Alice Herz-Sommer, biografía de una artista superviviente

Edith Sánchez · 5 septiembre, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 5 septiembre, 2019
La vida de Alice Herz-Sommer prueba dos grandes verdades. La primera, que si alguien tiene una infancia relativamente feliz, difícilmente va a ser abatido por la vida. La segunda, que sin importar las dificultades, lo que marca cualquier situación es la actitud con la que se le asuma.

Hoy os traemos un recorrido por la vida de Alice Herz-Sommer, una superviviente, una mujer que desafió a la muerte y logró vivir hasta la impresionante edad de 110 años.

¿Por qué decimos que es una superviviente? Porque estuvo condenada a muerte cuando era muy joven: era judía y fue llevada a un campo de concentración. Por esta misma razón, estaba condenada a ser una víctima eterna. Sin embargo y contra todo pronóstico, se hizo con el sobrenombre de «la mujer más optimista del mundo».

En alguna de las muchas entrevistas que concedió, Alice Herz-Sommer contó que tenía una hermana gemela con quien compartía apariencia, padres y genes; pero cuya actitud era radicalmente opuesta. Alice decía que había nacido para ser optimista y siempre se las arreglaba para ver la parte positiva ante cualquier circunstancia, incluso, en las peores condiciones.

“Nunca hablé sobre el pasado porque no quería que mi hijo creciera con odio, porque el odio trae más odio. Y tuve éxito”.

-Alice Herz-Sommer-

Esta mujer fue muy admirada por la vitalidad que conservó hasta los últimos años de su vida. A pesar de su avanzada edad, practicaba el piano, su gran pasión, todos los días. Además, era ya casi centenaria cuando se inscribió en una universidad para la tercera edad, su afán por aprender y superarse no cesó jamás. Por ello, os invitamos a descubrir las claves de esta longevidad y del optimismo con el que siempre se enfrentó a la vida.

Campo de concentración

Alice Herz-Sommer y una infancia feliz

En la historia de las personas que tienen ese alto nivel de resiliencia, casi siempre hay una infancia feliz. Alice Herz-Sommer nació en Praga (Checoslovaquia) el 26 de noviembre de 1903. Provenía de una familia de músicos judíos, en la que el arte y la cultura ocupaban un lugar fundamental.

Por la casa de Alice Herz-Sommer, pasaban los más reputados artistas e intelectuales de la época. Franz Kafka era uno de los asiduos de la casa. De hecho, la hermana de Alice se casó con el mejor amigo del genio literario. También recibían la visita de Gustav Mahler, Rainer Maria Rilke, Stefan Zweig y Thomas Mann. Incluso Sigmund Freud fue uno de los invitados de la familia.

Alice sintió un profundo amor por la música desde temprana edad. Desde los ocho años, se dedicó con amor y disciplina al piano, y siendo apenas una adolescente ya daba conciertos en toda Praga.

La invasión nazi

En 1931, Alice Herz-Sommer conoció a Leopold Sommer, quien también era músico. Se casó con él y se convirtió en el gran amor de su vida. En 1937, nació su único hijo, Raphael. Pero la felicidad no duró para siempre y, en 1939, se produjo la ocupación nazi en Checoslovaquia. La mayoría de los judíos fueron enviados a un gueto. Alice y su familia contaban con el respeto de su entorno y, quizás, por ello se les permitió seguir viviendo en su apartamento.

Sin embargo, las cosas comenzaron a ponerse difíciles. Los propios checos, a medida que avanzaba la guerra, empezaron a discriminar a los judíos. En 1942, llegaron las cartas de deportación para la madre de Alice y los padres de Leopold. Fue un momento dramático.

La propia Alice tuvo que llevar a su madre, de 72 años, hasta el centro deportación. Allí se despidió y la vio irse, sabiendo que marchaba hacia la muerte. Ese momento de impotencia fue para ella el más desolador de su vida. Incluso varias décadas después, Alice seguía recordando con nostalgia, melancolía y tristeza a su madre, especialmente, a trevés de las melodías de Mahler.

Alice Herz Sommer

Una superviviente

No tardó en llegar una nueva orden de deportación al domicilio familiar, en 1943, una nueva orden terminó por romper el núcleo; en esta ocasión, destinada a Alice Herz-Sommer, su esposo y su hijo. Los tres fueron llevados al campo de concentración de Theresienstadt, que se consideraba un “campo para artistas”. En teoría, los recluidos allí iban a ser preservados, aunque posteriormente se probó que era mentira.

En el campo, Alice comenzó a tocar para los nazis, que planeaban sus exterminios mientras cenaban al ritmo de los conciertos que ofrecía esta maravillosa pianista, pero también tocaba para los internos. Dijo que, en total, había hecho 150 presentaciones y que, en muchas de ellas, pudo notar cómo la música nutría las almas atormentadas de quienes estaban recluidos allí.

Su esposo fue trasladado al campo de Auschwitz y, al despedirse, le dijo: “No hagas nada voluntariamente”. Días después, los nazis solicitaron “voluntarias” que quisieran reunirse con sus esposos. Alice recordó las palabras de Leopold y se negó, de esta manera, logró salvar su vida. Solía decir que lo más duro, en todo caso, era haber visto a su hijo padecer hambre y, para compensarlo, ella sonreía siempre.

Alice Herz-Sommer y su hijo fueron algunos de los pocos supervivientes del campo. Una vez finalizada la guerra, se trasladaron a Israel. Alice se propuso no vivir del pasado y criar a su hijo sin odio. Raphael terminó convirtiéndose en un afamado chelista y Alice falleció a la edad de 110 años en la ciudad inglesa de Londres.

Sin duda, su ejemplo resulta fundamental para ver hasta dónde el ser humano es capaz de soportar y cómo nuestra actitud ante la vida puede determinar nuestro futuro.

  • Stoessinger, C. (2012). El mundo de Alice: lecciones de vida de una superviviente del holocausto. Grupo Planeta (GBS).