Células de lugar, el GPS de tu cerebro

El uso del GPS del móvil hace que dejemos de estimular nuestro GPS cerebral. Hablamos de unas áreas muy arcaicas que nos han ayudado desde hace siglos a ubicarnos y protegernos de potenciales amenazas.
Células de lugar, el GPS de tu cerebro
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 12 abril, 2022

De un tiempo a esta parte, la ciencia nos alerta cada vez más sobre algo bastante llamativo. Las aplicaciones de navegación GPS están mermando nuestras capacidades de ubicación geoespacial, esas que hemos desarrollado a lo largo de nuestra evolución, gracias a las células de lugar del cerebro. Estamos dejando en manos de la tecnología tareas que siempre han sido nuestras.

Algo tan básico como saber ubicarnos y guiarnos por diversos escenarios ha sido algo esencial en el ser humano. Gracias a esos mapas mentales que desarrollamos sobre cada punto por el que nos movemos, podemos guiarnos de un sitio a otro con eficacia y agilidad. Es más, fortalecemos la memoria, así como ese sistema de localización mental tan básico para nuestro día a día.

En la actualidad, tal y como afirma un estudio de Microsoft publicado en la revista Scientific Reports, el uso recurrente de las nuevas tecnologías hace que el cerebro sea cada vez menos hábil en esta competencia. Y esto afecta de manera irremediable a nuestra salud cognitiva e incluso a la oportunidad de tener una vejez saludable.

Debemos mantener un cerebro activo y esto implica lograr que nuestras células de lugar se mantengan ágiles y dispuestas a procesar información por sí mismas. Profundizamos en ellas para conocerlas mejor.

La ciencia nos dice que a estimulación del hipocampo se deteriora a menudo que hacemos un masivo y constante del GPS. 

Persona entre dos caminos activando sus células de lugar
El área cerebral encargada de favorecer nuestra orientación es el hipocampo.

¿Qué son las células de lugar?

Las células de lugar son un conjunto de neuronas que responden cuando nos encontramos en una localización específica. Lo que hacen es crear un mapa mental a medida que nos movemos, calculando distancias, tiempos, emplazamientos y memorizando detalles. Se trata de un tipo de competencia espacial que poseen tanto los animales como el ser humano.

Por ejemplo, los taxistas son uno de los colectivos con mayores habilidades visoespaciales. De hecho, la ciencia lleva tiempo estudiando sus cerebros y la manera en que trabajan sus células de lugar. Es más, una investigación del University College London destaca algo llamativo. Sus cerebros poseen un gran hipocampo posterior.

El hecho de que un taxista disponga de un hipocampo más desarrollado que el resto no es casual. Y no lo es porque es en esta estructura donde se localizan esas neuronas tan singulares; esas que conforman nuestro GPS cerebral.

La autolocalización y orientación ha sido desde siempre una competencia básica tanto para el ser humano como para el reino animal.

Saber a dónde ir y de dónde venimos, una función del hipocampo

Descubrir que el hipocampo es parte decisiva en la orientación espacial cotidiana fue poco más que una sorpresa. Al fin y al cabo, dicha área se relaciona con los procesos de la memoria y de aprendizaje, pero cuando se supo que su relación con la navegación espacial, la sorpresa fue mayúscula.

Fue en 1970 cuando O’Keefe y Nadel publicaron El hipocampo como mapa cognitivo, un trabajo en el que ya postulaban esta idea. Aunque no fue hasta el 2008 cuando en un estudio de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología se demostró (en modelos animales) esta idea.

Las células de lugar se ubican en el hipocampo y, gracias a ellas, sabemos a dónde ir y de dónde venimos sin perdernos, algo esencial para la propia supervivencia… Es más, ha podido verse que el área del hipocampo CA3 forma representaciones independientes o puntos de referencia de cada entorno o escenario por el que nos movemos.

Creamos mapas cognitivos a medida que exploramos nuevos entornos

Imaginemos que aparcamos el coche en el parking de un gran centro comercial. Lo primero que hacemos es retener en nuestra memoria alguna referencia que nos permita localizar el vehículo. Miramos alrededor, retenemos detalles y después, nos alejamos de allí, pero sin perder de vista qué escenario es el que rodea al coche.

Lo que hemos hecho es explorar el entorno y crear un sofisticado mapa mental, ese que nos permitirá después ir evocando cada matiz, referencia y perspectiva que rodeaba a ese lugar que hemos retenido en la memoria. Se trata de un sistema de navegación interna que activa esas células de lugar que actúan como un sistema de coordenadas internas.

Cuando se activan, crean una especie de puntos que forman una rejilla hexagonal convirtiéndose en el centro neurálgico de nuestra navegación y memoria. Nuestro cerebro puede ser tan eficaz como una aplicación móvil…

chica ante camino activando sus células de lugar
Los pacientes con Alzheimer o daño en el hipocampo siempre evidencian problemas en su orientación.

Células de lugar y plasticidad cerebral

Las células de lugar del hipocampo son un claro ejemplo de lo que es la plasticidad cerebral. Ante cada escenario diferente y desconocido, se generan nuevos mapas cognitivos para que podamos orientarnos. Esas nuevas conexiones cerebrales actúan como un motor interno que hace del cerebro un órgano más plástico, más hábil y resistente.

Las personas con alzhéimer o daño cerebral en el hipocampo, por ejemplo, sufren un gran impacto en las tareas de orientación espacial. Se sienten perdidos y confundidos en entornos familiares. Pueden perderse al ir a comprar, al volver de un paseo e intentar recordar cuál es el camino a casa. No solo no pueden evocar esos mapas mentales creados hace décadas, sino que además, son incapaces de crear otros nuevos.

El test de las cuatro montañas es muy útil para valorar la posible pérdida de densidad de las células de lugar y de los patrones de actividad de orientación espacial. Asimismo, no podemos terminar este artículo sin destacar nuevamente lo señalado al inicio.

Si usamos de manera pasiva y constante los GPS y sus instrucciones audiovisuales, el cerebro dejará de decodificar los entornos por los que se mueve. Ya no seremos exploradores, sino seres obedientes de la tecnología que van perdiendo habilidades de orientación, memoria, planificación y cognición. Todo ello tiene un serio impacto en nuestro bienestar y en la vejez.

Evitemos delegar (en la medida de lo posible) todas esas tareas mentales que, hasta no hace mucho, podíamos hacer sin ayuda de nadie… Saber orientarnos es una capacidad que siempre ha definido al ser humano. No la perdamos.

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