Aprender a dar consuelo

Edith Sánchez · 11 agosto, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 30 septiembre, 2015

Cuando alguien pasa por un trance complejo, lo último que quiere escuchar son las voces que le piden que lo ignore, que le reste importancia o que hay cosas peores. Lo que necesita es comprensión, no que minimicen su sufrimiento.

 

Menos palabras y más hechos

 

La mayoría pasamos alguna vez por una pérdida importante,una noticia dolorosa, una enfermedad de difícil manejo o alguna situación que nos afecta severamente. Lo que esperamos de los demás en esos momentos no son frases trilladas, sino actitudes que nos permitan sentir su comprensión y apoyo.

Está muy equivocado quien trata de restarle importancia a la situación, pensando que así ayuda al otro a alivianar su carga. Esta actitud, hasta cierto punto, tiene un componente más bien agresivo. Busca disminuir o eliminar los sentimientos legítimos del otro. Lo peor es que generalmente apuntan a deshacer el dolor de la otra persona, para poder preservar la tranquilidad propia.

Una persona afligida, la mayoría de las veces solo quiere que la escuchen. Sin juzgarla y con plena atención. El acto de escucha por sí solo, es la mejor manera de consolar a quien sufre. Saber que alguien está dispuesto a acoger ese sufrimiento sin cuestionarlo, en verdad aligera el dolor.

Otras personas simplemente no quieren hablar de lo que les sucede y lo que buscan es que los demás respeten su silencio. En esos casos, evitar referirse al tema que es motivo de aflicción es una manera de comprender y de acompañar. Seguro, no va a ser interpretado como un gesto indolente, sino todo lo contrario.

 

Ser sensible al otro

 

No existen fórmulas hechas para consolar a una persona que sufre. Cada quien tiene un modo particular de asumir el dolor y, a la vez, esa misma persona no experimenta el sufrimiento de la misma manera frente a todas las circunstancias de la vida.

La única condición para consolar eficazmente a otra persona es tener la disposición genuina de querer hacerlo.

Consolar es básicamente ofrecer compañía afectuosa, respeto y apoyo. Para brindar todo eso lo importante es demostrar, con gestos y actitudes, que estás ahí. Que su dolor no te espanta y que estás dispuesto a aceptarlo. Que tu decisión es permanecer ahí, mientras dura la tormenta.

Nunca sobra preguntarle explícitamente a la otra persona si hay alguna forma específica en la que puedas ayudarle. A veces hay necesidades que no son tan evidentes. O quizás le restamos importancia a algunas acciones que pueden ser determinantes para quien está directamente involucrado en una situación difícil.

Por otro lado, no es lo mismo consolar a un adulto que a un niño. En los menores, la acción de consolar puede ser más sencilla «porque basta tocarlo, es un trabajo más corporal» dice la psicoterapeuta Irmtraud Tarr; entonces se sincronizan ambos cerebros.

Finalmente, lo más importante, en todo caso, es que abras tu corazón a los sentimientos y necesidades de la otra persona. Es de por sí un gran consuelo saber que alguien tiene la mejor voluntad para entendernos. Consolar es un arte y todo arte requiere sensibilidad y empeño.