Black Mirror: Bandersnatch, la distopía somos nosotros

Este artículo fue redactado y avalado por la crítica de cine Leah Padalino
12 enero, 2019
Black Mirror: Bandersnatch, lejos de ser una distopía clásica, ha dado un paso más allá, experimentando con nuevas formas y adaptándose a un nuevo consumo. Ha despertado tanto interés que algunos usuarios están trazando mapas que conduzcan a los posibles finales del filme. Pero, ¿qué plantea realmente?

Cuando pensábamos que la serie británica BlackMirror ya nos lo había enseñado todo, llega Bandersnatch, la película interactiva de Netflix que parece estar volviendo locos a los usuarios de la plataforma. Black Mirror es conocida por plantear cuestiones que invitan a reflexionar sobre el presente, las nuevas tecnologías y el impacto que tienen sobre nuestras propias vidas.

Nos envuelve en distopías que podrían ser reales en pocos años. Sin embargo, con Bandersnatch, ha dado un paso más allá, rompiendo la barrera del espectador como lo conocemos habitualmente. Introduciéndonos en su película, obligándonos a tomar decisiones que cambiarán el destino del personaje.

Bien es cierto que, como película, quizás no sea todo lo atrayente que cabría esperar, llegando a cojear en algunos puntos. Tampoco destaca dentro de lo que es Black Mirror y, seguramente, cuando pase la novedad, no sea vista como uno de los grandes aciertos de la serie. Sin embargo, de lo que no cabe duda es del enorme interés que ha despertado.

El debate ya está abierto, Black Mirror lo ha vuelto a hacer, vuelve a estar en el punto de mira y, en esta ocasión, ha decidido, en cierto modo, reinventarse. Tras cuatro temporadas (con pocos episodios, eso sí), había quien pensaba: ¿y ahora qué? ¿Seguirá conservando su frescura? Solo por todo lo que ha dado que hablar Bandersnatch, la respuesta a esta pregunta es sí, Black Mirror sigue muy viva.

ADVERTENCIA: El artículo contiene spoilers.

¿Qué es una película interactiva?

Antes de profundizar en las cuestiones que plantea Bandersnatch, lo primero que hay que hacer es entender cómo funciona y por qué estamos hablando de película interactiva. Cuando hablamos de algo interactivo, entendemos que debe producirse un diálogo y que, de algún modo, el receptor puede dar una respuesta. Si pensamos en los libros, como lectores, nuestra interacción se ve un tanto limitada por el propio formato y lo mismo ocurriría con el cine.

Bien es cierto que existen ciertas obras literarias o cinematográficas que, de una forma u otra, envuelven al receptor y le hacen partícipe de la misma. Un ejemplo de ello lo vemos en algunas películas como Annie Hall de Woody Allen, la novela Niebla de Miguel de Unamuno o en obras teatrales como El Tragaluz de Buero Vallejo. En los ejemplos anteriores, se rompe la cuarta pared, es decir, se apela directamente al espectador o lector.

Una novela realmente novedosa en este aspecto es Rayuela de Julio Cortázar, en la que damos un paso más allá, el lector va a ser fundamental incluso a la hora de decidir en qué orden desea leer. Cortázar propone seguir un orden tradicional, en otras palabras, lineal comenzando desde el primer capítulo hasta el último; o, por el contrario, seguir un «desorden» que comenzaría en el capítulo 72 y para el que el autor nos proporciona una guía.

Cortázar fue totalmente rompedor al proponer este tipo de lectura que, especialmente en los años 80, tomaría un nuevo rumbo. Y es precisamente en los 80 en la época que se ambienta Bandersnatch, mostrándonos un libro al estilo de «elige tu propia aventura» en el que los lectores serán quienes decidan el camino que va a tomar la historia. Pese a lo futurista que suele parecer siempre Black Mirror, con Bandersnatch, en realidad, bebe del pasado, de los primeros videojuegos y de los libros que los inspiraron.

El cine también ha dado algunos pasos hacia la interacción. Ya en sus inicios, algunos cineastas como George Méliès aparecían durante alguna de sus proyecciones para dialogar con el público. Asimismo, la interacción también puede surgir de forma espontánea, como es el caso de The Rocky Horror Picture Show. Este último es un caso verdaderamente peculiar y es el público el que, durante décadas, decidió disfrazarse e interactuar con el filme durante las proyecciones. Otro ejemplo sería el cine en 3D que, aunque no provoque el diálogo, nos hace, en cierto modo, partícipes.

