Cerebro del embarazo: cambios en la estructura y el tamaño durante años

13 marzo, 2020
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Cristina Roda Rivera
Durante todo el proceso de gestación se producen cambios a nivel cerebral en la madre que favorecen una atención específica a las necesidades del bebé. Algunos estudios señalan que estos cambios modifican para siempre ciertas estructuras. Sin embargo, hay otras corrientes que señalan que estas variaciones son temporales.

Hay una corriente teórica y científica que señala que el cerebro del embarazo es real y dura más de lo que se pensaba. Esta hipótesis recoge la identificación de un fenómeno que muchas mujeres durante el embarazo ya detectaron.

Muchas madres están familiarizadas con la momnesia o la amnseia de las madres que puede ocurrir durante la gestación. Un estudio publicado en la revista Natural Neuroscience sostiene que, junto con los cambios físicos hormonales, emocionales, químicos y externos, el embarazo altera las regiones del cerebro incluso dos años después de que una mujer dé a luz.

Estos cambios marcados también son muy útiles. Ayudan a la capacidad de la madre para vincularse y prestar atención al recién nacido. Implican la poda del tamaño y la estructura de ciertas áreas del cerebro que procesan información social, como los sentimientos, intenciones, pensamientos o creencias de los demás.

Existen estudios que apuntan a que este cambio es muy profundo y duradero en la estructura cerebral. Otros estudios en los que se señala lo esporádico de estos cambios debido a más factores circunstanciales propios del embarazo. Veamos en qué consisten estas dos posturas sobre la existencia del cerebro del embarazo.

Mujer embarazada viendo una ecografía

El cerebro del embarazo

Un equipo de científicos dirigido por Oscar Vilarroya y Susanna Carmona de la Universidad Autónoma de Barcelona se propuso investigar el cerebro del embarazo.

Analizaron las imágenes de resonancia magnética (IRM) de 25 madres primerizas antes y después de sus embarazos y 19 de sus parejas masculinas. También analizaron un grupo de control de 20 mujeres que nunca habían estado embarazadas, así como 17 parejas masculinas adicionales.

Durante un período de cinco años, los investigadores tomaron imágenes de resonancia magnética de los participantes del estudio a intervalos regulares. Estas exploraciones revelaron cambios en el cerebro de las mujeres embarazadas. Específicamente, hubo una reducción en la materia gris en las cortezas prefrontal y temporal.

Estas son áreas que se corresponden con la cognición social y el procesamiento autocentrado. Curiosamente, estos déficit no crearon una lucha cognitiva, sino que en realidad mejoraron ciertas funciones. «Los hallazgos apuntan a un proceso de adaptación relacionado con los beneficios de detectar las necesidades del niño«, dijo Vilarroya, «como identificar el estado emocional del recién nacido«.

Los cambios en los cerebros de las mujeres embarazadas que se muestra en los escáneres fueron tan frecuentes y consistentes que los científicos pudieron determinar si una mujer había estado embarazada antes con solo mirar un escáner cerebral.

Los científicos también pudieron predecir el apego de una madre a su recién nacido basándose en los cambios cerebrales.

Cerebro del embarazo: una cuestión más que pasajera que permanente

Es 100 % normal tener lapsus de memoria o ser olvidadizo cuando estás ocupado, estresado o con poco sueño, dice Christenson Jane Martin, MD, directora del Centro de Pruebas y Evaluación Neuropsicológica del Centro Médico Mount Sinai de Nueva York. Cuando no se duerme lo suficiente y se hacen múltiples tareas, la memoria no es buena. No se es cognitivamente agudo cuando no se ha dormido bien.

Los niveles hormonales crecientes y las nuevas prioridades pueden ayudar a explicar qué ocurre durante el embarazo en el cerebro.

«Hay de 15 a 40 veces más progesterona y estrógenos que marinan el cerebro durante el embarazo«, dice Louann Brizendine, MD, directora de la Clínica de Humor y Hormonas para Mujeres de la Universidad de California en San Francisco.

Estas hormonas afectan a todo tipo de neuronas en el cerebro. Cuando la mujer da a luz, hay enormes oleadas de oxitocina que hacen que el útero se contraiga y que el cuerpo produzca leche y también afectan los circuitos cerebrales.

Cerebro en el embarazo: una cuestión de prioridades

El embarazo también baraja lo que llama su atención. Su coeficiente intelectual no cambia, pero sus prioridades sí. Si solo tienes algunos estantes en tu cerebro, los tres primeros están llenos de cosas para bebés.

Un estudio británico muestra que las hormonas también pueden afectar la memoria espacial, que incluye recordar dónde están las cosas, en mujeres embarazadas y nuevas mamás .

El cerebro durante el embarazo es la sensación de entrar a una habitación, ir tras algo y no recordar lo que fuiste durante unas cinco o diez veces al día.

También puede haber un aspecto evolutivo. La experta en salud de la mujer, Donnica Moore, MD, dice: «Se ha postulado que, desde un punto de vista evolutivo, este deterioro de la memoria puede ser útil para que las mujeres se olviden de otras cosas y se centren en cuidar al niño«.

Muchas mujeres embarazadas y nuevas mamás pasan mucho tiempo pensando en los cambios que traerá un bebé o en el cuidado de su recién nacido. Como resultado, su memoria a corto plazo puede sufrir.

Madre sujetando la mano del bebé

Cómo ayudar a la memoria

Donnica Moore dice que si una persona, en este contexto, se siente mermada en sus funciones cognitivas, de alguna manera está recibiendo el primer aviso de que «necesita simplificar otras áreas de su vida porque la vida está a punto de ser mucho más complicada, aunque por momentos también gratificante«.

Después de que llegue el bebé, suele destacar la falta de sueño. Brizendine dice: «Las mujeres acumulan hasta 700 horas de deuda de sueño en el primer año después de tener un bebé y eso hace que sus cerebros no estén en su mejor momento para otras cosas que no sean cuidar al bebé«.

Por tanto, la neuroimagen nos muestra hasta dónde llegan esos cambios de funcionamiento. Sin embargo, son los factores ambientales, el apoyo social y la atención médica y psicológica lo que determinará que esos cambios o sus consecuencias sean permanentes.

Lo que tienen en común ambas posturas es la sincronización de ciertas funciones cerebrales en la madre para que el cuidado del bebé sea satisfactorio, aunque se diferencien en el tipo de atribución.