Apego y relaciones de pareja

1 agosto, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Loreto Martín Moya
Numerosos estudios defienden la influencia del apego en la infancia en el establecimiento posterior de relaciones amorosas. Dependiendo del tipo de apego que se haya experimentado, existirá una mayor o menor tendencia a la consecución de una pareja sana, tóxica, obsesiva o desconfiada. Hablamos de ellos en este artículo.

Aunque parecen muchos los elementos que pueden influir en la consolidación de una relación de pareja, hay un componente que según los estudios interviene de forma muy clara: el apego. Existen diferentes estilos de apego, experimentados durante la infancia, que pueden condicionar —nunca determinar— el tipo de relaciones que mantenemos tiempo después. Por ello, se exponen a continuación varias teorías que hablan de la relación entre el apego y las relaciones de pareja.

Antes de introducir las teorías psicosociales del apego y las relaciones de pareja, es preciso comprender la función que este tiene en la experiencia humana. El apego no existe por casualidad.

Desde la teoría evolucionista, se defiende que la emoción es una de las estrategias principales para adaptarnos al medio. Las emociones nos ayudan a sobrevivir, pues son señales de alarma que el organismo recibe y que le permiten responder de forma rápida y efectiva a las exigencias del medio. Ocurre lo mismo con el apego, que se define como un tipo de emoción útil para asegurar el vínculo y la ayuda de los adultos para con las crías.

A través del apego, se crea una unión o asociación entre el adulto y el recién nacido que se postula como necesaria, sobre todo en situaciones de amenaza o peligro. Por ello, desde esta teoría se considera el apego como un sistema emocional.

Pareja abrazada

Objetivo de las relaciones de pareja: sobrevivir

Por otro lado, se ha estudiado que en la consolidación de relaciones románticas, uno trata de asegurar no sólo su supervivencia sino también la continuación de su genotipo. Existiendo unas motivaciones parecidas en ambas relaciones —entre el adulto y la cría y en la pareja—, no parece descabellado pensar que el apego también puede jugar un papel fundamental en las relaciones de pareja.

Por otro lado, se encuentran paralelismos entre las conductas que se dan en ambos tipos de relación, como, por ejemplo:

  • Niveles de activación altos en los primeros estadios de la relación.
  • La seguridad y la felicidad sentida dentro de la relación —que se encuentra entre adulto y cría pero también en la pareja—.
  • El miedo al abandono.
  • Reacciones de apatía con las separaciones del otro miembro.

Teoría del apego: por qué existen tipos de pareja

Desde la teoría del apego, se defiende que durante los primeros años de vida, el niño irá poco a poco desarrollando un modelo de relación interpersonal. Esto significa que aprenderá a relacionarse a partir de las creencias o expectativas que tenga sobre cómo van a responder los demás ante sus llamadas de cuidado.

Dependiendo de cómo hayan sido respondidas esas llamadas de cuidado en la infancia, así se relacionará la persona y establecerá diferentes tipos de relación de pareja.

Tipos de apego y tipos de relaciones de pareja

Existen tres tipos de apego, en función de la ayuda, el cuidado y la comprensión que brindan. A partir de ese apego se desarrollarán tipos de relaciones.

Estilo seguro, pareja segura

El apego seguro se caracteriza porque el niño es capaz de explorar el mundo, pero se siente más seguro cuando su cuidador o figura de apego está cerca. Cuando lo ha necesitado, se le han brindado esos cuidados.

Las personas con un estilo seguro de apego tienen más probabilidades de desarrollar relaciones que permitan identificar sentimientos y emociones de preocupación y ansiedad –en la pareja y en uno mismo— y saben responder a las necesidades. Son personas que buscan a los demás sin que aparezca miedo o temor.

Estilo evitativo, no se apoya en nadie

El apego evitativo surge cuando la figura de apego del niño no responde prácticamente nunca a sus demandas de cuidado. Por ello, y como no se han habituado a eso, esos niños no buscan a sus cuidadores a la hora de explorar el mundo; no parecen existir.