Chicos mirando las vistas de la ciudad

Bandersnatch y la toma de decisiones

Bandersnatch nos presenta a Stefan, un joven que tiene como misión desarrollar un videojuego basado en su libro favorito, que sigue el estilo de «elige tu propia aventura». A Stefan lo vamos descubriendo poco a poco y somos nosotros quienes determinamos qué vamos a ver a continuación, o eso es lo que, en teoría, propone la película.

Y digo en teoría porque, en realidad, la película tiene bastantes limitaciones y, en ocasiones, toma las decisiones por nosotros. Y ahí es donde cojea y, al mismo tiempo, acierta Bandersnatch. Cojea porque, en algunos puntos, resulta tedioso tener que volver nuevamente al punto de partida, pero acierta al lanzar un mensaje claro y directo hacia el espectador.

Las decisiones pasan desde escoger el desayuno de Stefan hasta decidir si asesina o no a su padre, es decir, van de lo más simple a lo más complejo. El discurso resulta novedoso porque las decisiones se van tomando sobre la marcha, siguiendo el ritmo de la película, algo que nos recuerda enormemente a los videojuegos (no olvidemos que el videojuego es el hilo argumental).

Algunas de nuestras decisiones no dependen de nosotros. Esto ocurre, por ejemplo, cuando Stefan se encuentra con Colin y este le ofrece LSD. Si decidimos no consumir la droga, Colin la introducirá en nuestra bebida y mirará a cámara diciendo que ha decidido por nosotros.

¿Están limitadas nuestras decisiones? Esta duda la resuelve nuevamente Colin durante la alucinación por LSD, diciéndonos que el gobierno nos controla, que todo está absolutamente manipulado y que, en definitiva, no somos más que esclavos. Pese a lo desalentador del discurso de Colin, lo cierto es que ha conectado con nosotros y nos está haciendo dudar tanto del filme como de nuestras propias decisiones cotidianas.

Personaje de Bandersnatch

Bandersnatch: nosotros somos el futuro

Lo realmente interesante llega cuando Stefan comienza a ser consciente de que alguien externo a él está controlando sus acciones, es decir, nosotros, los espectadores de Netflix. En este momento, se produce la ruptura con la cuarta pared, Stefan nos pregunta qué está ocurriendo, quién le está controlando y nosotros, por supuesto, decidimos la respuesta.

Una de las opciones de respuesta que puede aparecer es: Netflix, algo que resulta verdaderamente interesante. Al ser consciente, Stefan tratará de desobedecernos. La genialidad aparece cuando le dice a su psicóloga que alguien del futuro está controlando sus acciones a través de algo llamado Netflix. Es interesante porque se rompe con la distopía tradicional, aquella en la que el futuro es aterrador. Esta vez, la distopía la vive Stefan y el futuro somos nosotros.

La distopía ya está aquí, es nuestro presente, ya hemos llegado a ese futuro horrible al que pensábamos que jamás íbamos a llegar. Este juego con el espectador, además de resultar entretenido, supone un importante discurso y reflexión. Nuevamente, Black Mirror utiliza nuestro presente para que pensemos sobre él.

Televisión con mensaje

De algún modo, esta escena (especialmente cuando se pregunta qué es Netflix) nos recuerda bastante a Matrix, película en la que la realidad es simulada por un programa, haciéndonos dudar de «lo real».Igualmente, nos remite a la ya mencionada Niebla, obra en la que Unamuno logra que el lector cuestione su propia realidad. Tras ver Bandersnatch y probar diversos finales, se abren ante nosotros infinidad de interrogantes.

Bandersnatch resulta un experimento verdaderamente interesante, la forma de consumo ha cambiado y Black Mirror ha querido sacar provecho experimentando. ¿Hemos jugado nosotros con Bandersnatch o ha sido la propia película la que ha jugado con nosotros? Al mismo tiempo, nos propone una nueva forma narrativa y cinematográfica, una nueva forma de ser espectadores.

En definitiva, aunque Bandersnatch no sea cinematográficamente una joya y se encuentre a caballo entre el cine y los videojuegos, resulta una experiencia entretenida que, si sabemos comprender y disfrutar, nos dejará una extraña sensación. Y, como ya es costumbre en Black Mirror, Bandersnatch nos invitará a la reflexión.

«¿Qué es Netflix?».

-Bandersnatch-