Bethany Hamilton y su extraordinaria historia de vida

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 17 noviembre, 2018
Edith Sánchez · 17 noviembre, 2018
Lo más interesante en la vida de Bethany Hamilton es que nos demuestra que es cierta aquella vieja máxima que señala: “Quien tiene un qué, encuentra un cómo”. La convicción y el deseo son capaces de lograr lo imposible.

La historia de Bethany Hamilton es la historia de una de esas personas que han vivido experiencias extremas de dolor físico y emocional, pero que también han logrado superarse a sí mismas y salir adelante. Lo más interesante es comprobar que muchos de los que han pasado por situaciones límite, renuncian a adoptar la autocompasión como norma de vida.

Bethany Hamilton nació en Kauai, Hawaii, en febrero de 1990. Sus padres son Cherie y Tom, dos apasionados del surf. Ellos dejaron su casa, en Estados Unidos continental, para vivir en Hawaii, donde iban a tener olas maravillosas todos los días. No les importó que su situación económica se volviera más precaria. En su nueva vida, la madre comenzó a trabajar como limpiadora y el padre como camarero en los hoteles locales. El resto del tiempo lo dedicaron al surf.

La pareja tuvo tres hijos. El mayor es Noah, luego está Timothy, que nació 5 años después y, por último, Bethany, la menor, que vino al mundo 4 años más tarde. Los cinco integrantes de la familia disfrutaban del surf, pero ninguno como Bethany. La primera vez que sus padres la subieron a una tabla, ella apenas había aprendido a caminar. Tenía dos años. Desde entonces, amó esta afición.

No puedes nadar por nuevos horizontes hasta que tengas el coraje de perder de vista la orilla”.

-William Faulkner-

Una nueva promesa del surf

Bethany Hamilton comenzó muy pronto a destacarse en el mundo de surf. Era desafiante, valiente y arriesgada. Siempre buscaba las olas más difíciles y siempre quería superar sus propios récords. A los 9 años ya había ganado varios torneos locales. Su familia tuvo que hacer grandes esfuerzos para llevarla a las competencias. A veces tenían que quedarse todos juntos en la misma habitación de un motel.

Sin embargo, los esfuerzos daban fruto. Bethany era una excelente surfista que le ganaba a niñas 4 o 5 años mayores que ella. Por eso, en 1999 la compañía australiana Rip Courl decidió convertirse en patrocinadora suya. Esto era maravilloso porque ahora ella contaba con los recursos para entrenar, sin crearle un gran peso económico a su familia.

A partir de entonces, la niña comenzó a recibir educación en su casa. Esto le permitía avanzar a su propio ritmo y tener tiempo para practicar surf. También le hacía posible asistir a las competencias sin sufrir retrasos en la escuela. Todo parecía marchar de forma ideal.

Bethany

El accidente de Bethany Hamilton

Cuando Bethany Hamilton tenía 13 años ya figuraba como segunda en el ranking estadounidense de surfistas en su categoría, menores de 18 años. Su gran sueño era convertirse en una profesional de este deporte y ganar todas las competiciones que tuviera por delante.

Sin embargo, el 31 de octubre de 2003 ocurrió algo inesperado. Como todos los días, Bethany fue a surfear por la mañana, junto con su amiga Alana. Estaba a unos 300 metros de la costa, cuando sus amigos vieron que se contorsionaba sobre la tabla. Como estaban acostumbrados a que ella ensayara ese tipo de acrobacias, no se alarmaron. Sin embargo, pronto notaron que algo diferente sucedía.

Bethany estaba descansando sobre su tabla y dejó uno de sus brazos metido en el mar. De repente, un tiburón tigre la atacó, destrozando su tabla y mordiéndole el brazo. La niña de 13 años dijo que en ese momento solo pensó en dos cosas: no dejar de surfear nunca y no perder el apoyo de sus patrocinadores.

tiburón que atacó a Bethany Hamilton

Una superación asombrosa

El padre de su amiga Alana fue quien la terminó llevando al hospital. Por casualidad, el padre de Bethany también estaba allí, haciéndose un chequeo de rutina. A la chica le hicieron dos cirugías. Algunos voluntarios buscaron el brazo cercenado, pero no pudieron hallarlo.

El único pensamiento que ocupaba la mente de Bethany Hamilton era el de recuperarse y volver a surfear. Una semana después del accidente, la chica ya estaba paseando por el hospital y visitando a otros enfermos. Un mes después de que le quitaron los puntos y volvió a surfear. Le costó mucho trabajo, porque ahora tenía que mantener el equilibrio con un solo brazo. Sin embargo, en menos de un año ya estaba compitiendo de nuevo.

Cuando le preguntan por su gran determinación, ella respondía que existían tres claves: “ser cristiana, la familia y los amigos”. Detesta que la traten como a una heroína. Solo quiere halagos por sus logros como surfista. Decidió no ser una víctima de las circunstancias, sino anteponer a todo su deseo de surfear, literalmente, contra viento y marea.

  • Ruiz, G. (2018). La cabeza del campeón: cómo construir una mentalidad ganadora para la vida. EDICIONES B.