Cantar también nos hace felices según la ciencia

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 12 noviembre, 2018
Valeria Sabater · 12 noviembre, 2018
Cantar también nos hace felices. Esta práctica nos regala una dosis de entusiasmo e incluso induce un sentimiento de alegría y positividad en enfermos de Alzheimer y Parkinson.

En la ducha, en casa mientras escuchamos música y nadie nos oye, con amigos… Cantar también nos hace felices, esta práctica tan universal nos llena de serotonina y oxitocina, y es una inyección de entusiasmo sensacional al alcance de todos. Aún más, se ha podido ver que hasta las personas con Alzheimer reaccionan y despiertan con alegría cada vez que se les anima a cantar.

Decía Edith Piaf que cantar es una forma de escapar a otro mundo. Sin embargo, psicólogos y neurocientíficos no están del todo de acuerdo con esta idea; en realidad, la musicoterapia es un canal sensacional para conectar con los demás, para despertar esas emociones que nos ayudan a establecer vínculos más intensos con los demás.

Por ejemplo, en un estudio publicado en The Journals of Gerontology pudo verse que cuando nuestros mayores empiezan a ir a algún coro comunitario para cantar, se reduce la sensación de soledad y su salud mejora. No podemos dejar de lado el hecho de que a partir de los 65 años, es muy común que aparezca entre este grupo poblacional el riesgo de sufrir depresiones asociadas al aislamiento social.

Por tanto, algo tan simple como formar parte de un grupo con el que ser partícipe de la música mejora la interacción y genera cambios muy positivos a nivel emocional, cognitivo y también físico. Asimismo, cabe señalar que prácticas tan cotidianas como cantar en la ducha para nosotros mismos, también actúa como un botón de reinicio capaz de darnos energías, felicidad y una buena dosis de positividad…

“No canto para ser feliz, soy feliz porque canto”.

-William James-

chico que disfruta al cantar en su coche

Cantar también nos hace felices porque el cerebro adora la música

La felicidad, al fin y al cabo, se experimenta a través de los actos más simples. Buena compañía, una tarde de descanso, una comida con amigos… Ahora bien, cantar también nos hace felices por un hecho tan básico como fascinante: nuestro cerebro adora la música.

  • Podríamos decir que esa historia de amor con este arte ancestral es algo que siempre ha acompañado a la humanidad, y que la ciencia, por su parte, se esfuerza cada día en explicar.
  • Por otro lado, el teórico musical Leonard Meyer nos explica en su libro Emoción y significado en la música que el cerebro experimenta una especie de shock placentero con cada pieza musical, con cada nota que nos atrevemos a entonar cuando cantamos en voz alta.
  • Es una experiencia que nos desafía al mismo tiempo que nos confiere una grata sensación de seguridad.

Aún más, los científicos nos señalan que en nuestro oídos hay una estructura tan interesante como básica para el canto: es el sáculo. Esta pequeña parte del oído interno responde a las frecuencias que se crean mientras cantamos. Esa respuesta fisiológica nos genera placer, esas vibraciones inducen al cerebro a un estado de calma tan catártico como beneficioso, casi mágico…

Cantar para mejorar nuestro estado de ánimo

Decía Pablo Picasso que para pintar y dibujar hay que cerrar los ojos y cantar. Si nos damos cuenta, esta práctica, la de cantar por lo alto o por lo bajo, musitar o tararear es una costumbre recurrente en muchos de nosotros mientras llevamos a cabo otras tareas. Así, es muy común cantar mientras conducimos, mientras hacemos deporte, ordenamos la casa o incluso cuando trabajamos.

El canto mejora el estado de ánimo. Libera endorfinas, produce serotonina y reduce además nuestro nivel de cortisol, la hormona del estrés. Asimismo, estudios, como el llevado a cabo en la Universidad de Frankfurt; nos revelan que cantar fortalece nuestro sistema inmunitario e incluso mejora la respiración, la flexibilidad del diafragma y la salud pulmonar.

Ahora bien, uno de los beneficios más destacables y del que ya hemos hecho referencia al inicio, es el que genera en las personas con enfermedades neurodegenerativas. Es más, la propia “Sociedad de Alzheimer” de Estados Unidos, por ejemplo, lleva a cabo desde hace años lo que denominan como “Canto para el cerebro”.

Se ha podido ver que cantar mejora el estado de alerta de los ancianos con esta enfermedad. Les ayuda a conectar con los demás de manera positiva, disfrutan, se ríen, son más receptivos a la comunicación y a la interacción, están más concentrados para realizar determinadas tareas y su estado de ánimo mejora.

Por otro lado, otro aspecto que han podido comprobar expertos en el campo de la discapacidad intelectual como Tom Shakespeare y Alice Whieldon, de la Universidad de East Anglia, es que personas con problemas mentales, se benefician enormemente de los talleres de canto. Se reduce el estrés y la ansiedad, ganan en seguridad personal y en habilidades sociales.

mujer representando la relación entre cantar y el alzheimer

Podríamos decir que, de algún modo, cantar es ese ejercicio por el cual nuestro cerebro siempre se va a sentir recompensado. La música es ese otro tipo de lenguaje que actúa como algo más que una producción meramente cultural. Es ese espacio donde todos coincidimos, es ese tipo de comunicación donde no hacen falta palabras.

Es también ese rincón del cerebro que casi siempre permanece intacto ante enfermedades como el Alzheimer y el Parkinson, y que nos permite tomar contacto con lo más valioso del ser humano: las emociones.

  • Julene K. Johnson, Anita L. Stewart, Michael Acree, Anna M. Nápoles, Jason D. Flatt, Wendy B. Max, Steven E. Gregorich. "A Community Choir Intervention to Promote Well-being among Diverse Older Adults: Results from the Community of Voices Trial." The Journals of Gerontology: Series B (First published: November 9, 2018) DOI: 10.1093/geronb/gby132
  • Tom Shakespeare and Alice Whieldon. "Sing Your Heart Out: Community Singing as Part of Mental Health Recovery." Medical Humanities (First published online: November 25, 2017) DOI: 10.1136/medhum-2017-011195
  • Meyer, Leonard (2001) Emoción y significado en la música. Madrid: Alianza Editorial