Amor ciego: no ver cómo es realmente una persona

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 24 abril, 2018
María Alejandra Castro · 24 abril, 2018

El amor es un sentimiento que todos experimentamos alguna vez. Todos tenemos diferentes formas de amar, porque cada uno se expresa de manera distinta con la persona que ama. Así, hay diferentes formas de amor: amor de pareja, amor de hermano, amor de hijo, amor de padres, por algún familiar, amor de amigos, amor por lo que hacemos… Y cada uno de estos amores puede ser un amor ciego.

Ahora bien, algunas veces podemos llegar a tener un amor sin límites, en el que hacemos de la otra persona un ser sin defectos, al que admiramos profundamente. Nos maravillamos con todo lo que hace, y llega a volverse en alguien imprescindible en nuestras vidas. Entonces, sin esta persona podríamos sentir que no seríamos nadie.

Así, en algunas ocasiones podemos amar tanto a una persona que no somos capaces de ver cómo es realmente. Lo que hacemos es crear una especie de reflejo distorsionado en nuestra mente. Se trata del amor ciego, un amor en el que podemos llegar a idealizar a la persona que amamos y darlo todo por ella, olvidándonos de nosotros. Aquí te contamos cómo puede ser ese amor, nos centraremos en el amor ciego de las relaciones de pareja.

“El amor lo pintan ciego y con alas. Ciego para no ver los obstáculos y con alas para salvarlos”.

-Jacinto Benavente-

Amor ciego: cuando idealizamos a la persona que amamos

A veces no vemos cómo es realmente la persona con la que estamos. Esta ceguera puede ser producto de la idealización: creemos que la persona que amamos es perfecta e incluso podríamos dejar de ver “su lado humano”. Exageramos sus cualidades, dejando de valorar las nuestras, para poder decir que es perfecta. Nos sentimos bien porque estamos ante alguien increíble y muchas veces inalcanzable.

Mujer tapándose cara con manos

Sigmund Freud, propone que la idealización consiste en que sobrestimamos a alguien, bien sea de forma consciente o inconsciente. Además, la idealización es un mecanismo de defensa, es decir, una forma que utilizamos para apaciguar lo que nos aqueja. Entonces le damos mucho valor a la otra persona, para atenuar nuestras angustias.

A través de este mecanismo de defensa cubrimos una parte de nuestras necesidades, dejamos de sentirnos solos o desmotivados porque vemos a la otra persona como un complemento. Y, ese amor llena todo aquello que nos hacía falta. Podemos tener a ese amor de pareja o no, la idealización no tiene que ver con estar físicamente al lado de alguien, sino con cómo sobrevaloramos al enamorado.

Amor ciego, amor a toda costa

La idealización del otro, junto a una minusvaloración de lo propio, hace que muchas personas entreguen demasiado en sus relaciones. Esta entrega sin medida puede terminar agobiando al otro o, cuando hay algún lobo con piel de cordero, facilitando su perverso plan.

Cuando entregamos todo lo que tenemos a los demás, situándonos en el último lugar de la jerarquía, quedamos completamente desprotegidos. Si tenemos buena suerte, no nos pasará nada, pero si nos cruzamos con alguien de intereses poco nobles, lo podemos llegar a pasar muy mal. No nos preocupamos por lo que somos y por lo que queremos ser y hacer, porque vivimos para el otro. Incluso, aunque la persona tenga intereses distintos a los nuestros, dejamos a un lado lo que queremos y hacemos todo lo que la persona diga o quiera.

Cuando te amo más que a mí

Este tipo de amor se podría resumir en la frase: “Para mí eres más importante que yo”. En otras palabras, cuando para nosotros prima la persona amada se produce un desequilibrio. Las características que podrían presentarse como consecuencia de esta situación son las siguientes:

  • Olvidarnos de lo que somos.
  • Permitir que el otro pase por encima nuestro.
  • Hacer que disminuya nuestra autoestima.
  • No saber qué hacer si la otra persona no está.
  • Vivir la vida del otro.

