Ceguera por falta de atención, un interesante fenómeno

Edith Sánchez · 26 febrero, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 26 febrero, 2020
El fenómeno de la ceguera por falta de atención es un sesgo de percepción que todos tenemos. Tiene que ver con el hecho de que cuando fijamos nuestra atención en algo, dejamos de percibir otros hechos o datos que hay alrededor.

Hay varios experimentos que muestran que focalizar nuestra atención en un punto, evento o expectativa, hace que lo que sucede en su entorno pase más desapercibido. A este fenómeno se le llama ceguera por falta de atención, ya que en la práctica eso es precisamente lo que ocurre: nos volvemos ciegos a otros estímulos que hay alrededor.

La ceguera por falta de atención no está asociada a problemas visuales ni tampoco a problemas cognitivos. Simplemente se trata de uno de esos límites en los procesos de atención del cerebro y nos muestran que muchas veces los sentidos nos engañan. También prueban que nuestras habilidades, en ciertas circunstancias, son limitadas, aunque no nos percatemos de ello.

El fenómeno de la ceguera por falta de atención nos llama a reflexionar sobre muchas situaciones cotidianas en las que pretendemos hacer varias cosas a la vez. Si conduces y hablas por móvil, el riesgo aumenta. Si cocinas, tiendes la ropa y estás pendiente de los niños, también lo hace.

Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos”.

-José Saramago-

Hombre conduciendo con el móvil

Un experimento sobre la ceguera por falta de atención

Uno de los experimentos más interesantes que se han llevado a cabo sobre la ceguera por falta de atención se conoce con el nombre de El payaso en monociclo. El estudio fue diseñado por Ira E. Hyman, S. Matthew Boss, Breanne M. Wise, Kira E. Mckenzie y Jenna M. Caggiano en la Western Washington University.

Durante el experimento, los voluntarios fueron divididos en cuatro grupos. A uno de los grupos se le dio un teléfono móvil, a otro un MP3, a otro se le pidió que caminara en pareja y al último grupo se le solicitó que lo hicieran solos. Mientras cada uno llevaba a cabo la actividad señalada, pasaba un payaso en monociclo por el frente de ellos.

Los resultados mostraron que quienes hablaban por teléfono eran quienes con menor frecuencia notaban la presencia del payaso. De hecho, la mayor parte de ellos se mostraban muy sorprendidos por el hecho de que hubiera pasado ese personaje delante de sus ojos sin que se hubieran percatado de su presencia.

Hay otro estudio similar, llevado a cabo por la Universidad Nacional Australiana. En este se les daban a los voluntarios fotografías de avenidas concurridas vistas desde la posición de un conductor. El 65 % de los participantes no lograron captar la presencia de motociclistas en esas fotos, ya que se enfocaban solo en los coches que había en la escena.

Los mecanismos de la magia

Los magos son expertos en manejar la ceguera por falta de atención para hacer sus trucos. Muchas de sus ilusiones se basan en esa deficiencia cognitiva. Logran que el público enfoque su atención a un punto, mientras que ellos llevan a cabo su truco en segundo plano. Después, quienes los ven, no logran explicarse cómo han logrado sus resultados inverosímiles.

Una de las razones por las que funciona la magia es porque nos relacionamos con el mundo de una manera mucho más irracional de lo que pensamos. Creemos que estamos conscientes de todo, cuando no es así. Uno de los ejercicios que acostumbramos a hacer, a veces sin base, es anticiparnos a los acontecimientos.

Tenemos internalizado sobre cómo funcionan las cosas. Mentalmente esperamos que a determinada acción le siga otra que consideramos lógica. Lo que hacen los magos es precisamente aprovechar esa falla de anticipación. Crean el patrón en nuestra mente para que nos formemos un esquema mental de lo que va a suceder y al final, súbitamente, muestran que iban en otra dirección.

Hombre haciendo magia

Otras evidencias

En la revista Psychological Science se publicó un artículo en el que se reseñaba un pequeño experimento que se llevó a cabo con radiólogos del Brigham and Women’s Hospital de Boston. A cada uno se le entregaron cinco escáneres y se les pidió que observaran y determinaran si había algún indicio de cáncer en los mismos.

Los radiólogos no sabían que algunos de los escáneres habían sido manipulados y en ellos aparecía la figura de un gorila. Casi ninguno lo vio. Una prueba más de la ceguera por falta de atención que causa inquietud. ¿Y qué si los escáneres hubiesen sido reales y el paciente no tuviera cáncer, sino otra afección? ¿Esta habría sido captada por un radiólogo interesado en otro tipo de patología?

Lo importante en todo esto es comprobar que efectivamente tenemos dificultades para atender a dos cosas a la vez. Así que cuando estemos haciendo algo arriesgado o en lo que no nos podamos permitir un fallo, lo mejor es centrarnos solo en ello. Y cuando tengamos que apreciar algo globalmente, lo mejor es hacerlo por partes.

Chabris, C. F., Simons, D. J., & Ferrari, G. (2011). El gorila invisible: y otras maneras en las que nuestra intuición nos engaña. Siglo Veintiuno Editores Argentina.