Aun hay lugares donde las circunstancias están por encima de las personas

13 febrero, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Fátima Servián Franco
El mismo hecho, en distintas "circunstancias" y/o países hace que estas cambien el desenlace. Es desalentador que haya realidades tan dispares conviviendo en el mismo tiempo, pero en diferentes espacios.

Al hilo de un artículo publicado en uno de los grandes periódicos de tirada nacional, ¿por qué las jóvenes escapan de Arabia Saudí?, nos encontramos con sistemas políticos en los que el control de la vida de las mujeres sigue estando tutelado por hombres.

En cierta parte, el carácter de todo acto depende de las circunstancias en las que se hace. Algunas personas se ven obligadas a desechar sus intereses por imposiciones que emanan de su entorno. El mismo hecho -en las mismas circunstancias, pero en distintos países- hacen que estas cambien el desenlace. Es desalentador que haya realidades tan dispares conviviendo en el mismo tiempo, pero en diferentes espacios.

«No hay hombre ninguno necesario, y todos somos más o menos útiles según determinadas circunstancias».

-Paula Santander-

Mujer con venda en los ojos

Las circunstancias siguen estando por encima de las personas

La imagen de la joven parapetada en el hotel del aeropuerto de Bangkok resultó muy poderosa. Con su precario inglés, la saudí Rahaf Mohammed imploraba ayuda a través de Twitter para que las autoridades no la entregaran a su padre y hermano, de quienes había escapado horas antes. “Me matarán”, declaraba asustada, pero firme.

Rahaf no estaba huyendo ni de la guerra ni de la miseria, sino de los usos y normas que siguen lastrando la libertad de la mujer en Arabia Saudí, a pesar de las reformas anunciadas desde la llegada al poder del rey Salmán y su hijo Mohamed hace cuatro años.

Tras difundir su foto y la de su pasaporte, Rahaf contaba que estaba harta de las restricciones que le imponían en casa, que su madre la había mantenido encerrada en su habitación durante seis meses por haberse cortado el pelo, que ya no quería cubrirse con el hiyab, ni rezar, ni ser musulmana, pero que no tenía elección.

Por eso había aprovechado unas vacaciones familiares en Kuwait para escaparse con destino a Australia donde pensaba pedir asilo. Al percatarse de su ausencia, el padre, un hombre con conexiones, había logrado la ayuda de los diplomáticos saudíes en Bangkok, donde Rahaf tenía que cambiar de avión, y le habían retirado el pasaporte a la espera de devolverla en el siguiente vuelo. Todos obviaban que a sus 18 ya era mayor de edad.

Rahaf no es la primera joven que huye de una familia opresiva; sucede en todos los países. Pero solo en Arabia Saudí las mujeres están constreñidas de por vida a la autoridad de los varones de su familia debido a un sistema de tutela (wilaya) que, a decir de los expertos, es el más restrictivo del mundo islámico y las reduce a eternas menores.

Mujer árabe con los ojos cerrados

Los defensores de los derechos humanos no tienen patria

La situación de la joven desató una movilización en las redes sociales de feministas, defensores de los derechos humanos y personas bienintencionadas de todo el mundo.

Muchos recordaron el caso de Dina Ali, una maestra de 24 años que dos años antes, cuando trataba de alcanzar Australia en busca de refugio por razones similares a las de Rahaf, fue interceptada al hacer escala en Manila. Entonces, las autoridades filipinas la entregaron a dos hombres que se presentaron como sus tíos, la embarcaron por la fuerza en un vuelo de regreso a Riad y nunca más se volvió a saber de ella. No podía ocurrir lo mismo.

El caso de Rahaf es un síntoma de la situación de las mujeres en Arabia Saudí y del país en general. A pesar de las reformas sobre todo sociales y económicas, las saudíes siguen estando desprotegias debido al sistema de tutela. Eso hace que todavía haya muchas que luchan para ejercer sus derechos básicos en unas circunstancias que las ahogan, explica Dana Ahmed, investigadora de Amnistía Internacional.

Rahaf Al Qunun viajó a Bangkok al temer que sus parientes la mataran por apostatar del islam. Gracias a las personas que luchan por los derechos humanos en todo el mundo, y en concreto a la agencia de la ONU para refugiados, Acnur, la saudí ha viajado a Canadá, donde se le ha concedido algo más que asilo. En esta nueva vida las circunstancias seguirán siendo imprevisibles, pero ella podrá decidir la manera de lidiar con ellas.

«El hombre no es hijo de las circunstancias. Las circunstancias deben ser las hijas del hombre».

-Benjamin Disraeli-