Tomar conciencia de los déficits tras el daño cerebral: el primer paso para la recuperación

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 30 julio, 2017
Alicia Garrido Martín · 30 julio, 2017

Cuando hay un daño cerebral, tomar conciencia de los déficits que aparecen es una parte fundamental para la recuperación de estos. Pero antes de profundizar, desarrollaremos un poco esta idea para que quede clara. Con “déficits adquiridos” nos estamos refiriendo a todas aquellas alteraciones motoras, conductuales y cognitivas que han aparecido como consecuencia del daño cerebral.

Son alteraciones que en muchas ocasiones nos impiden adaptarnos a la nueva realidad que nos ha tocado vivir. Se producen cambios abruptos en la forma que teníamos de entender la vida y de vivirla. Cambios, que sin avisar, amenazan con quedarse. Y amenazan acompañados de su sombra, la incertidumbre. Una compañía con la que tantas veces tendremos que convivir…

Hay muchos pacientes, que debido a las secuelas que ha dejado el daño cerebral, son incapaces de reconocer sus dificultades. O las reconocen, porque las ven, las perciben, pero no les afecta realmente. No le dan importancia. Precisamente porque no son conscientes de estos déficits adquiridos.

Tomar conciencia del daño cerebral facilita la adherencia al tratamiento

Pero no es que nieguen estos déficits, es que realmente detrás de esta “actitud” existe un déficit neurológico real que les impide llegar a esta toma de conciencia. Por ejemplo, un paciente que no pueda mover el brazo del lado que está afectado de su cuerpo, realmente podrá creer que alguien no le está dejando moverlo a propósito. Pero que, por supuesto, él sí puede moverlo.

Cerebro de arena

Todo ello, como puedes imaginar, interfiere en la recuperación de la persona. Igual que sucede también las veces en las que no hay daño neurológico… Conseguir que alguien acepte una situación de la que no ha tomado conciencia aún es una tarea ardua. Requiere de mucha paciencia.

Por ello, es fundamental trabajar esta conciencia del déficit en los pacientes, ya que ellos mismos han de convertirse a su vez en su principal apoyo en esta recuperación. La falta de conciencia de la enfermedad también afecta a las personas con enfermedad mental grave, y ello produce que muchas veces dejen de tomar su medicación. Para qué tomar un medicamento si piensas que no estás enfermo: en realidad ellos actúan de manera coherente con lo que piensan o sienten.

La realidad nos ayudará a trazar objetivos que puedan cumplirse

Esto tiene graves repercusiones en su salud, ya que aumenta las posibilidades de recaída. Por tanto, es fundamental que el paciente entienda su enfermedad, que comprenda qué le ha llevado a estar donde está y cuáles son sus limitaciones.

Una vez uno comprende sus limitaciones, puede ponerles remedio desde la realidad. Puede prevenir futuros accidentes, ya que el paciente colaborará más con la terapia. Verá al profesional como alguien que le pretende ayudarle y hacer la vida un poco más sencilla dentro de esta nueva etapa. En definitiva, un aliado y no un enemigo.

En vez de verle como alguien que quiere entorpecer sus deseos (a veces anclados a una falsa realidad que no perciben como tal…) tendrá la sensación de que está de su parte y que su motivación es la de defender sus intereses. Ser consciente de las limitaciones, paradójicamente es un aliado contra la frustración.

Ser consciente de las limitaciones, paradójicamente es un aliado contra la frustración.

Ser conscientes de las limitaciones propias nos aleja de la temeridad

Ya que la idea que los pacientes tienen de su evolución (aunque nunca hay una certidumbre con respecto a esta) estará ajustada a su realidad. Por ello no se frustrarán si ven que no consiguen el objetivo que se habían propuesto. Ya que, esta vez, los objetivos que se propondrán estarán más ajustados a su nueva realidad.

Mujer en silla de ruedas

Pongamos el ejemplo, para terminar, de una persona con un daño cerebral que afecta su forma de procesar la información que le llega del exterior a través de los sentidos. Si esta persona no es consciente de sus limitaciones en su día a día, podría cometer una temeridad. Por ejemplo, conducir. Para conducir, a parte de muchas más aptitudes, uno ha de ser capaz de procesar la información al momento en que sucede y no más tarde.

¿Cómo, si no, conseguiremos pararnos ante un stop, respetar un paso de cebra, o atender a las múltiples señales que aparecen cuando estamos conduciendo? Por tanto, como hemos ido diciendo a lo largo de este artículo, aprender a ser conscientes de nuestras limitaciones nos ayudará a prevenir una frustración innecesaria. Y, a su vez, a centrarnos de manera más realista y menos temeraria en la etapa en la que nos ha tocado vivir.