Ante la opresión, no uses la violencia

Roberto Muelas Lobato · 2 febrero, 2018

La opresión se entiende como la subyugación de un grupo por otro, impuesta por un poder asimétrico y, a menudo, reforzada por condiciones hostiles, como las amenazas o la violencia real. Estar oprimido es experimentar que otro grupo, el cual es más poderoso, amenaza o agrede a nuestro propio grupo. Es sentirse humillado e insultado, sentir que se tienen menos oportunidades y que las leyes no se aplican igual.

Pero, ¿es suficiente estar oprimido para que se desencadene la violencia? En un principio se consideraba que la opresión era la causa que provocaba la violencia. Esta idea encuentra sus raíces en las hipótesis de la frustración-agresión y de la privación relativa. Estas hipótesis proponen que la opresión, la frustración y la humillación son algunas de las variables que desencadenan de la violencia.

La hipótesis de la frustración-agresión

Una de las primeras teorías que servía para explicar cómo surgía la violencia fue la hipótesis de la frustración-agresión. Esta teoría exponía que las agresiones son siempre producto de la frustración. Sin embargo, esta teoría no se demostraba en la realidad.

Mujer tapándose la cara

Los datos indicaban que la frustración no llevaba inevitablemente a la agresión, las personas frustradas no tenían por qué usar la violencia. En ocasiones, la frustración finalizaba en la resolución del problema y, en otras ocasiones, la violencia se producía en ausencia de la frustración. Podía surgir, por ejemplo, de la intolerancia o a la desinformación del que la emplea.

“Aunque un pobre llegue a rico, seguirá sufriendo las mismas enfermedades que afectan a los pobres, como resultado de la opresión que sufrió en el pasado”

-Eduardo Punset-

Por lo tanto, no es razonable considerar a la frustración como un factor necesario y suficiente para causar agresión. Por ello, la hipótesis fue reformulada de modo que solo la frustración aversiva bajo amenaza sería la que provocara la agresión. De este modo la frustración podría favorecer la ira y el odio. A su vez, estos estados emocionales, ante una amenaza, serían los que producirían la agresión.

No obstante, esta nueva propuesta tampoco parece cumplirse siempre. La frustración bajo una amenaza puede facilitar la agresión, pero no va a determinar el comportamiento agresivo.

La privación relativa

Ante el fracaso de la hipótesis de la frustración-agresión, surgió una nueva teoría, la teoría de la privación relativa. Esta teoría entiende la frustración como un estado provocado por privación relativa. La privación relativa es una percepción distorsionada de las necesidades. Consiste en la creencia de que se nos priva de una necesidad o de un derecho. De acuerdo a esta teoría, la rebelión surgiría cuando las personas no pueden soportar las condiciones de desigualdad en las que vive su grupo.

“Opresión. Rebelión. Traición. Usaba grandes palabras como suele hacer la gente, sin saber lo que pueden representar”.

-Nadine Gordimer-

Con el tiempo se ha visto que la privación relativa puede facilitar ciertas actitudes hacia la violencia, especialmente entre los miembros de una clase social o un grupo oprimido. Pero no por ello es un factor que desencadene siempre la violencia. Aunque la pobreza y la desigualdad económica pueden llevar a la violencia, no siempre, ni siquiera en la mayoría de los casos, lo van a hacer.

Cuerda con nudo

La opresión percibida

La opresión perciba por sí misma no es una causa necesaria ni suficiente que surja la violencia. Aun así, es una variable cognitivo-emocional que constituye un factor de riesgo potencial. La opresión no tiene por qué ser real, puede ser percibida. Creer que otro grupo nos amenaza puede ser suficiente para sentirnos oprimidos. El concepto opresión engloba a las teorías previas, por ello incluye a los sentimientos negativos, como la frustración y las sensaciones cognitivas, como la privación.

Pero, aunque la opresión no forme necesariamente parte del cóctel de factores que termina precipitando comportamientos violentos, sí que está muy relacionada con algunos cuadros clínicos, como la ansiedad o la depresión. Además, las personas que se sienten oprimidas suelen desarrollar más estrés emocional, el cual juega un papel importante en forma de apoyo a la violencia.