Las relaciones de pareja que surgen a raíz de un apego evitativo son huidizas. No se atiende a las señales de ansiedad y miedo de la pareja, y tampoco se busca su ayuda cuando uno siente ese miedo o necesita cuidados. No se piden esos cuidados, y no busca apoyo social para resolver problemas.

Estilo ambivalente, compulsivo

En el apego ambivalente, las figuras de apego a veces brindan conductas de cuidado, y a veces no. Es esta inseguridad lo que provoca que los niños no quieran explorar el mundo, puesto que desconocen si cuando pidan ayuda, sus demandas van a ser respondidas o no.

Este tipo de apego ambivalente da lugar a personas que, en las relaciones de pareja, no saben atajar sus problemas de forma autónoma. Además, son personas que dirigen mucho su atención a la ansiedad y al miedo y buscan de forma compulsiva esa atención y ayuda.

El apego como predictor de las relaciones de pareja

El apego y las relaciones de pareja no solo están vinculados en el establecimiento de la propia relación. Algunos autores encuentran el apego como predictor de una buena o tóxica relación de pareja.

Hazan y Shaver (1992) entienden que el patrón de seguridad suele llevar a relaciones amorosas felices salpicadas de emociones positivas y sentimientos de confianza. El apego evitativo conllevaría una sobrepreocupación por las rupturas y una falta de confianza muy llamativa. Por último, el apego ambivalente conduciría a experiencias excitantes y dolorosas, mucho más intensas pero también más inestables.

El apego y la opinión sobre la pareja

Otros autores, Collins y Read, encuentran que el estilo seguro da lugar a personas que confían en los demás, mucho más expresivos emocionalmente y que suelen tener una opinión positiva de su pareja.

Respecto a los que desarrollan un apego ambivalente, suelen ser personas con bajos niveles de autoconfianza y asertividad, con relaciones amorosas muy obsesivas y altos niveles de dependencia emocional.

Pareja que sufre la indefensión aprendida

Experimentos sobre el apego: ¿influye a la hora de relacionarnos?

Son muchos y heterogéneos las investigaciones que se han centrado en el análisis de la asociación entre el estilo de apego y las relaciones de pareja. Simpson, Rholes y Nelligan (1992) estudiaron el tipo de respuestas que tenía un grupo de mujeres al, supuestamente, acudir a una entrevista de trabajo. Aquellas que habían reportado un apego seguro durante la infancia preferían buscar el apoyo de sus parejas para calmar la ansiedad. Aquellas que tenían un apego evitativo, solían no apoyarse en sus parejas y gestionar su ansiedad solas.

De igual manera, Tidwell, Reis y Shaver (1996) encontraron en un estudio de interacciones diarias de un grupo determinado, que las personas con un apego evitativo reportaban mayores emociones negativas, sobre todo con las personas que podían suscitar sus intereses amorosos. A raíz de estas investigaciones se estudió la relación entre el apego inseguro y la depresión, la soledad y la ansiedad.

Por último, Fraley y Shaver (1997) también demostraron que el apego se relaciona con el tipo de conducta que la persona va a emitir ante la separación de la pareja. Se encontraron resultados muy similares a los descritos anteriormente.

Conclusiones: la importancia del apego

Lo expuesto en este artículo parece dejar clara la relación existente entre apego y relaciones de pareja. No solo eso, sino que parece influir en el tipo de pareja que elegimos, en la relación que establecemos con ella y en los comportamientos y los estilos emocionales más probables.

Aunque son muchos los factores que influyen en que una relación sea sana o tóxica, parece que el apego en la infancia es un buen predictor. No solo para fomentar apegos seguros por su importancia en el desarrollo posterior del niño, pero también para saber los factores de riesgo de cada persona en el establecimiento de una relación —ya sea por dependencia emocional, por ser obsesivo…— y adelantarnos a ellos.