Aumentar la tolerancia a la infidelidad ¿salvaría a las parejas?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 15 enero, 2017
Edith Sánchez · 15 enero, 2017

Aunque lo considerado normal en las relaciones de pareja ha experimentado grandes cambios en los últimos tiempos, hay algo en lo que casi todas las sociedades siguen siendo muy conservadoras: la infidelidad. Pese a que es el pan de cada día, son muy pocos los que la miran con naturalidad. De hecho, es la principal causa de ruptura entre las parejas.

Algunas de las grandes preguntas son: ¿Estamos programados para la monogamia? ¿Evolutivamente es la forma de reproducción más adaptatica? En sus orígenes, nuestra especie era radicalmente polígama. El concepto de infidelidad surgió a la par con la institución del matrimonio en la Roma antigua. La consagración de la monogamia fue, en principio, un asunto que tenía mucho más que ver con la economía y con la política que con la naturaleza.

Los que son infieles conocen los placeres del amor; es el fiel el que conoce las tragedias del amor

-Oscar Wilde-

A pesar de que se instituyó la monogamia, casi por ley, lo cierto es que la infidelidad siguió existiendo en todos los tiempos y en todas las culturas. Por eso, antes del auge del romanticismo era vista con cierta tolerancia y, a veces, con franca aprobación. Después, progresivamente se convirtió en un tema que desata fuertes rechazos.

La infidelidad y el romanticismo

Con el avance del racionalismo y, muy especialmente, con el auge del romanticismo, cambió por completo el concepto de amor de pareja. Cobró fuerza el mito de  “la media naranja”, o del “amor para toda la vida” y la exclusividad empezó a mirarse como un valor fundamental en las relaciones de pareja.

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A la par, con el progreso del feminismo, surgieron algunos fenómenos en torno a la infidelidad. El primero, que la infidelidad de mujeres y hombres se ha vuelto cada vez más equitativa. El segundo, que el divorcio fue convirtiéndose en una práctica más extendida y el factor que más lo motiva es precisamente la infidelidad.

Las “nuevas mujeres” son más independientes y, por lo mismo, se muestran menos tolerantes a los hombres aventureros. Quieren ser “catedrales” y no “capillas”. La infidelidad les causa una indignación sin límite y no están dispuestas a tolerar a quien no las ama en exclusiva. Los hombres, por supuesto, son aún más intolerantes frente al tema.

Lo que dicen los expertos sobre la infidelidad

El Pew Research Center realizó un estudio en 40 países y pudo verificar que la infidelidad es el comportamiento de pareja más rechazado, en ambos sexos, en todas las edades y en todas las culturas. Lo paradójico es que la infidelidad es tan universalmente rechazada como universalmente practicada.

Lo paradójico es que la infidelidad es tan universalmente rechazada como universalmente practicada.

¿Por qué no deberíamos hacer un mundo de una infidelidad?

La sexóloga Esther Perel, autora del libro Mating in Captivity, señala que hay mucha hipocresía frente al tema. Recalca el hecho no hay diferencencias en cuanto a los porcentajes de infidelidad entre las sociedades que más la rechazan y aquellas que son más permisivas.

Esta investigadora indica que la infidelidad ha pasado de ser una conducta que origina dolor a ser una conducta que genera un auténtico trauma. Las personas se sienten burladas, humilladas, despreciadas y anuladas, y se muestran reticentes a hacer un análisis imparcial de lo ocurrido para determinar su nivel de importancia.

No siempre es aconsejable romper la relación

Los descubrimientos sobre el cerebro indican que hay circuitos diferentes para el amor profundo y para el amor pasional. En otras palabras, se sabe que una persona puede, perfectamente, amar a alguien y desear a otro. Más aún: desde el punto de vista cerebral, es perfectamente razonable que se ame a más de una persona a la vez.

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El hecho de que una persona sea infiel no quiere decir que no ame a su pareja. Son muchos los factores que pueden incidir para que en un momento dado viva un romance con otra persona. La mayoría de las veces no tiene nada que ver con alguna inconformidad respecto a su pareja, sino quizás con un afán de aventura, con un interés por experimentar, incluso de probarse a sí mismo en términos de su capacidad para seducir.

Desde ese punto de vista, la infidelidad quizás no debería mirarse de una forma tan dramática. Más que condenar de antemano el hecho, es importante detenerse en el porqué ocurrió. Son muchísimos los casos en los que los devaneos amorosos con un tercero terminan fortaleciendo la relación de pareja inicial. Permiten identificar las grietas, o simplemente le dan un segundo aire al vínculo. Si despojáramos a la infidelidad de su ropaje moral, quizás podríamos hacer parejas más fuertes.

¿Qué pensáis?

Imágenes cortesía de Anne Miller, Art Schëllin