Así se consigue la felicidad, según Bertrand Russell

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 23 julio, 2017
Edith Sánchez · 23 julio, 2017

Bertrand Russell fue un filósofo, matemático y escritor inglés que ganó el Premio Nobel de Literatura en 1950. En principio no parecería que alguien como él tuviera algún secreto para la felicidad. De hecho, buena parte de su vida transcurrió entre la desilusión y el hartazgo. Sin embargo, quizás precisamente por esto, logró darle un giro a su vida y aprendió a ser feliz.

Este controvertido pensador tuvo el infortunio de perder a sus padres cuando tenía tan solo 6 años. Desde entonces vivió con sus abuelos, quienes le impusieron una educación muy estricta. Desde muy pequeño sintió que la vida era casi insoportable y más adelante confesó que varias veces había pensado en suicidarse.

“El hombre juicioso solo piensa en sus males cuando ello conduce a algo práctico; todos los demás momentos los dedica a otras cosas”.

-Bertrand Russell-

Sin embargo, Bertrand Russell encontró en el conocimiento una vía hacia la plenitud. La filosofía y la lógica le permitieron profundizar en su propia experiencia. Logró darle un alcance universal. Y logró también elevar su espíritu y superar su sufrimiento. Estos son algunos de los postulados para ser feliz, según este filósofo.

La felicidad se consigue enfocándose a lo exterior

Para Bertrand Russell el encerrarse en uno mismo, como un ovillo, solo conduce a la tristeza y el aburrimiento. Si nos enfocamos hacia nuestros problemas, fallas, vacíos, miedos, etc., solo conseguiremos perder entusiasmo por la vida. En eso coincide con las filosofías orientales y con el psicoanálisis lacaniano. Estas dos corrientes plantean que el “yo” es la fuente de sufrimiento o enfermedad.

Bertrand Russell

Por contrapartida, si se fijamos la atención en aspectos externos, la vida se hace más sencilla. Esos aspectos externos comprenden una multitud de realidades. El saber, las otras personas, el propio trabajo, las aficiones, etc. Todo ello hace la vida más interesante y plena.

Bertrand Russell señala que las actitudes expansivas traen regocijo y alegría. También son por sí mismas una fuente de energía y de motivación. Asimismo, aportan elementos para tener más fortaleza a la hora de resolver los problemas propios.

“Cuando llegue la hora de mi muerte, no sentiré haber vivido en vano. Habré visto los crepúsculos rojos de la tarde, el rocío de la mañana y la nieve brillando bajo los rayos del sol universal; habré olido la lluvia después de la sequía y habré oído el Atlántico tormentoso batir contra las costas graníticas de Cornualles”

-Bertrand Russell-

La forma de cultivar la actitud expansiva

La actitud expansiva no nace de forma espontánea, sino que es necesario cultivarla. Para B. Russell, permanecer distraído en actividades cotidianas es una actitud que abre las puertas a la felicidad. Tampoco se trata de dar la espalda a la introspección o a la reflexión sobre uno mismo, porque esto desembocaría en una vida banal. Sino que se trataría de encontrar un equilibrio particular y que nada tendría que ver con situar el punto de apoyo en un lugar equidistante de los extremos.

girasol en una valla

En este sentido, también es importante elegir el momento adecuado y el modo adecuado. Hay un tiempo para pensar en uno mismo y otro para enfocarse hacia lo externo. Pensar en los problemas propios solo cuando tiene sentido hacerlo; en el resto del tiempo tendríamos que volcar nuestra atención en el exterior.

Lo que Bertrand Russell propone es el cultivo de una mente ordenada. Si esto se logra, la mente siempre estará más despejada y más orientada hacia el presente. Cuando se piense en uno mismo, debe hacerse con racionalidad y máxima concentración. También tendríamos que ser capaces de cuestionar nuestros propios razonamientos para determinar su validez.

“Nadie debería creerse perfecto, ni preocuparse demasiado por el hecho de no serlo”

-Bertrand Russell-

Dos virtudes para cultivar

La propia vida de Bertrand Russell demuestra algo que él aseveró después: la felicidad es una conquista. No se da por generación espontánea, ni llega de afuera. La capacidad de ser feliz es eso precisamente: una capacidad, que debe ser trabajada, cultivada y lograda. Para ello, es indispensable contar con dos virtudes: el esfuerzo y la resignación.

chico de espaldas mirando la ciudad

El esfuerzo es esa voluntad de dirigir las energías hacia el trabajo que permita alcanzar algo deseado. Supone empeño y también perseverancia. Nada de lo realmente valioso se logra de un día para otro. Y ser feliz, mucho menos. Por lo tanto, es importante cultivar ese atributo que permite reunir y dirigir los esfuerzos hacia el logro de los objetivos.

Otra de las virtudes indispensables para conquistar la felicidad, dice Russell, es la resignación. Quizás sería más exacto hablar de “aceptación”. La vida plantea situaciones que son inevitables e imposibles de resolver. Podríamos poner como ejemplo la muerte, la enfermedad incurable o las pérdidas definitivas.

Aunque no podamos revertirlas, lo que sí podemos hacer es incrementar nuestra capacidad para aceptarlas. No malgastar el tiempo en tratar de resolverlas ni dejar que nos quiten la paz escribiéndolas en nuestra historia de una forma que nos hagan bien.

Bertrand Russell fue uno de los hombres más brillantes de su tiempo. Su pensamiento sigue conservando total vigencia. Dejó de ser un niño huérfano y triste que se sentía extraviado en el mundo, para convertirse en uno de los intelectuales más importantes del planeta. El mejor sustento para sus palabras fue su propia vida y sus propios logros.