Aprender de lo inesperado

Este artículo fue redactado y avalado por el psicólogo Bernardo Peña Herrera
10 marzo, 2019
Aprender de lo inesperado es fundamental para asentar nuestro conocimiento del mundo. Esta capacidad, como demuestran las investigaciones, está ya presente en bebés de tan solo 11 meses.

Cuando el mundo es previsible y todo lo que en él existe se comporta tal y como se espera, nuestra atención disminuye, ya que todo sucede tal y como imaginamos. No hay sorpresas. Sin embargo, cuando, de repente, ocurre un evento que rompe nuestras expectativas, le prestamos la mayor atención posible y, en algunos casos, aprendemos de lo inesperado.

Así, se puede afirmar que no hay aprendizaje sin atención y que la atención se dirige más fácilmente hacia aquello que nos sorprende. Lo sorpresivo resulta por tanto mucho más sencillo de memorizar o al menos de captar nuestra atención o interés.

En este artículo desgranaremos qué y cómo aprender de lo inesperado. También descubriremos que esta capacidad está presente casi desde el nacimiento y que, sin duda, se erige como una alternativa a las clásicas concepciones del aprendizaje. Algunos psicólogos y pedagogos tienen estos procesos muy en cuenta.

Aprender de lo inesperado: conceptos generales

En ocasiones, la ciencia no progresa por el cauce habitual de la lógica. Curiosamente, ocurre exactamente lo mismo en los seres humanos: aprender de lo inesperado suele ser mucho más eficiente que aprender a partir de un mundo previsible.

En esta línea, las investigadoras Stahl, A. y Feigenson, L. (2015) publicaron un artículo en la revista Science en el que describen este fenómeno. Además, explican que los bebés de tan solo 11 meses se aburren cuando el mundo y los objetos se comportan de manera previsible.

Las autoras observaron que los bebés dejaban rápidamente de prestar atención a una pelota que se movía de forma previsible. No obstante, en una condición experimental diferente, centraron mucho su atención en una pelota que se movía de forma poco habitual, incluso atravesando las paredes. Profundicemos.

Bebé con juguetes

Nacemos científicos: qué aprender de lo inesperado

De alguna forma, al nacer parece que nos comportamos como científicos. En este sentido, los bebés que participaron en el mencionado estudio no se limitaban a aprender de lo inesperado (como ocurría con la pelota que atravesaba paredes), sino que además, rápidamente, quisieron experimentar con esos objetos de conducta inesperada.

Así, del mismo modo en que los científicos al observar un hecho quieren poner a prueba sus hipótesis para experimentar qué sucede, los bebés se comportan de forma similar con aquello que observan. 

Por ejemplo, cuando los bebés veían una pelota atravesar una pared, intentaban cogerla. Además, una vez con ella entre sus manos, la estrujaban y golpeaban. ¿Querrían comprobar que se trataba de un objeto sólido? ¿querían experimentar con la pelota?

En otra condición experimental, los bebés veían una pelota moverse y atravesar un agujero, pero sin llegar a caer en él. Cualquiera habría esperado que la pelota cayera por el agujero, pero no lo hizo. Eso fue totalmente inesperado para los bebés.

En este caso, en cuanto tuvieron la oportunidad, los bebés fueron hasta la pelota y comenzaron a experimentar con ella, tirándola varias veces al suelo, como si quisieran comprobar si esta obedecía las leyes de la gravedad. ¿No es sorprendente?

Los misterios de aprender de lo inesperado

Para la ciencia, los misterios de aprender de lo inesperado están aún lejos de poder ser explicados en bebés. ¿Por qué ocurre esto? ¿Acaso poseemos una especie de programación innata para comprender las leyes de la física? Este tema generaría un encendido debate entre innatistas y ambientalistas. ¿Quién tendrá la razón?

Es bastante sorprendente que bebés con esta escasa edad parezcan detectar aquello que desafía a leyes de la física. No solo eso: también tienden a explorar y tratar de comprender los sucesos «físicamente» inesperados.

Así, en la investigación de las citadas autoras, parece demostrarse la existencia de algún tipo de leyes innatas de la física, ya que resulta extremadamente improbable que bebés de esta edad puedan realizar inferencias lógico-causales como si dispusieran de un razonamiento avanzado.

Bebé jugando con pelotas

Conclusiones sobre el fenómeno de aprender de lo inesperado

Tal y como nos señala el estudio mencionado, las principales conclusiones acerca del fenómeno de aprender de lo inesperado pueden resumirse de la siguiente manera:

  • Los bebés tratan de aprender más sobre lo nuevo, lo inesperado, que aquello que rompe sus esquemas.
  • Además, parecen discriminar entre aquello que es previsible y aquello que es inesperado. Evidentemente, prestan más atención a esto último.
  • De hecho, pareciera que los bebés pueden hacer predicciones sobre lo que pasará con un objeto, de manera que si algo de lo que creen que va a pasar no sucede, se sorprenden y pasan a tratar de explorar el fenómeno.
  • Cuando las predicciones sobre los eventos resultan diferentes a lo que se espera, los bebés exploran esa disonancia con el objetivo de aprender más acerca del mundo que les rodea.
  • Hasta la fecha se había subestimado la capacidad de aprendizaje del ser humano, pues ya en bebés se dan las circunstancias para este tipo de aprendizaje nuevo y distinto; es decir, para aprender de lo inesperado.

A la luz de estos datos, ¿seguiremos anclados en los antiguos paradigmas del aprendizaje humano?

  • Melgar, María Fernanda, et al. “El poder educativo de lo inesperado: Estudio de experiencias innovadoras en la universidad.” Cuadernos de Investigación Educativa 7.2 (2016): 31-47.
  • Pearce, John M., and Geoffrey Hall. “Un modelo de aprendizaje pavloviano: Variaciones en la efectividad de los estímulos condicionados pero no de los incondicionados.” Revista de psicología General y Aplicada (1983).
  • Vogel, Edgar, et al. “Modelos matemáticos del condicionamiento clásico: evolución y desafíos actuales.” Revista Latinoamericana de Psicología 38.2 (2006): 215-243.