Amnesia anterógrada: la incapacidad para aprender

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 6 agosto, 2017
Francisco Pérez · 6 agosto, 2017

Recordar un número de teléfono cuando no tenemos la agenda a mano, reconocer a un conocido en la calle e identificarle por su nombre, recordar dónde fuimos de vacaciones el último verano… Todas ellas son funciones normalmente atribuidas a un proceso psicológico básico muy importante: la memoria. Ahora bien, cuando la capacidad de recordar cosas del pasado está dañada o no somos capaces de aprender algo nuevo puede que nuestra memoria esté dañada y seamos víctimas de la amnesia anterógrada. Profundicemos.

En la actualidad, también se considera importante el papel de la memoria por el tiempo de ahorro que supone un buen funcionamiento de la misma. Así, las personas con “una buena memoria” son capaces de resolver un problema de manera más rápida si ya lo han resuelto antes, habiendo practicado ya el procedimiento necesario para alcanzar la solución.

Lo mismo cabe decir del recuerdo de habilidades como nadar, escribir con soltura en un teclado o montar en bicicleta. Son habilidades que una vez aprendidas no se olvidan aunque dejen de practicarse durante largos períodos de tiempo. Quizás se “oxiden” por la falta de practica, pero en un periodo corto se podrá recuperar el nivel de desempeño anterior.

Vista desde este ángulo, la memoria humana parece responsable del funcionamiento en tareas muy dispares. Sin embargo, este funcionamiento no siempre se lleva a cabo de manera satisfactoria. Algunos fracasos, como no recordar dónde dejamos las llaves de casa, no nos parecen muy graves. En otras ocasiones el fracaso puede parecernos preocupante, como cuando no conseguimos recordar con quién hemos hablado hace un rato.

Hombre recordando el mar

¿Qué entendemos por memoria?

La memoria es la capacidad con la que contamos para aprender, organizar y fijar eventos de nuestro pasado y se encuentra íntimamente ligada a otro proceso psicológico básico: la atención. Mediante la memoria somos capaces de guardar datos a través de mecanismos ultra complejos que se desarrollan en tres etapas: codificación, almacenamiento y evocación. La presencia de la amnesia impide que esta capacidad se desarrolle adecuadamente.

Podemos definir la memoria como el proceso psicológico que sirve para codificar la información, almacenarla en nuestro cerebro y recuperarla cuando la persona lo necesita. Lo importante es que esa información adquirida a través del aprendizaje puede ser recuperada cuando hace falta, en ocasiones con una gran rapidez y precisión y en otras con gran dificultad.

Los estudios realizados en el ámbito de la psicología cognitiva de la memoria y la neurociencia cognitiva de la memoria indican que existen diferentes sistemas de memoria en el cerebro humano: cada uno con sus características, sus funciones y propios procesos.

La memoria es el proceso psicológico que sirve para codificar la información, almacenarla en nuestro cerebro y recuperarla cuando la persona lo necesita.

La incapacidad de acceder a los recuerdos o de aprender algo nuevo

La amnesia se identifica como síntoma cuando se comprueba que alguien ha perdido o tiene dificultades con la memoria. La persona aquejada de este síntoma no es capaz de almacenar o de recuperar información previamente registrada, ya sea por motivos orgánicos o funcionales.

La amnesia orgánica está relacionada con algún tipo de lesión en un área cerebral, que puede ser causada por enfermedades, traumas o por el abuso de ciertas drogas. La amnesia funcional, en cambio, aparece por factores psicológicos, como un mecanismo de defensa (por ejemplo, la amnesia histérica post-traumática).

También existen casos de amnesia espontánea, como la amnesia transitoria global (TGA según sus siglas en inglés). Este trastorno es más frecuente en los varones de avanzada edad y suele durar menos de veinte horas.

Otro tipo clasificación es aquella que divide a la amnesia en dos en función de los recuerdos que la persona no pueda recuperar o formar. Así, hablamos de que una persona tiene amnesia anterógrada cuando la persona es incapaz de formar nuevos recuerdos; por otro lado, hablamos de que una persona tiene amnesia retrógrada cuando la persona no puede recuperar los recuerdos a los que antes sñi podía acceder.

La persona con amnesia anterógrada puede recordar hechos ocurridos en su juventud o en su infancia pero es incapaz de aprender y recordar hechos producidos a partir del momento en que ocurrió la lesión que le produjo la amnesia.

El síndrome de Korsakoff

De las amnesias orgánicas, el síndrome de Korsakoff es uno de los marcos clínicos en los que más se ha encontrado; de hecho forma parte de sus criterios diagnósticos y es uno de sus síntomas más evidentes e incapacitantes. Se llama así porque Korsakoff fue el primero en describir este síndrome.

El síndrome de Korsakoff se caracteriza por una fase aguda de confusión mental y desorientación espacio-temporal. En las etapas crónicas, el estado confusional sigue existiendo. Frecuentemente, el comienzo de este síndrome es la continuación de un episodio agudo de la enfermedad de Wernicke (encefalopatía).

