¿Buscar la aprobación de los demás es infidelidad?

Este artículo fue redactado y avalado por la enfermera Berta Escobosa
· 26 febrero, 2019
¿Crees que la infidelidad es solo un término asociado a las relaciones de pareja? Te sorprendería saber que, probablemente, todos hemos sido infieles alguna vez. Infieles haciendo caso a lo que los demás opinan y dejando de lado lo que nosotros queremos ser.

La mayoría de nosotros asocia la infidelidad con la traición, con la ruptura de la confianza y la mentira en el contexto de una relación de pareja. Ahora bien, ¿se puede ser infiel a uno mismo? ¿Es posible traicionar el vínculo amoroso que mantenemos con nosotros?

La respuesta es sí. Echarnos a un lado e ignorar nuestra opinión para buscar la aprobación de los demás es una forma de practicar la infidelidad hacia nosotros.

Así, tener miedo a mostrar quiénes somos y fingir ser quienes los demás quieren o desean tiene sus consecuencias. La más importante de todas: ocultar y traicionar nuestra esencia, aquello que nos convierte en únicos e irrepetibles. Profundicemos. 

¿Qué es la infidelidad?

La infidelidad, infidelitas en latín, tiene lugar cuando un individuo no respeta la lealtad que tiene acordada con alguien y traiciona así su confianza. Esta se puede dar de muchas formas, pero lo más importante es tener en cuenta cuáles fueron los acuerdos -implícitos o explícitos- que en un primer momento se establecieron con la otra persona para determinar el significado individual y en conjunto de infidelidad.

Así, cuando esta ocurre rompe el hilo de la confianza entre dos personas. De esta manera, uno de los pilares principales que sostienen el vínculo se desvanece. Es entonces cuando aparecen síntomas como la inseguridad, la irritabilidad, el miedo, la labilidad emocional y el rechazo.

Por el contrario, para mantener una relación sana hacen falta ingredientes como el apoyo, la confianza, la protección, la seguridad y, sobre todo, la aceptación total de uno mismo y del otro. Si se sigue bien la receta, el pastel puede salir exquisito.

Mujer triste pensativo

La infidelidad con nosotros mismos

Pese a que la infidelidad es situada de forma habitual en las relaciones de pareja, es cierto que puede darse en el ámbito personal, en la relación que tenemos con nosotros mismos. Nos sorprenderíamos si reflexionásemos sobre las veces que nos hemos ignorado, pasado por encima o avergonzado con tal de buscar la aprobación de los demás.

La autoconfianza es un ingrediente difícil de conseguir, sobre todo para quienes están constantemente debatiéndose entre ser ellos mismos o amoldarse a lo que los demás esperan de ellos. Esto último puede tener mucha fuerza si se tiene miedo al rechazo. De hecho, muchas personas con tal de no sentirse rechazadas son capaces de negarse a sí mismas por completo.

En estos casos, buscar la aprobación de los demás se convierte en una prioridad, otorgando poca o nula importancia a sus creencias y emociones. De este modo, la persona es infiel a sí misma, a sus gustos, valores y preferencias y cultiva la semilla de la inseguridad, lo cual deriva en un continuo cuestionamiento en relación a quién es y quién desea ser.

“Un hombre que no encuentra satisfacción en sí mismo la buscará en vano en otras partes”.

-La Rochefoucauld-

La culpa y el deseo por buscar la aprobación de los demás

La infidelidad crea un juego peligroso: busca el incremento del deseo, pero, al mismo tiempo, experimenta culpa por la ruptura con los propios valores. Así, no es extraño que buscar la aprobación de los demás genere un aumento exponencial de autoestima y felicidad; eso sí de duración muy limitada.

La aprobación de los demás actúa como el vaivén de las olas: de momento nos genera esa sensación de satisfacción y al rato nos la arrebata al cambiar las normas sociales. De ahí que sea tan importante echar el ancla en nuestro interior; porque lo que permanecerá acorde con nosotros mismos es nuestra esencia. Pero, ¿qué nos lleva a valorar más la opinión de otras personas que la nuestra?

El ingrediente fundamental para crear y mantener un vínculo es la aceptación de uno mismo y del otro. El problema es que el vínculo suele ser entendido como la relación con otra persona y nos olvidamos de que la primera persona con la que tenemos que saber relacionarnos es con nosotros mismos. 

Así, aceptar quiénes somos y qué queremos, pese al posible desajuste que puede existir con lo que el mundo reclama, es el sostén de la autoconfianza, el pilar al que podemos agarrarnos para ser fiel a nosotros mismos.

Mujer abrazándose a sí misma

Yo y mi personaje

Cuando ocurre una infidelidad, todo en lo que se creía y en lo que se habían proyectado los planes de futuro desaparece. De repente, la realidad se rompe y se instala la desconfianza fruto de esa situación y la desilusión por un futuro que ha dejado de existir. De esta forma, es normal que la persona a la que le han sido infiel se sienta perdida.

Esto es lo que puede ocurrirnos cuando comenzamos a ser conscientes de la traición que nos hemos hecho a nosotros mismos: nos sentimos perdidos, sin saber qué hacer ni cómo actuar. Hemos estado tanto tiempo bajo el manto de un personaje ficticio que ser nosotros mismos nos da pánico. 

Ya no sabemos qué queremos en realidad, ni si lo hacemos por iniciativa propia o porque los demás lo esperan de nosotros. Es como una lucha entre el personaje que hemos inventado y nuestra verdadera esencia; una batalla compleja que si la llevamos a cabo de forma adecuada puede darnos poderosos frutos.

“Solo nos convertimos en lo que somos a partir del rechazo total y profundo de aquello que los otros han hecho de nosotros”.

-Jean Paul Sartre-

Ahora bien, que sea difícil no quiere decir que sea imposible. Hacer las paces con nuestra identidad reprimida es más fácil que con otra persona. Al fin y al cabo, quien nunca nos fallará será nuestra esencia. Por lo tanto, cógete de la mano y acéptate igual que aceptas a los demás.