Chavela Vargas, biografía de un icono mexicano

Edith Sánchez · 29 julio, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 29 julio, 2019
La voz y la interpretación de Chavela Vargas no se parecen a ninguna otra de su género. Se hizo famosa en todo el mundo con la interpretación de “Piensa en mí”, para la película “Tacones lejanos”, pero a esas alturas ya traía toda una trayectoria y toda una historia tras de sí.

Chavela Vargas es una de esas mujeres que se dan una vez por siglo. Fue el gran ícono de la música mexicana y una figura que pasó por la vida despertando la admiración de unos y la sorpresa de otros. Su voz y el sentimiento que le puso a cada una de sus interpretaciones son un legado valioso para la historia de la música.

Uno de los aspectos curiosos de Chavela Vargas, el ícono mexicano, es que ni se llamaba Chavela ni había nacido en México. Su verdadero nombre era María Isabel Anita Carmen de Jesús Vargas Lizano y había nacido en un pueblito llamado San Joaquín de Flores, en la provincia de Heredia (Costa Rica). A ella se le adjudica la famosa frase de “Los mexicanos nacemos donde nos da la gana”.

Cuando eres verdad, te impones”.

-Chavela Vargas-

Comenzó su carrera musical de una forma relativamente tardía, a los 30 años. Desde el principio encantó con su voz rasgada, simulando a un hombre ebrio, y el minimalismo musical que la llevaba a cantar acompañada solamente por una guitarra.

Chavela Vargas

Chavela Vargas y el desamor en su infancia

Chavela Vargas nació el 17 de abril de 1919, en Costa Rica. Creció siendo una niña triste. Su familia era excesivamente religiosa y llena de prejuicios. Ella no era como otras niñas. En su apariencia había algo que no encajaba y por eso sus padres se avergonzaban de ella. Cuando llegaba una visita, le pedían que se escondiera.

Desde los 8 años comenzó a cantar y ya nunca dejaría de hacerlo. Chavela no jugaba con muñecas. Era retraída y solitaria. Sus padres se divorciaron cuando ella era aún muy joven. Ninguno de ellos quiso hacerse cargo de la jovencita extraña que cantaba desde el alma. Por eso fue a vivir con unos tíos suyos y poco después enfermó de poliomielitis.

A los 17 años, harta del desamor, se marchó a México a buscar una nueva vida. Comenzó a cantar en centros nocturnos, vestida con tacones y perfectamente maquillada. Más adelante diría que se sentía “como un travesti” cuando lo hacía.

Así que bien pronto decidió cortarse el cabello, ponerse pantalones, que en ese entonces no eran usados por las mujeres, y echarse encima un poncho para cantar. Y claro, también se instaló un revólver al cinto, para que no se dudara del mensaje que quería transmitir.

Una huella en la música mexicana

José Alfredo Jiménez, el gran compositor e intérprete mexicano, quedó fascinado con su presencia escénica. Se volvieron amigos y “compañeros de parranda”. Con él hizo muchas giras y probablemente fue entonces cuando se aficionó decididamente al alcohol. Con él actuaba en clubs y cabarets, pero nunca en los grandes teatros.

Por esos tiempos conoció a la gran pintora Frida Kahlo, con quien, aparentemente, tuvo una relación sentimental. No fue su única amante. Sus devaneos sentimentales no fueron muy conocidos, porque casi todos transcurrieron en medio del secreto.

Se sintió devastada con la muerte de José Alfredo Jiménez y esto la sumergió en su adicción al alcohol. Llegó a retirarse completamente de los escenarios y a vivir de la caridad de sus amigos y conocidos. Dos amigas suyas le ayudaron a salir de ese foso y luego fue contratada para ir al que sería otro de los países entrañables para ella: España.

Chavela Vargas

El fin de una vida, el comienzo de una leyenda

En España, comenzó una nueva etapa de su vida, exitosa y feliz. Su ángel guardián y promotor fue el famoso cineasta Pedro Almodóvar. Él ha declarado que desde tiempo antes lloraba con las canciones de Chavela Vargas. Cuando la conoció personalmente, se hicieron íntimos amigos. Varios temas de la Vargas fueron empleados en sus películas.

España le dio una nueva proyección a su carrera y a su vida. Chavela Vargas fue una gran amiga de sus amigos y en España construyó amistades eternas. Joaquín Sabina, por ejemplo, o el propio Almodóvar y Miguel Bosé. De México ya traía grandes amigos, como Gabriel García Márquez, con quien cenaba una vez al año, estuvieran donde estuvieran.

A los 80 años, Chavela se lanzó de un paracaídas. A los 90, todavía agotaba boleterías durante sus presentaciones. A los 94, la encontró la muerte, en su México amado, tras un tortuoso viaje a España en el que prácticamente se había despedido. Murió un domingo, como ella quería. Así lo había dicho, porque no deseaba “arruinarle el fin de semana a nadie”.

  • Le Franc, R. (2009). Chavela Vargas:" la ídola". Revista Herencia, 22(2).