía, sencillamente genial. Un tapete sobre el que prácticamente cualquier cosa queda bien. Es fundamental en la película, ya que realmente consigue introducirnos en un circo de verdad, con las necesidades y las inquietudes de la época.

Asimismo, nos adentramos en una época en la que el circo era de adultos y no de niños, un tiempo en que las personas mayores buscaban la fascinación y el resquicio hacia la esperanza debajo de una carpa. Aunque sólo sea por ese aire de nostalgia, de nuestros antepasados o de cuando fuimos niños, la película merece nuestro interés y nuestra atención.

No obstante, si nos quedamos con ganas de profundizar un poco más en esta historia deliciosa, siempre podemos sumergirnos en la historia original. La novela escrita por Sara Gruen en el 2005 es una delicia, una fábula sobre una época de la cultura americana que siempre merece la pena descubrir. 

«Yo no sé si escogí el circo o el circo me escogió a mí»

-Agua para elefantes-