La sintomatología principal de la etapa de Wernicke consiste en la presencia de ataxia (falta de movimientos coordinados), oftalmoplejía (parálisis de los músculos oculares), nistagmus (movimientos de las pupilas incontrolados) y polineuropatía (dolor y debilidad en distintos miembros).

Las personas con síndrome de Wernicke-Korsakoff también sufren de una desorientación en tiempo, lugar y persona, incapacidad para recordar a familiares, apatía, problemas de atención e incapacidad para mantener una conversación coherente.

Perfil de una cabeza

Amnesia retrógrada: el olvido del pasado

Una conmoción cerebral fuerte, como consecuencia de una caída, un accidente o de la aplicación de choques eléctricos como método terapéutico en pacientes depresivos, a menudo produce amnesia retrógrada. En muchas ocasiones, la amnesia parece afectar únicamente a los minutos anteriores a la conmoción. Si esta es muy fuerte, la pérdida puede afectar a los recuerdos recuerdos formados en los meses o, incluso, años previos al momento de la conmoción.

La amnesia retrógrada se define así como una incapacidad para recordar el pasado. En muchos casos este tipo de amnesia suele desaparecer, de manera que la persona vuelve a recuperar parte de su memoria de manera gradual. En los mejores casos la recuperación que se produce es completa.

Amnesia anterógrada. Viviendo sin futuro

Existen casos en los que una lesión cerebral produce un déficit global y permanente de memoria sin que haya otros deterioros intelectuales. A esto lo denominamos “síndrome amnésico”. La persona con amnésico “puro” mantiene intacta su capacidad intelectual, no tiene problemas de lenguaje, no muestra deterioros perceptivos ni de atención y conserva las destrezas adquiridas antes de la lesión.

Sin embargo, el amnésico se caracteriza por una gran dificultad para retener información nueva (amnesia anterógrada). Estas personas son capaces de mantener una conversación. Su memoria operativa funciona con normalidad, aunque unos minutos después no sean capaces de recordar el episodio.

La persona con este tipo de amnesia no puede aprender cosas nuevas (o tiene mucha dificultad para hacerlo) y, en ocasiones, tampoco puede recordar información anterior. Es algo así como vivir perpetuamente en el presente. El pasado no existe y el futuro difícilmente se puede imaginar sin un pasado. Del amnésico se dice que “vive continuamente en el presente”, que no puede hacer planes para el futuro (los olvida).

No obstante, la persona con amnesia anterógrada es capaz de aprender nuevas habilidades, aunque su aprendizaje es más lento que el del resto de las personas.

Áreas cerebrales involucradas

Determinar qué regiones del cerebro participan en el desarrollo de amnesia anterógrada constituye uno de los principales desafíos para la ciencia actual. De forma general, se sustenta que el daño cerebral que ocasiona amnesia anterógrada se localiza en el hipocampo y las áreas del lóbulo temporal medial.

Estas regiones cerebrales actúan como un pasaje donde se almacenan los hechos de forma provisional hasta que pasan a almacenarse de forma más permanente en el lóbulo frontal. Así pues, el hipocampo se interpreta como un almacén de memoria a corto plazo. Si esta región no permite guardar la información correctamente, será imposible que esta pase al lóbulo frontal, por lo que no se podrán establecer recuerdos a largo plazo. En caso de que la amnesia no sea total, los recuerdos carecerán de muy pocos detalles reales.

No obstante, a pesar de que el hipocampo parece ser la región más importante de la amnesia anterógrada, estudios recientes han postulado la participación de otras estructuras cerebrales. Concretamente, se postula que daños en el cerebro basal anterior también podrían dañar el proceso. Estas regiones se encargan de producir la acetilcolina, una sustancia muy importante para el funcionamiento de la memoria, ya que inicia y modula los procesos formación de recuerdos.

La forma más común de daño en el cerebro basal anterior son las aneurismas, una patología que se ha asociado con la amnesia anterógrada. Finalmente, la relación entre alteraciones mnésicas y síndrome de korsakoff ha postulado que una tercera región también podría estar involucrada en el desarrollo de amnesia anterógrada.

Esta última estructura es el diencéfalo, una región que queda altamente dañada con el síndrome de korsakoff. La gran asociación que existe entre la amnesia anterógrada y síndrome de korsakoff hace que hoy en día se estudie la participación del diencéfalo en los procesos mnesicos.

Hipocampo señalado en el cerebro

La sensación de vivir fuera del tiempo presente

Las pruebas más claras de amnesia anterógrada provienen del bajo rendimiento de los amnésicos en las pruebas tradicionales de recuerdo y reconocimiento. En efecto, unos minutos después de haberle presentado una lista de 15 o 20 palabras, el amnésico es incapaz de recordar más allá de unas pocas.

