Anticipar el puedo al quiero

Adriana Díez · 25 abril, 2018

Puede que suene contrario a lo que solemos escuchar, puede que hayas pensado que la frase está mal escrita, pero es importante darnos cuenta de que no todo lo que queremos puede hacerse, que a veces querer no es poder. Esto es importante puesto que quizás si pensamos primero en si podemos hacer aquello que queremos, el plan confeccionado con la realidad puede ser lo que nos impulse a ir a por ello.

Querer no va a ser siempre poder y cuanto antes nos demos cuenta, antes sabremos adaptar nuestras metas, valorar lo que tenemos, correr riesgos con cabeza y con razón y no desesperar en el intento. Porque no, no puedes conseguir siempre todo lo que quieres, por mucho que lo desees. Por eso, probemos con anticipar el puedo al quiero, a ver qué tal nos funciona.

Con esta frase no quiero decir que los límites deban estar cerca para conseguirlo, que no podamos ver más allá de lo que tenemos en frente, simplemente es el fundamento que nos ayuda a razonar que no siempre, aunque lo deseemos con fuerza, vayamos a conseguirlo. Aun así no hay que dejar de esforzarse, no hay que creer que estamos en lo más alto, no hay dejar de superarse, no hay que dejar de seguir creciendo ni de marcar límites cada vez más altos. No obstante, esto tenemos que hacerlo siempre conociendo dónde puedo, para saber hasta dónde quiero.

Hombre de espaldas viendo el atardecer

Soy más capaz para el “puedo” si conozco mis límites

Quizás nuestra mayor virtud esté en saber cuáles son nuestros límites y ser realistas con esto. Las metas irreales y la falsa positividad son nuestras peores enemigas porque nos hacen ver que podemos llegar a lo más lejos pensando en positivo e imaginando un maravilloso final, cuando en realidad lo que necesitamos es dedicar trabajo, tiempo y motivación a lo que deseamos.

Los límites son personales e intransferibles, al igual que amoldables. Puede que mi límite hoy esté en cierta altura, pero he de saber que puedo conseguir más, ahora tengo que pensar la fórmula. ¿Más tiempo? ¿Más esfuerzo? ¿Más trabajo? ¿Más organización? ¿Dónde puedo emplear mis puntos fuertes? ¿A qué aspectos he de dedicar más atención? Esto trabajo requiere de la motivación del puedo, pero también de un trabajo personal de conocimiento en mi trabajo y mis límites.

Si no sé delimitar el territorio, corro el riesgo del fracaso asegurado. Cuando sé acotar metas y adaptarlas es cuando tengo el poder sobre ellas, porque las hago realistas. Eso no quiere decir que no necesite de la positividad para conseguirlas, pero sé que trabajo sobre algo objetivo, que me plantea retos y tendré que esforzarme pero que puedo, porque tengo las herramientas para conseguirlo, solo depende de mí.

Falsa positividad

Creer que la positividad es pensar siempre que todo irá bien no es real. La positividad implica no decaer siempre en el lado negativo, implica seguir viendo las opciones que aún quedan, en no anticipar todo lo malo que es posible que ocurra, pero que no tiene porqué. Es no dejar de trabajar y seguir encontrando la motivación para ver más allá de lo que tenemos ahora en frente.

Persona caminando

La positividad nos da el empuje, pero no nos hace lograr nada. Es tener el botón de ON encendido, pero sigue necesitando nuestros pasos para alcanzar aquello que queremos. Esta postura no nos regala nada; sin embargo, sí que nos acerca esa meta lejana o nos dibuja una sonrisa cuando creemos que hemos llegado.

La positividad cuando es realista, es nuestra mejor compañera, pero cuando deriva en un optimismo excesivo se constituye como una de nuestras peores enemigas. Si conseguimos hacernos conscientes de nuestros límites, estaremos creando nuestras propias posibilidades y podremos enfrentarnos al quiero, pero siempre porque trabajamos desde el puedo.

Por ello, la frase correcta, más adaptable y saludable para todos podría ser: querer es una condición necesaria para el puedo, al igual que poder es una condición básica para el quiero.