Aversión a la solución: una conducta muy común

05 Junio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
Buscar soluciones en común para problemas concretos nunca es fácil, menos aun cuando hay quien por su ideología o intereses personales llega a negar incluso la existencia de ese mismo problema. Este comportamiento tiene nombre y lo analizamos a continuación.
 

«El cambio climático no existe, es una fabulación de un grupo de interesados», «Las personas pobres lo son porque no quieren trabajar y no son capaces de espabilarse por sí mismas», «Yo no tengo ningún problema de salud, por lo tanto, puedo seguir con mi vida sedentaria y comiendo lo que desee». Este tipo de razonamientos tan drásticos definen un tipo de esquema mental que se define como «aversión a la solución».

Todos nos hemos encontrado alguna vez con este tipo de argumentaciones tan extremas que nos dejan desconcertados y, además, generan casi siempre cierta desesperación. ¿Cómo puede haber personas que nieguen evidencias tan claras? Aún hoy siguen existiendo, para nuestra sorpresa, negativistas empedernidos sobre los riesgos del tabaco o del consumo de determinadas drogas.

Este es un fenómeno que ha interesado desde siempre al mundo de la psicología. La gente que se opone a dar por ciertas evidencias contundentes y claramente demostradas por la ciencia siempre ha existido y, tristemente, existirán. Es más, en los últimos años, en medio de todo el clima social que estamos viviendo, la aversión a la solución eleva aún más la polarización entre diversos sectores políticos.

Fue en el 2014 cuando los psicólogos Troy Campbell y Aron Kay, de la Universidad de Oregon, investigaron este fenómeno y le dieron nombre. Profundicemos, por lo tanto, un poco más en este tema.

Ciudad afectada por el cambio climático representando la aversión a la solución
 

Aversión a la solución: cuando no me gustan las soluciones niego el problema

Un ejemplo evidente de lo que supone la aversión a la solución lo vemos en quienes niegan la incidencia del cambio climático. No importa que los niveles del mar y su temperatura se hayan elevado o que los fenómenos meteorológicos sean cada año más extremos. Tampoco tiene relevancia la desertificación o la pérdida de determinados ecosistemas.

El negacionismo del cambio climático parte a menudo de un hecho concreto: las soluciones que se proponen para frenar su avance no gustan. Gran parte de ellas pasan, entre otras cosas, por frenar el consumo de los combustibles fósiles. Implica ni más ni menos que cambiar el modelo de la industria, de la producción y de nuestro estilo de vida, al fin y al cabo.

Por tanto, si las soluciones no me agradan, mi reacción será siempre poner en duda el problema. Lo del cambio climático es cosa de los alarmistas. No solo se asume un enfoque negacionista, sino que además se opta en muchos casos por adoptar una actitud ofensiva o despreciativa frente a quienes defienden las evidencias.

Esto mismo lo podemos ver en quienes, por ejemplo, se oponen a cambiar de estilo de vida o dejar de fumar aun habiendo sufrido un infarto. «¡De algo hay que morir!» señalan, «¡Al fin y al cabo mi padre fumó toda su vida y falleció a los 95 años!».

La aversión a la solución es una constante en quienes no desean cambiar sus hábitos, en quienes ven en las propias soluciones una amenaza para su forma de existencia.

 

Cuando mi ideología no me deja aceptar tus soluciones

Troy Campbell y Aron Kay, los psicólogos que acuñaron este término hace ya 6 años, explicaron en su investigación que, por término medio, podemos encontrar dos dinámicas en la teoría de la aversión a la solución.

  • Están quienes no asumen esa estrategia de afrontamiento porque no encaja en su ideología personal.
  • Por otro lado, están quienes no las aceptan porque van en contra de sus necesidades, gustos o intereses.

La primera es la más común y la que más nos suele llamar la atención en los escenarios políticos. En Estados Unidos, por ejemplo, es tradición que el partido republicano se oponga siempre a aspectos como poner en marcha acciones para frenar el cambio climático o la necesidad de prohibir o regular el mercado de armas.

Hacerlo supondría ir en contra de sus intereses particulares, por lo que es más fácil negar el problema. En cambio, el partido demócrata suele alzarse a menudo como ese núcleo social y político que aboga por un cambio sobre estos aspectos.

Trabajadores discutiendo debido a la representando la aversión a la solución

Aversión a la solución porque no quiero aceptar el problema

A Daniel, de 15 años, le han diagnosticado diabetes y se niega a aceptar el problema. La idea de tener que pincharse insulina o regular el consumo del dulce, lo desespera y se opone a ello.

 

A Natalia, de 69 años, le acaban de diagnosticar una patología ocular y no le van a renovar el permiso de circulación. Ella niega el problema, insiste en que tener el problema en un solo ojo no supone ninguna limitación y que puede seguir conduciendo.

Podríamos dar muchos más ejemplos sobre este tipo de comportamientos y reacciones que aplicamos las personas cuando las estrategias resultantes ante un problema no nos gustan. No nos agradan porque cambian nuestro estilo de vida y, ante ello, es inevitable experimentar desde miedo, rabia y frustración.

La aversión a la solución es más común de lo que pensamos. No obstante, no deja de ser un mecanismo que dificulta en muchos casos nuestra convivencia, nuestra capacidad de avanzar como sociedad siendo capaces de ver los mismos problemas para poder actuar en conjunto.

Detrás de toda mirada siempre existirán intereses particulares, pero ser capaces de relativizarlos de vez en cuando nos puede permitir llegar a esos necesarios acuerdos con los cuales todos ganamos. Tengámoslo presente.

 
  • Campbell, T. H., & Kay, A. C. (2014). Solution aversion: On the relation between ideology and motivated disbelief. Journal of Personality and Social Psychology, 107(5), 809–824. https://doi.org/10.1037/a0037963