Ante el vicio de pedir está la virtud de no dar

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Raquel Aldana
30 junio, 2019

Muchas de las personas que nos rodean son adictas a pedir y pedir sin ofrecer nada a cambio. Se trata de gente que se aprovecha de ciertas situaciones y que creen que lo que a ellos les interesa está por encima de todo.

Normalmente no se cuestionan si sus peticiones son justas o injustas, pues no conocen la mesura más allá de su propio interés. Como es obvio, existen egoísmos más o menos enmascarados, pero generalmente con el tiempo podemos abrir los ojos y protegernos.

No obstante, hay sonrisas que a veces también consiguen tapar la petición excesiva de favores, pues como en el resto de órdenes de la vida no hay nada que sea blanco o negro.

Esto resulta especialmente peligroso para nuestra integridad emocional. Pues puede que incluso nos hagan sentir culpables por no darles aquello que nos están solicitando a pesar de que está en nuestra mano.

Para evitar esto, debemos de hacernos con una balanza mental que nos permita sopesar de la manera más objetiva posible si el beneficio es recíproco o, por el contrario, nosotros siempre salimos perjudicados.

Ondina

No confundas la bondad con la ingenuidad

Como se suele decir, una cosa es ser buenos y otra muy distinta es ser “tontos”. Lo que ocurre es que muchas veces pecamos de esto último por no renunciar a la bondad. Como consecuencia pueden aprovecharse de nosotros. De esta forma, corremos el riesgo de dar y dar sin tener consciencia de que en realidad se están aprovechando de nosotros. Hasta que llega un momento en el que nos percatamos que nos están utilizando.

Así, podemos estar mucho tiempo dándolo todo de nosotros sin necesidad pedir nada a cambio. Sin embargo, a veces llega el momento en el que nos mostramos solícitos y no obtenemos lo que esperábamos.

En ese tipo de situaciones podemos llegar a sentirnos tristes, defraudados, irascibles y desconfiados. ¿Cómo íbamos a esperar que alguien por quien hemos hecho tanto no responda? En este sentido, y una vez más, nuestro problema está en nuestras expectativas. Ya que quien espera mucho, puede decepcionarse otro tanto. Crearnos expectativas sobre cómo deberían comportarse los demás puede llegar a causarnos un gran sufrimiento cuando no se corresponde con lo que ocurre.

Las preocupaciones nos bloquean

A veces lo damos todo y no recibimos nada a cambio

Hay una delgada línea entre el uso y el abuso de nuestra confianza. Querer complacer a todos es sentenciar nuestra felicidad, por lo que hay que tener cuidado de no caer en el error de ceder en todo por sentirnos chantajeados o moralmente obligados. Podemos sentirnos en la obligación moral o solidaria de ayudar, pero realmente no podemos encargarnos de todo. Y, en muchas ocasiones, esto es lo que ocurre. Nos echamos a las espaldas tareas que no nos corresponden. De alguna forma, es como si nos presentásemos nosotros al examen de un amigo.

Toda relación debe alimentarse de algún tipo de reciprocidad con el fin de que no deteriorar o envenenar aquellos que nos une.

De todas maneras, no siempre que nos sentimos de esta forma estamos siendo utilizados. Solo que los demás no reaccionan como nosotros lo haríamos y eso puede desesperar y acrecentar este sentimiento de pañuelo desechable. Por ello, es importante conocer bien a la persona. Algunos de nuestros amigos pueden tener una forma muy particular de devolvernos un favor y, sin embargo, lo hacen de corazón.

O sea, que lo ideal es que tengamos precaución, valoremos bien la situación y seamos pacientes antes de concluir que se están aprovechando de nosotros. Es decir, debemos conseguir que pesen más los hechos que los sentimientos.

Las cosas buenas suceden

No permitas que los demás te conviertan en quien no eres

A las personas vampiras solo les interesa su propio beneficio. Cuando las descubras, aleja tus planes de vida de ellas y establece límites emocionales que no hagan peligrar tu identidad. Ten claro que todo vínculo requiere reciprocidad, sin convertirlo en un contrato de “yo te doy en la medida en la que tú me des” .

Dar para recibir no requiere devolverlo de la misma forma pero pide de disposición y placer mutuos. Ambas partes de la relación deben sentirlo y transmitirlo, porque de lo contrario se pierde nobleza en nuestros intercambios. A pesar de ello, dar sin esperar nada a cambio, en ocasiones también puede fortalecernos y ayudarnos a ser solidarios. Así pues, dependerá de nosotros valorar la situación y saber si corresponde o no «arrimar el hombro».

Pon especial atención en no recaer en relaciones vampiras. Di no cuando así lo sientas pero hazlo de manera asertiva, hazte respetar y plantéate que todo lo que haces tiene un precio, el de hacerte sentir bien.

Imágenes cortesía de Nicoleta Ceccoli, Benjamin Lacombe, natalia_maroz