Amelia Earhart: biografía de un símbolo

Sonia Budner · 3 marzo, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 3 marzo, 2019
Casi siempre que encontramos el nombre de Amelia Earhart en las noticias es para descubrirnos nuevas pistas sobre el posible paradero de sus restos y de su avión. Pero hoy queremos interesarnos por la vida y no la muerte de esta extraordinaria mujer que abrió las puertas a millones de mujeres.

Mucho se ha escrito sobre Amelia Earhart y su extraña desaparición. Se han gastado multitud de recursos y tinta en intentar dar una explicación acerca de lo que sucedió cuando su avión se perdió en medio de la nada. Cada cierto tiempo, parece que vuelven a encontrase nuevas evidencias que refuerzan algunas teorías por encima de otras.

Pero lo cierto es que lo más interesante de esta figura histórica no fue su muerte ni su desaparición, sino su vida. La vida de Earhart se convirtió en una importante influencia para muchos hombres y mujeres. Amelia Earhart fue una pionera y un símbolo social.

Se trata de uno de esos iconos que, de vez en cuando, nos recuerdan que las barreras psicológicas y las sociales se superan haciendo aquello que nos habían dicho que éramos incapaces de hacer.

Esta joven enfermera se enamoró de la aviación, un campo profesional que, entonces, era exclusivo de los varones. Las mujeres ni siquiera podían soñar con convertirse en pilotos.

Primeros años

Nació en Kansas, Estados Unidos, en julio de 1897. Criada por sus abuelos, la pequeña Amelia mostró desde muy niña una personalidad inquieta. Su infancia estuvo marcada por numerosos traslados de domicilio y un padre alcohólico al que la madre de Amelia terminaría abandonando.

Completó sus estudios en las Universidades de Columbia y Harvard. Pero con el estallido de la Primera Guerra Mundial, ella y su hermana viajarían a Canadá como enfermeras voluntarias en Toronto, atendiendo a pilotos heridos en combate. Parece que fue entonces cuando la idea de convertirse en piloto de aviones comenzó a adentrarse en sus pensamientos.

Poco después de terminar la guerra y tras una visita a un espectáculo aéreo en el que consiguió que la subiesen a un avión para un corto vuelo, Amelia Earhart toma una decisión que lo cambiaría todo: aprender a volar.

Su primer instructor de vuelo fue otra mujer, otra pionera; y en 1923, obtiene su licencia de piloto, convirtiéndose en la decimosexta mujer en conseguirla. Amelia Earhart se convirtió en una de las mujeres que empezaban a romper con los estereotipos más arcaicos de la sociedad de su época.

Amelia con un avión de fondo

Su carrera como piloto

Durante los siguientes años, Amelia Earhart no solo se dedicó a volar, también a promocionar el novedoso mundo de la aviación y la construcción de sus infraestructuras. Los periódicos nacionales empezaban a reconocerla como una de las pilotos más destacadas del país, por encima de muchos hombres.

Fue en 1928 cuando Amelia recibió la oferta de intentar ser la primera mujer, junto con otros dos pilotos, que cruzase el Atlántico, tal y como había hecho Charles Lindbergh anteriormente.

Poco después, la decidida Amelia Earhart despega, junto con otros pilotos, desde Nueva Escocia hacia Europa en el Friendship. Era el 18 de junio de 1928 cuando Amelia y su equipo llegaron al sur de Gales, donde miembros de la prensa la esperaban entusiasmados.

Fue a partir de ese momento cuando empezó a ser conocida como Lady Lindy. Su fama se acrecentó y Amelia escribió libros y ofrecía conferencias animando a más mujeres a convertirse en pilotos.

Consiguió realizar varios vuelos en solitario dentro de Estados Unidos. En 1931, contrajo matrimonio con George Palmer Putman, un afamado explorador y editor. En esta época, participa también en la creación de una de las primeras líneas aéreas.

El vuelo en solitario

La travesía que Amelia Earhart realizó cruzando el atlántico fue, en realidad, pilotada por un equipo del que ella formaba parte. Pero la idea de hacer la travesía por ella misma comenzaba a aflorar entre sus deseos.

El 20 de mayo de 1932, subida en su Lockheed Vega, Amelia cruzó el Atlántico en solitario. Se convirtió así en la primera mujer en realizar ese trayecto y la segunda persona en intentarlo con éxito.

A estas alturas de su vida, Amelia Earhart era ya considerada un ídolo nacional y una pionera del movimiento feminista. En 1937, decide completar una vuelta al mundo por la línea del ecuador.

Cuando el trayecto estaba a punto de finalizar exitosamente, en uno de los últimos tramos, su avión desapareció junto a ella y a su copiloto. Sus restos nunca fueron hallados y así comenzó la trágica leyenda, plagada de especulaciones y misterios.

Amelia earhart en un avión

Las alas de Amelia Earhart

Amelia Earhart fue una mujer que rompió reglas fuertemente establecidas sobre las profesiones que las mujeres y los hombres podían realizar o no. La sociedad había trazado una firme línea que delimitaba qué profesiones eran apropiadas para los varones y cuáles lo eran para las mujeres.

Aunque la historia de su vida está, en muchos casos, bastante idealizada, lo cierto es que tuvo que enfrentarse a los clichés más arraigados de su época.

Además de su entrenamiento como aviadora, tuvo que superar los límites mentales que, para ella misma y para los demás, suponía el hecho convertirse en piloto de aviación. Uno de los muchos estereotipos que la psicología social lleva años estudiando.

El estigma en aviación está todavía bastante generalizado, no solo con los pilotos, sino también con los tripulantes de cabina. Hasta no hace mucho tiempo, la palabra «azafato» no se reconocía y solo se permitía el término para designar a las tripulantes femeninas. Durante buena parte de la historia de la aviación, el límite estaba más que fijado: los hombres podían pilotar y las mujeres eran las azafatas.

Sin ir más lejos, en el año 2016, un vuelo comercial que realizaba la travesía Miami – Buenos Aires y pilotado por mujeres, protagonizó un incidente que tuvo eco en la prensa. Un grupo de pasajeros demoraron el vuelo durante más de hora y media porque decían no querer ser transportados por mujeres sin supervisión masculina.

Hace ya un siglo que las mujeres pilotan aviones comerciales y militares, la primera licencia de piloto a una mujer fue concedida el día 8 de marzo de 1910.

Igual que en muchas otras profesiones, el camino no ha sido fácil, los estereotipos estaban ahí, pero lo hicimos. Quizás, incidentes como el protagonizado por los pasajeros que se negaban a volar sin pilotos masculinos al mando fue solo una cuestión de ignorancia.

Parece que las mujeres nos veamos en la obligación de recodar una y otra vez las hazañas y los logros de nuestras predecesoras para que, tal vez, solo tal vez, y a base de conocer sus historias y datarlas en el tiempo, esta sociedad nuestra llegue, en algún momento, a dejar de cuestionar el talento o la profesionalidad en relación al género de las personas.