El amor por los animales: ¿de qué depende y cómo nos afecta?

Amar a los animales nos enriquece, nos nutre y mejora nuestra salud. Sin embargo, no todos sentimos la misma conexión con ellos. ¿Por qué sucede? Lo vemos a continuación.
El amor por los animales: ¿de qué depende y cómo nos afecta?
Elena Sanz

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz el 21 junio, 2021.

Última actualización: 21 junio, 2021

En los últimos tiempos, el amor por los animales se ha incrementado dentro de nuestra sociedad. No solo somos más conscientes de que son seres vivos y sintientes, que merecen respeto y tienen derecho a una vida digna. Además, cada vez son más las personas que establecen vínculos con estas criaturas que con frecuencia pasan a ser un miembro más de la familia. Sin embargo, no todos compartimos este sentimiento en el mismo grado.

Todavía hay quienes no logran sentir esa empatía o cercanía emocional hacia los compañeros del reino animal. Para muchas personas resulta impensable introducir una mascota en casa; y, pese a que nunca les harían daño, simplemente no experimentan esa conexión que para otros resulta tan gratificante y beneficiosa. ¿A qué se deben estas diferencias y cómo nos afectan? Lo exploramos a continuación.

¿De dónde surge el amor por los animales?

Mujer dando un beso a su perro

Características de los animales

Históricamente los seres humanos han convivido con animales de otras especies en el medio natural y han establecido diferentes relaciones. Desde la caza a la domesticación, nuestras interacciones con ellos nos han llevado a empatizar, cohabitar y tener en consideración a estos seres cada vez en mayor grado.

Una investigación, llevada a cabo por la Northeastern University, demostró que incluso somos capaces de experimentar una mayor compasión por los animales que por los miembros de nuestra propia especie. Así, en esta investigación se les mostró a 256 participantes una noticia (falsa) en la que un cachorro, un perro, un bebé humano o un adulto (en función del caso) habían sido agredidos y golpeados.

Al evaluar el nivel de empatía que los voluntarios sintieron por la víctima, el humano adulto fue el peor parado. El bebé, el cachorro y el perro (en este orden) lograron despertar más sentimientos de compasión y aflicción en quienes leyeron el texto. Así, parece que la vulnerabilidad percibida en los animales moviliza nuestros sentimientos en un grado elevado, incluso mayor que si se trata de nuestros congéneres.

Además, ante la falta de razonamiento humano, no existe el juicio, la manipulación o el resentimiento. Así, los animales nos ofrecen su presencia, su amor y su compañía de forma pura y genuina, nos aceptan como somos. Este es uno de los motivos por los que tantas personas adoran a los animales.

Rasgos de personalidad

Por otra parte, las personas que experimentan en mayor medida el amor por los animales suelen compartir una serie de cualidades. Por lo general, se trata de individuos con gran sensibilidad, solidaridad y sentido de justicia; son personas nobles y compasivas.

Por el contrario, quienes no sienten ninguna empatía hacia los animales e incluso llegan a maltratarlos tienen una mayor probabilidad de padecer desórdenes psicológicos y emocionales. Suele tratarse de personas egoístas, narcisistas y déspotas, con una mayor tendencia a mostrarse violentas también con otros seres humanos.

Historia personal y antecedentes

No podemos obviar el hecho de que la crianza tiene una gran influencia en la percepción que cada persona tiene de los animales. Aquellos niños que crecen en compañía de mascotas y en hogares en los que los animales ocupan un lugar importante son más capaces de apreciar sus virtudes, conectar con ellos y beneficiarse de la interacción.

Por otro lado, el temor o el desagrado por los animales también puede adquirirse al crecer con progenitores que sostienen estas actitudes o al experimentar algún evento desagradable con un animal.

Niña abrazando a un gatito

¿Cómo nos afecta el amor por los animales?

Tal como afirmó el escritor francés Anatole France: “hasta que no hayas amado a un animal, parte de tu alma permanecerá dormida”. Y es que el vínculo afectivo que establecemos con estos seres es sumamente enriquecedor y diferente a cualquier otro. Quienes conviven con mascotas o se relacionan con animales obtienen múltiples beneficios. Por ejemplo:

  • Se convierten en personas más compasivas y altruistas.
  • Se reduce la tensión arterial, se nivela el ritmo cardiaco y  el estrés disminuye considerablemente.
  • Cuentan con un mayor nivel de bienestar y satisfacción, mejora el estado de ánimo y se experimentan más emociones positivas.

Sin embargo, el amor por los animales no siempre resulta tan positivo. Algunas personas con dificultades sociales encuentran en ellos el consuelo, la aceptación y la compañía que no logran obtener de otras personas. De este modo, pueden optar por refugiarse en los animales en lugar de trabajar sus limitaciones interpersonales.

Por otro lado, cuando este amor es excesivo puede perjudicar al individuo a nivel personal, laboral, social o económico. Por ejemplo, llevándolo a la acumulación de animales, impidiéndole desempeñarse profesionalmente o consumiendo sus recursos de tiempo o dinero en un grado excesivo.

En definitiva, amar a los animales nos enriquece, nos permite experimentar un vínculo emocional único que beneficia nuestra salud mental y física. Sin embargo, si este interfiere nuestra rutina, es importante que busquemos ayuda.

Del mismo modo, quienes no sienten esta conexión especial con los animales y prefieren no compartir su vida con ellos mantienen una postura que es igual de respetable, siempre que no les hagan ningún año. Cada individuo encuentra el bienestar en su propio camino.

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