La energía que desprenden nuestras relaciones

La energía que desprenden nuestras relaciones

Valeria Sabater 22 marzo, 2018 en Emociones 699 compartidos
rostros representando la energía que desprenden nuestras relaciones

La energía que desprenden nuestras relaciones nos determina. Vivimos en un mundo donde quedamos contagiados por las emociones ajenas, ahí donde el magnetismo de los gestos, palabras y movimientos de los otros nos pueden cautivar o incomodar. Los seres humanos estamos cableados por esas fibras invisibles que nos condicionan de muchos modos, pero que no siempre percibimos.

Puede que a simple vista estas ideas nos resulten tan extrañas como fascinantes. Cabe decir que en los últimos años, y con el avance en el estudio de las emociones y la kinestesia están apareciendo nuevos campos de interés que merecen ser nombrados. Un ejemplo de ello son los trabajos sobre lo que se conoce ya como “Body Intelligence” o inteligencia corporal.

Según esta teoría, las personas deberíamos ser más conscientes de nuestra energías internas, esas que se adhieren a nuestro cuerpo y que no siempre reconocemos. Así, y al hablar de “energías” nos referimos ante todo a esos estados emocionales que nos limitan o nos expanden como seres humanos, y que de algún modo, proyectamos también en los demás.

Ahora bien, hay un aspecto interesante que nos señalan desde esta perspectiva teórica. La mayoría de nosotros no sabemos que vivimos en un mundo habitado en exclusiva por estos campos de energía emocional, mental y corporal. Más allá de la materia, más allá de un escenario laboral con sus trabajadores y mobiliario, más allá incluso de un bonito hogar con ciertos lujos y comodidades, hay una red de emociones que lo impregna todo…

Bolas representando emociones

La energía que desprenden nuestros estados anímicos

Cada célula, fibra nerviosa, red neurológica y cada tejido de nuestro cuerpo necesita energía para funcionar. Los seres humanos estamos orquestados por toda una red de impulsos. Es ahí donde nuestras neuronas se comunican las unas con otras conformando ciertas ondas eléctricas cerebrales en base a lo que hacemos, pensamos o sentimos en cada instante.

Por otro lado, hay algo que resulta más que evidente. Nuestros estados anímicos dejan “improntas” en el escenario en el que nos encontremos. Hablábamos hace un momento de los escenarios laborales y de algunos hogares. Todos hemos notado alguna vez cómo al cruzar el umbral de alguna casa de un amigo o al empezar un trabajo nuevo en un determinado lugar, hay algo imperceptible que nos incomoda, que nos apaga el humor.

Las emociones, y en especial las que se desprenden del estrés, la tensión y la ansiedad se contagian con mucha facilidad. Los psicólogos lo llaman la “ley del intercambio” y se caracteriza por una alteración en nuestro estado mental y anímico originado por la actitud y los estados emocionales de aquellos que nos rodean. Esa “temperatura” anímica puede ocasionarnos más costes que beneficios: agotamiento físico, baja motivación, pensamientos distorsionados, malestar…

Hombre de espaldas temiendo equivocarse

La energía que desprenden nuestras relaciones crea una atmósfera determinada. Partiendo de cómo sea ese campo energético (enriquecedor o invalidante) determinará sin duda nuestro bienestar o nuestra incomodidad. Los psicólogos expertos en este campo nos indican que el objetivo sería trabajar en la ley del intercambio de la energía uniforme. Es decir, crear una reciprocidad emocional donde todos nos beneficiemos.

Este objetivo es sin duda lo más deseable en toda organización laboral, en toda familia, relación de pareja, entorno escolar, etc. Ahora bien, para lograrlo, debemos partir de nosotros mismos, y es ahí nos puede ayudar también la inteligencia corporal.

La energía que desprenden nuestras relaciones, claves de bienestar

Algo que todos queremos es disfrutar de unas relaciones satisfactorias, fluidas y significativas. Sin embargo a veces encontramos ciertas fricciones. Puede que últimamente la comunicación con nuestra pareja, hijos o compañeros de trabajo nos resulte algo más complicada. Puede que en nuestras tareas y acciones del día a día también nos percibamos menos productivos, menos creativos incluso.

La energía que desprenden nuestras relaciones no se limita solo a otras personas. Nuestra relación con el trabajo y con nuestra actividad física o mental también es otra dinámica que requiere de mucha energía (motivación, interés, actitud positiva…) Por tanto, la idea es usar toda nuestras emociones y estados mentales a nuestro favor para disfrutar de lo que hacemos. Queremos también mejorar nuestras relaciones personales, impactar en positivo a los demás y crear entornos de energía enriquecedores.

Veamos algunas claves.

figura representando la desesperanza creativa

Aprende a comprender tu cuerpo para usar la energía a tu favor

  • Cuando te levantes por la mañana, toma conciencia de cómo te sientes. La inteligencia corporal nos recuerda que muchos de nuestros estados emocionales se somatizan en nuestro cuerpo: tensiones, dolor de estómago o de cabeza, dolor muscular…
  • Ten en cuenta que ese malestar físico a menudo se acaba proyectando en el estilo de nuestro lenguaje y actitud ⇔ me levanto cansado/a, no tengo ganas de nada y lo acabo proyectando en mi pareja contestándole mal o dirigiéndole un comentario poco apropiado.
  • Lo ideal es tomar conciencia de ese estado emocional y hallar la raíz del problema. No vale aplazarlo, no vale con tomar un analgésico y limitarnos a funcionar porque esa emoción, ese malestar sigue latente y puede mermar la calidad de nuestras relaciones.
  • Cambiar el polo de la energía. Es muy posible que nada más levantarnos por la mañana no tengamos mucho tiempo para llevar a cabo técnicas de relajación o de gestión del estrés. Es algo que deberemos aplazar pero no descuidar. Así, y para cambiar el flujo de esa energía negativa interna sería recomendable aplicar sencillas estrategias que nos propicien un rápido bienestar:
    • Un desayuno saludable.
    • Escuchar música relajante mientras vamos al trabajo.
    • Caminar mientras practicamos la respiración profunda.

Por último, y no menos importante, hay un detalle que no podemos olvidar. La energía que proyectemos en los demás es la misma que acabaremos recibiendo. Si ofrezco tensión, incomodidad, malos gestos y desinterés, me acabará llegando lo mismo. La energía que desprenden nuestras relaciones parte de lo que cada uno ofrezca al otro. Invirtamos primero en nosotros mismos para dar lo mejor a los demás.

Valeria Sabater

Soy psicóloga y escritora. La curiosidad por el conocimiento humano es mi cerradura particular, la psicología mi llave, la escritura, mi pasión.

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