Autorregulación emocional: el otro solo muestra donde está la herida

13 Junio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Fátima Servián Franco
La autorregulación de las emociones y los impulsos depende en gran medida de la interacción entre el córtex prefrontal y los centros emocionales, en particular los circuitos que convergen en la amígdala. En este artículo hablaremos de este fascinante proceso.

Ninguna persona es libre si no es dueña de sí misma. En este sentido, para ser dueños de nosotros mismos la autorregulación emocional es un factor clave. Epicteto ya pronunció estas palabras hace 2000 años y cuesta entender que hasta 1995, gracias a la obra de Daniel Goleman, Inteligencia emocional, no se haya dado a las emociones la relevancia y el espacio que le corresponde dentro de la Psicología.

Las neurociencias contemporáneas han puesto de relieve la importancia de la amígdala para preparar una reacción emocional ansiosa e impulsiva. Pero, otra parte del cerebro se encarga de elaborar una respuesta más adecuada (Goleman, 1996, p. 50-53). Por lo tanto, regular las respuestas emocionales se puede entrenar. 

Según Goleman (1996, p. 61), la necesidad de entrenar nuestras emociones puede ayudarnos a lo siguiente:

  • La capacidad de motivarnos a nosotros mismos.
  • Perseverar en el empeño a pesar de las posibles frustraciones.
  • Controlar los impulsos (las emociones poseen cuatro formas de manifestarse, a nivel corporal, cognitivo, sentimiento y, por último, el impulso).
  • Diferir las gratificaciones.
  • Regular nuestros propios estados de ánimo.
  • Evitar que la angustia interfiera con nuestras facultades racionales.
  • La capacidad de empatizar y confiar en los demás.

“La ira, el resentimiento y los celos no cambian el corazón de los otros, solo cambia el tuyo”.

-Shannon L. Alder-

Mujer con los ojos cerrados pensando

La causa evolutiva y la necesidad del entrenamiento en autorregulación emocional

La importancia evolutiva de ofrecer una respuesta rápida que permitiera ganar unos milisegundos críticos ante las situaciones peligrosas debió ser vital para nuestros antepasados. Esa configuración ha quedado impresa en el cerebro de todo protomamífero, incluyendo a los humanos.

El rudimentario cerebro menor de los mamíferos es el principal cerebro de los no mamíferos, un cerebro que permite una respuesta emocional muy veloz. Pero, aunque veloz, se trata también, al mismo tiempo, de una respuesta muy tosca.

Las células implicadas solo permiten un procesamiento rápido, pero también impreciso, y estas rudimentarias confusiones emocionales —basadas en sentir antes que en pensar— son las emociones precognitivas (Goleman, 1996).

Esto presenta un problema: la amígdala se equivoca con frecuencia. Recibe información en una única neurona del ojo y del oído sobre lo que vemos y oímos, (a gran velocidad en términos cerebrales), y solo le llega una pequeña fracción de las señales que recogen esos órganos. La inmensa mayoría se dirige a otras partes del cerebro que tardan más en analizar la información… y hacen una lectura más precisa (Goleman, 2015).

La autorregulación y el aprendizaje socioemocional

Todas las competencias de la inteligencia emocional se desarrollan con el aprendizaje vital, a partir de la infancia. Los programas de aprendizaje socioemocional están pensados para ofrecer a los niños las lecciones que necesitan a medida que crece el cerebro; por eso se dice que están adaptados al desarrollo (Goleman, 2015).

El cerebro es el último órgano del cuerpo en alcanzar la madurez anatómica. Si observamos los cambios producidos anualmente en la forma de pensar, comportarse y reaccionar de un niño, las fases del desarrollo infantil, en realidad seremos testigos de su desarrollo cerebral.

La activación del eje hipotalámico-hipofisariosuprarrenal interfiere en la eficiencia cognitiva y el aprendizaje. Si una persona está centrada en las preocupaciones, la ira, la angustia, la ansiedad o cualquier otra emoción que tenga un alto grado de estrés, presentará una menor capacidad de atención ante lo que se le diga. La autorregulación emocional ayuda a identificar estos procesos y ajustarlos al contexto de la persona.

En cambio, si se logra controlar esos contratiempos emocionales, aumentará la memoria funcional; es decir, la capacidad de atención para almacenar información. El aprendizaje socioemocional enseña a gestionar esos sentimientos perjudiciales, lo que a su vez favorece el aprendizaje.

Corazón sobre el cerebro de una persona

¿Como mantener el aprendizaje emocional?

La autorregulación emocional ayuda a ajustar los contratiempos emocionales. Si logramos perseverar en esos aprendizajes, los nuevos circuitos se conectarán y cobrarán cada vez más fuerza, hasta que un día hará lo que tiene que hacer y como lo tiene que hacer sin pensárselo dos veces.

En ese momento, los circuitos estarán tan conectados y serán tan gruesos que el cerebro los activará de manera automática. Cuando se produzca ese cambio, el hábito corregido pasará a ser lo habitual (Goleman, 2015).

Por descontado, un adulto puede aplicar el mismo conjunto de capacidades en su entorno laboral para obtener un mejor rendimiento. Nunca es tarde para mejorar nuestra competencia en el campo de la autorregulación emocional.     

“Una emoción no causa dolor. La resistencia o supresión de una emoción causa dolor”.

-Frederick Dodson-

Caruso, David R. y Salovey, Peter, The Emotionally Intelligent Manager, Jossey-Bass, San Francisco, 2004. [El directivo emocionalmente inteligente, Algaba, Madrid, 2005.] Goleman, Daniel (1996). Inteligencia emocional (4a ed. edición). Barcelona: Kairos.  Goleman, D. (2015). El cerebro y la inteligencia emocional: nuevos descubrimientos. B DE BOOKS. Mora, F. (2012). 1.¿ Qué son las emociones?. El Observatorio FAROS Sant Joan de Déu (www. faroshsjd. net) es la plataforma de promoción de la salud y el bienestar infantil del Hos-pital Sant Joan de Déu (HSJD) de Barcelona., 14. Salmurri, F. (2004). Libertad emocional. Estrategias para educar las emociones.