Además, el deterioro es más evidente para las palabras del principio o del centro de la lista, mientras que las últimas son mejor recordadas y en ellas su rendimiento puede ser semejante al normal. Ocurre lo mismo cuando se trata de una conversación, una película o un programa de televisión. Los acontecimientos cotidianos son un problema: olvidan dónde han dejado las cosas, lo que han hecho y a quién han visto.

Debido a esto, pueden tener problemas de convivencia, pues les resulta difícil mantener una conversación o recordar de qué han hablado con alguien en ocasiones anteriores. Además, dan la sensación de vivir fuera del tiempo presente.

Para los amnésicos, los acontecimientos cotidianos son un problema: olvidan dónde han dejado las cosas, lo que han hecho y a quién han visto.

Hablan de sucesos y personas del pasado como si fueran de ahora mismo. No pueden hacer planes para el futuro, ni siquiera saben qué van a hacer mañana. Quizá por ello les falte ese calor o intimidad personal que normalmente ponemos en nuestras referencias al pasado y en nuestras esperanzas sobre el futuro.

Al mismo tiempo, resulta obvio que sus problemas de memoria pueden causarles serios trastornos en la vida diaria. Dentro de casa pueden requerir cuidados o supervisión constante, ya que no son capaces de recordar tomar una medicación a las horas prescritas, no pueden aprender a realizar tareas que incluyan muchos pasos sucesivos, etc.

Sin embargo, las personas con amnesia anterógrada sí pueden hacer otras cosas. Algunos han aprendido a realizar recorridos cortos, por ejempolo, de casa a tiendas cercanas. Muchos de sus conocimientos parecen no haberse perdido, igual que ocurre con la amnesia retrógrada.

Hombre con problemas de amnesia anterógrada

¿Pueden aprender los amnésicos nuevos conocimientos generales?

Gabrieli, Cohen y Corkin (1983) intentaron averiguarlo con el paciente H.M., pidiéndole que definiera palabras y frases hechas que habían entrado en uso cuando él ya era amnésico. Su éxito fue escaso, aunque sabía lo que era “rock and roll”. También se intentó que aprendiera el significado de palabras no familiares. A pesar de un entrenamiento bastante largo, apenas fue capaz de emparejar correctamente las palabras con sus definiciones.

Existen otros casos. Un niño de 10 años con una amnesia anterógrada severa, debido a anoxia (falta de oxígeno), no consiguió mejorar su nivel de lectura después del episodio y lo hacía bastante mal en diversas pruebas de memoria semántica. En contraste, fue capaz de aprender a usar juegos de ordenador con la misma facilidad que sus compañeros (Wood, Ebert y Kinsbourne, 1982).

¿Cómo se puede explicar la amnesia?

Algunas explicaciones teóricas han buscado la clave en la existencia de más de un sistema de memoria. Mientras que uno se conserva intacto en la amnesia y es el responsable del funcionamiento normal en ciertas pruebas, otro u otros sistemas están deteriorados. Por eso el rendimiento en las diferentes pruebas varían si lo comparamos con el rendimiento de la población no amnésica.

La distinción entre memoria episódica y memoria semántica (Tulving, 1972) ha servido a algunos autores para mantener que en el síndorme amnésico la memoria semántica funciona con normalidad. Ello explicaría la conservación de las funciones lingüísticas. El deterioro de la memoria episódica daría lugar a los fracasos del recuerdo y reconocimiento; un fracaso propio de estas personas.

El amnésico mantiene intactas las funciones del lenguaje y muestra un buen rendimiento en pruebas con palabras que requieren conocimientos adquiridos tiempo atrás. En este sentido, todos los conceptos y reglas que se precisan para resolver esas pruebas con éxito son adquiridas de forma muy temprana en la vida de cualquiera.

Dejando de lado las teorías acerca de cómo se adquiere la amnesia, lo importante es quedarnos con la idea de que la amnesia anterógrada es un déficit selectivo de la memoria que ocurre como consecuencia de un daño cerebral; la consecuencia es que la persona presenta dificultades importantes para almacenar nueva información. Las personas que padecen esta alteración son incapaces de recordar aspectos nuevos y presentan muchas dificultades de aprendizaje.

En cambio, la amnesia anterógrada no afecta al recuerdo de información pasada. De este modo, toda la información almacenada de forma previa a la aparición de la alteración quedan preservada y la persona es capaz de recordarla sin problema. Por otro lado, hay que tener en cuenta que las características de la amnesia anterógrada pueden variar en cada caso.

Bibliografía:

Belloch, A., Sandín, B. y Ramos, F. (Eds.) (1995). Manual de Psicopatología (2 vols.). Madrid: McGraw Hill.

Freedman, A.M., Kaplan, H.I. y Sadock, B.J. (Eds.) (1983). Tratado de Psiquiatría. (2 vols.). Barcelona: Salvat. (Orig.: 1980).