Todo esto puede pasar cuando ponemos al otro por encima de nosotros. Por otro lado, muchas veces este poner por encima no es una decisión consciente, ni siquiera un interés. En muchas ocasiones se trata de que la otra persona no sabe decir que no a las peticiones del otro que no puede asumir. Ya sea porque es muy grande, porque son peticiones muy frecuentes o porque no cuenta con los recursos necesarios como para responder de manera adecuada.

Amor verdadero o dependencia emocional

Estoy enamorado del amor

También puede haber un amor ciego cuando estamos enamorados del amor. ¿Qué significa esto? Cuando tenemos una idea en la cabeza de que el amor es lo más maravilloso que puede existir. Y, queremos tener amor sin importar las respuestas a las preguntas más importantes. ¿Cómo? ¿Con quién? ¿En qué circunstancias?

Cuando nos enamoramos del amor, podría llegar a no importarnos realmente qué persona está a nuestro lado. Da igual, ya cómo sea porque ya nos encargaremos nosotros de generar una imagen superpuesta que encaje con lo que realmente queremos. En otras palabras, buscamos a toda costa una relación porque creemos que esa es la forma de encontrar el amor y tener eso que tanto anhelamos.

Estamos tan ocupados en cumplir nuestras expectativas de lo que soñamos con el amor, que dejamos de conocer al otro. Pasamos a imaginar, y eso que imaginamos nos parece fantástico. El hecho de relacionarnos con esa fantasía muchas veces termina alimentando la propia fantasía. Hasta que llega el punto en el que la burbuja se rompe y abrimos los ojos, entre desconcertados y dolidos.

En este caso no idealizamos a la persona, idealizamos al amor. Tenemos una ilusión grande por hacer cosas de enamorados, hasta el punto de que nuestra autoestima se ve implicada. Así, indirectamente, la búsqueda del amor en estos casos, bajo este paraguas de pensamiento, es una respuesta lógica para conservar o mejorar la imagen que tenemos de nosotros mismos.

Ahora bien, cuando dejamos de ver a la otra persona, podríamos perder la oportunidad de tener una relación auténtica. Entonces, nos concentramos tanto en nuestra idea del amor, que no vemos lo que quiere el otro y no nos dejamos sorprender por cada instante, por vivir el momento presente. Así, exaltamos al enamoramiento, nos olvidamos del otro y de nosotros. Lo que nos importa es cumplir con ese amor mágico, tan confortable como peligroso por carecer de realidad.

Amar sin volverte ciego

Todo el amor no es ciego. Así, algunas ideas para amar sin vendas en los ojos serían:

  • Ten una conexión más profunda contigo. Se trata de que dediques recursos que cuiden tu foco de atención y tu diálogo interno. De este modo no olvidarás que eres importante y único para las personas que te quieren. De este modo, podrás querer realmente a alguien y no a una superficie sobre la que tu imaginación dibuja a capricho.
  • Establece límites. Consiste en tener claro lo que quieres y mostrárselo a tu pareja. Se trata de ser asertivos.
  • Es importante saber que en el otro existen tanto cualidades como defectos. No deshumanices a tu pareja, como todos tiene cosas malas y cosas buenas.
  • No vayas más allá de tus posibilidades. Da lo que puedas sin pasar por encima de ti. Amar a otra persona no significa sacrificarlo todo.
  • Dejar atrás tu vida no debe ser una opción. Es posible amar y no descuidarte.
  • Cultivarte para tener algo que ofrecer al otro. Cuando te amas y te conoces, puede potenciar lo mejor de ti. Así, de manera indirecta, para el otro también podrás ser mejor.

Pareja enamorada mirándose a los ojos

Amar no nos hace ciegos, nosotros podemos llegar a volvernos ciegos con el amor. En otras palabras, de nosotros depende ponernos una venda y omitir una buena parte de lo que ocurre alrededor de la relación, de la persona y de nosotros. Entonces somos nosotros quienes podemos darle un giro al asunto. Para saber si tienes un amor ciego, conéctate contigo y sé sincero, en ti está la respuesta.

“El amor no lastima a nadie, si sientes que has sido lastimado por el amor, es algo diferente dentro de ti lo que se ha lastimado, y no tu cualidad amorosa”.

-Osho-