Amores que hacen daño

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 25 noviembre, 2015
Iván Martín · 25 octubre, 2013


Puede parecer una incongruencia, pero es una realidad cotidiana: hay formas de amar que hacen daño, que se alejan de forma desmedida de las virtudes del amor.

Indudablemente el daño más sangrante es el que nos infligimos a nosotros mismos: pensamientos, inseguridades, miedos rebotan constantemente en nuestro corazón influyendo en nuestro devenir cotidiano.

Es por ello que si la propia persona no se ama correctamente, se cuida y se mima, su proyección hacia sus seres queridos no será la más óptima; la ineficacia emocional dañará continuamente a las personas que más se quiere.

La base emocional reside siempre en nosotros, cuidarla y conocerla es un trabajo que debemos de añadir en nuestra lista de tareas diarias.

Cuando lanzamos nuestro amor a los demás, en ocasiones, pasamos por encima de sus destinatarios. Los diferentes sentimientos que nos abordan se magnifican y su incorrecta gestión dificultará el disfrute de amar.

¿Por qué hace daño amar?

Posiblemente una respuesta sea la capacidad de desvirtuar a la persona amada unida a nuestros propios miedos e inseguridades. A continuación se enumera unos ejemplos de amor que duelen:

Superlativo instinto de protección. Para muchos padres este sentimiento nace y crece a lo largo de la vida de sus hijos. Lo que en un principio resulta una emoción natural, se convierte con el paso del tiempo en un muro donde chocan las ideas e ilusiones de nuestros vástagos. El “No” se convierte en el arma principal que se utiliza para doblegar nuestros miedos, sin conocer ni escuchar las emociones de, en este caso, nuestros hijos. Esta forma de amar devuelve incomprensión y una capacidad de comunicación nula, que con el tiempo caerá sobre nosotros.

Incapacidad de ponerse en el lugar del otro. Este concepto necesita un desarrollo más largo, ya que es una de las concepciones psicológicas más importantes que el ser humano puede desarrollar, y que previene muchas situaciones amargas en la vida. Amar es entender a la otra persona, hijo, mujer, marido, etc. Intentar conocer qué persona te está plasmando o no sus sentimientos, cómo lo está haciendo y quién es. No somos perfectos y debemos de abrir nuestra capacidad de reflexión a todo el mundo, estemos de acuerdo o no, ayudará a amar a las personas y conocerlas en un sentido más amplio. Ponerse al otro lado genera una visión enriquecedora de las relaciones afectivas que poseemos, y apoya positivamente el amor sano hacia los demás.

El amor hace daño cuando lo que damos viene envenenado con nuestros propios fantasmas. El acto de amar debe ser libre de sombras y honesto, sino añadiremos dolor a un sentimiento cuya función es acompañar y apoyar a nuestros seres queridos a lo largo de toda una vida.