Al verdadero amor no se le conoce por lo que exige, sino por lo que ofrece

Raquel Aldana · 21 agosto, 2015

El amor no es control ni exigencia, es libertad y confianza. Sin embargo, la esclavitud emocional es mucho más común de lo que nos gustaría reconocer. De todas formas, la teoría sí que nos la sabemos, pero fallamos en la práctica. O sea, ¿quién se atreve a decirle a su pareja que no la necesita para vivir, sino que la prefiere? Prácticamente nadie.

De hecho, esto ocurre porque no somos realmente conscientes de lo que significa decirle a alguien no puedo vivir sin ti. En cuanto pronunciamos esas palabras y otras expresiones similares estamos sometiendo a nuestra pareja.

No cabe duda de que es un sometimiento muy sutil, pues realmente nuestra intención no es responsabilizar a nuestro amor de nuestra felicidad o de nuestra vida. Sin embargo, con esas expectativas estamos desequilibrando la balanza del amor.

“Durante toda mi vida he entendido el amor como una especie de esclavitud consentida.
Pero esto no es así: la libertad sólo existe cuando existe el amor. Quien se entrega totalmente, quien se siente libre, ama al máximo.

Y quien ama al máximo, se siente libre. Pero en el amor, cada uno de nosotros es responsable por lo que siente, y no puede culpar al otro por eso.

Nadie pierde a nadie porque nadie posee a nadie.

Y esta es la verdadera experiencia de la libertad: Tener lo más importante del mundo sin poseerlo”.

-En Once Minutos, de Paulo Coelho-

Pareja bailando al aire libre sintiendo su amor

A veces no nos enamoramos, nos esclavizamos

La verdad es que el amor y la dependencia están tan reñidos que si coexisten, se destruyen. Es decir, que si el amor se convierte en una prisión emocional, aunque la relación de pareja permanezca, el amor se oscurecerá y se someterá a la dependencia.

Sin embargo, tardamos tanto en darnos cuenta de que hemos cimentado mal nuestra relación que acabamos exigiéndole al destino que algo cambie para poder ser felices.

Tenemos la mentalidad de que el amor tiene que ser un cuento de hadas, de príncipes y de princesas, en el que todo acaba bien. Sin embargo, eso de “ser felices y comer perdices” solo acaba bien si los actores interpretan bien su papel.

En este sentido, sentimos como correcto eso de conformarnos con la seguridad que nos ofrece tener alguien a nuestro lado. Sin embargo, los únicos que podemos lograr la felicidad y la estabilidad en nuestra vida somos nosotros mismos.

Pareja con los ojos vendados

Seamos frutas enteras, no medias naranjas

“Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja y la vida solo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en la vida merece llevar a sus espaldas la responsabilidad de completar lo que nos falta…” 

-John Lennon-

O sea, el amor lo cuidamos cuando ni explícita ni implícitamente exigimos a los demás que nos quieran o que hagan algo por nosotros. Lo verdaderamente saludable es el ofrecimiento e intercambio de cariño y de cuidado. Es decir, de un reparto que se da por ambas partes.

El amor durará tanto como lo cuides y lo cuidarás tanto como lo quieras. Por eso es tan importante analizar qué es lo que esperamos de nosotros mismos y de nuestra relación; de esta forma lograremos ser más justo y equilibrar la balanza.

Quererse a uno mismo no es un privilegio que esté reservado a unos pocos, sino un trofeo que siempre estará a nuestro alcance. Podemos amar e incluso adorar a nuestra pareja, pero siempre de una forma que nos permita seguir creciendo y cuidar nuestra autoestima, además de madurar como pareja y avanzar como personas.

Tener esto claro significa respetarse plenamente y garantizar que la relación va a funcionar y no va a haber un sometimiento mutuo. Si tenemos este presente evitaremos este tipo de sometimientos, pues en el amor no todo está permitido, y mucho menos las exigencias.