Altered carbon: la relación entre mente y cuerpo alterada

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 22 septiembre, 2018
Roberto Muelas Lobato · 22 septiembre, 2018

Imagina que estamos en el siglo XXV, la humanidad se ha extendido por toda la galaxia bajo la supervisión de la ONU. Las divisiones de clase, raza y religión aún persisten, pero los avances tecnológicos han redefinido la vida. Ahora, la conciencia se almacena en discos digitales implantados en la base del cerebro que resultan fácilmente descargarles en un nuevo cuerpo, como si de un molde se tratara.

Esta definición pertenece al mundo creado por Richard K. Morgan en la novela de ciencia ficción Altered carbon, la cual ha sido convertida en una serie para la plataforma Netflix. En este mundo ficticio se plantean diferentes dilemas sobre el futuro de la humanidad.

Entre ellos destacamos la relación entre la mente o el alma y el cuerpo. En una sociedad donde nuestra mente puede descargarse en un disco digital, ¿cómo sería la muerte? ¿Es lo mismo estar en un cuerpo o en otro? ¿Qué consecuencias tendría la inmortalidad? Estas son solo algunas de los dilemas que podemos plantearnos al disfrutar del libro o de la serie Altered carbon.

Ciudad de la serie Altered carbon

Las pilas corticales de Altered carbon

En esta distopía, la identidad humana o consciencia se puede descargar en una “pila cortical”. Esta pila o medio digital se inserta en la columna vertebral, entre las cervicales. En ella reposan la memoria y la identidad de las personas y se actualiza de forma automática con nuestro cerebro.

Por otra parte tenemos las “fundas”, que son los cuerpos. Las cuales pueden ser naturales o sintéticas, es decir, creadas. La cuestión es que cuando el cuerpo muere, la pila cortical puede ser almacenada indefinidamente o insertada en otra funda. Cuando son almacenadas, la identidad puede ser cargada en un entorno virtual.

En este escenario, la muerte no se entiende como nosotros la entendemos. Que un cuerpo muera no implica que la identidad muera, por lo que matar a un cuerpo no equivaldría a una muerte ya que puede ser devuelto a la vida en otra funda. La “muerte real” solo ocurre cuando se destruye la pila cortical. ¿Os imagináis que implicaciones tendría esta para quienes creen que las almas van al cielo? ¿Y para quienes creen en la migración de las almas?

Relación entre mente y cuerpo

El filósofo René Descartes planteó un dualismo entre el alma —res cogitans— y el cuerpo —res extensa. Su planteamiento está muy presente en Altered carbon. No obstante, esta distinción no existe en la realidad.

El neurólogo Antonio Damasio nos lo deja claro en su libro El error de Descartes. La mente y el cuerpo son uno. No se puede aprender sin un cuerpo, si consiguiéramos aislar una mente, esta no podría aprender nada porque necesita del cuerpo. Como dice Damasio, “el cuerpo proporciona un contenido que es parte y envoltorio de las actividades de la mente normal”.

Por tanto, quienes vivieran en este mundo ficticio necesitarían de un cuerpo para ser consciente. Sin embargo, estar en un cuerpo u en otro no es lo mismo. Cambiar de cuerpo llevaría a sensaciones muy extrañas.

De igual forma, el autoconceto y la identidad personal cambiarían de forma dramática cuanto más diferente fuera el cuerpo a la anterior funda. Así pues, el aprendizaje también cambiaría, las sensaciones que nos llegaran de los sentidos ya no serían las mismas y, por tanto, nuestra interpretaciones de esas señales tampoco. En fin, un cambio de funda tendría más posibilidades de generar un trauma.

Fundas de la serie Altered carbon

Implicaciones de la inmortalidad

Aquellos que han vivido mucho tiempo, cientos de años, son denominados en la serie como “Mat”. Lo cual es una abreviación de Matusalén, un personaje bíblico del que se dice que vivió nada menos que 969 años. Pero aunque vivir tantos años pueda parecer atractivo, un Mat del libro nos cuenta que “se necesitaba un tipo particular de persona para seguir adelante, para querer seguir adelante, vida tras vida, funda tras funda. Tenías que ser diferente desde el principio, no importaba en qué te convertirías a lo largo de los siglos”.

Como nos dice, no todos valen para ser Mats. Vivir tanto implica ver muchas cosas, tanto buenas como malas. Ver morir a muchos de tus seres queridos, incluyendo tanto hijos como nietos o, incluso, biznietos. ¿Podrías soportar eso? Asimismo, las relaciones con los que han vivido menos tiempo no van a ser lo mismo. “Si usted vive tanto tiempo, empezarán a pasarle cosas”.

Está demasiado impregnado de sí mismo. Al final se cree uno que es Dios. De pronto la gente menor, de treinta o cuarenta años, ya no son nada. Se ha visto nacer y morir muchas civilizaciones, y uno comienza a sentir que eso no va con él, y ya nada le importa realmente. Y tal vez empieza a aplastar a esa gente menor como si fueran flores bajo sus pies”.