Cómo apoyar a alguien que padece dolor crónico

Edith Sánchez · 25 abril, 2017

El dolor crónico es uno de los productos del mundo moderno. Antes eran muy raros estos casos, sin embargo ahora su incidencia está aumentando. Hay quienes lo padecen porque tienen una enfermedad, también crónica. Otros, en cambio, sufren dolores intensos y persistentes ante los que la ciencia no logra encontrar una causa directa. Lo peor es que en todos los casos, la vida se puede volver un auténtico infierno en el que el dolor no se va y la habitación tampoco se produce.

Hace apenas unas cuantas décadas las enfermedades graves conducían a un deterioro relativamente rápido. Y la gente moría sin remedio. Hoy en día, la ciencia tiene diversas maneras de prolongar la vida de un enfermo grave. También han aparecido o se han agudizado algunas enfermedades, muchas de ellas de origen nervioso. El resultado de esto es que muchas personas pueden vivir bastantes años enfermas y con un alto grado de sufrimiento.

El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional”.

-Buda-

El dolor físico es una de las manifestaciones más frecuentes en casi todas las enfermedades. Y algunos de esos dolores son muy incapacitantes. No logras abstraerte. No logras ignorarlo. Vives para sentir esos dolores o para paliarlos con sedantes tan fuertes que cortan muchos de los canales que utilizas para comunicarte con tu cuerpo y con el mundo exterior. Te dejan la sensación de estar, pero sin estar.

Se trata de una situación trágica. No solo para quien padece el dolor crónico, sino también para quienes le acompañan. Los dolores afectan severamente el estado de ánimo y con el tiempo generan grandes cambios en la personalidad. Alguien en estas condiciones a veces se vuelve intratable. Y quienes están a su lado, en muchas ocasiones, no saben cómo proceder para mejorar la situación de su ser querido. Por eso, hoy te queremos ayudar con algunas claves.

Toma conciencia de tus limitaciones frente al dolor crónico de otro

Si estás al lado de una persona que sufre un dolor crónico, lo usual es que comiences a desarrollar sentimientos de culpa. No te das cuenta de ello, pero es frecuente que ocurra. Ves sufrir a alguien y solo puedes ofrecerle cuidados paliativos que no siempre funcionan. Recibes la carga del dolor, pero no puedes hacer mucho al respecto.

Todo esto le genera una gran angustia. Se experimentan fuertes sentimientos de impotencia. También suele aparecer la fantasía de que “hay algo más que debes hacer”. Lo intentas con algo, luego con otra cosa, pero al final solo logras, en el mejor de los casos, ofrecer un alivio pasajero.

Lo primero que te digo es que intentes diminuir la sensación de impotencia, retirando tus fuerzas de aquellos frentes en los que llevas tiempo y no producen resultados. Es importante que te informes bien acerca de todo lo que puedes hacer y que tengas bien claro el límite. Lo tuyo es hacer, de la mejor forma, lo que esté a tu alcance. Más allá de ello, cualquier fuerza que emplees se volverá contra ti al igual que lo hace la pelota que lanzas contra una pared.

A veces, lo único que puedes hacer es estar ahí, en silencio. Con este acto le comunicas que estás a su lado y que estás dispuesto a acoger su sufrimiento. Lo que no puedes hacer es quitárselo. Quizás basta simplemente con que le preguntes en qué le puedes ayudar y si está en tus manos, hacerlo. En muchos casos, por ejemplo, el enfermo preferiría que pasaras más tiempo con él, en vez de buscando alternativas o trabajando para tratar de compensar su dolor con caros regalos.

Ayúdate primero a ti mismo

No podemos darle a otro lo que nosotros mismos no tenemos. De lo que se trata es de traer a un mayor bienestar a la persona que sufre un dolor crónico. No de lo contrario: entrar y sumergirte en el malestar del otro. Así que la primera responsabilidad que tienes es contigo mismo. Y esa responsabilidad consiste en estar bien, lo mejor que puedas.

Mano con una llave

Esto implica reconocer tus propias necesidades. Seguramente puedes darle mucho a esa persona, pero también hay infinidad de cosas que no puedes hacer por ella. Ni tú, ni nadie. Lo que sí puedes hacer es fortalecerte, estar firme y mejorar tu vida, para, a la vez, mejorar la vida del otro.

En particular, es importante que  aprendas a resguardar tus propios espacios. Se hace necesario que sepas decir “no” en determinadas circunstancias. Un enfermo con dolor crónico puede ser muy absorbente. También puede intentar depositar en ti sus propias frustraciones. Esa persona está enfrentándose a una situación muy difícil y a veces no tendrá más escape que culparte, o exigirte más de lo que puedes dar. Todo eso es comprensible. Sin embargo, eso no quiere decir que sus reproches sean ciertos o que tú seas tal y como te describe en sus momentos de rabia.

Te ayudará mucho aprender a reconocer cuándo es necesario que te apartes de la situación. Con amabilidad y cariño lograrás hacerle entender al enfermo que él también te puede ayudar, respetando esos espacios en los que no estás con él. De tu propio bienestar depende que seas capaz de brindar una ayuda sana y firme a quien padece dolor. Aunque esa persona reniegue o intente contagiarte su mal humor, sin duda tu presencia y tu buena disposición son un bálsamo para su vida. Recuérdalo.

Mujer triste tirada en el suelo con dolor