Clara Schumann, la pianista del Romanticismo

Ines Gómez · 19 septiembre, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 19 septiembre, 2019
Aunque su trabajo como compositora es menos conocido, gran parte de las piezas de su marido, el célebre Robert Schumann, fueron editadas y mejoradas por ella.

Si pensamos en la figura de la mujer en el siglo XIX, posiblemente nos llevemos las manos a la cabeza. Si, además, le añadimos atributos artísticos como el virtuosismo musical, directamente imaginaremos a una lánguida e insatisfecha joven, triste, apática y sumisa. Pero eso es, claramente, porque no conocemos a Clara Schumann.

En una época marcada por el recato, las «buenas maneras», la religiosidad exacerbada y la austeridad, el rol de las féminas era, cuanto menos, servilista. Condenadas a las labores del hogar y a la crianza de sus hijos, millones de mujeres abandonaron sus ansias de conocimiento sin alternativa, abatidas.

Solo algunas permanecieron impasibles, gracias a, todo sea dicho, una buena posición económica familiar. Una de ellas fue la gran compositora y pianista Clara Schumann.

Clara Schumann: una niña prodigio

Hija de un maestro de piano y de una renombrada cantante y pianista, fue formada por su padre para convertirse en una concertista de éxito. Desde muy pequeña practicaba infinitas horas al día para poder cumplir las expectativas paternas, aunque ella nunca se quejó al respecto.

Muy pronto empezó a realizar recitales que se convirtieron en su mejor carta de presentación. El primero fue en la famosa sala de conciertos Gewandhaus de Leipzig, y a este le siguieron otros tantos en una gira en París en 1830, que resultó ser su salto a la fama.

A raíz de sus primeros triunfos, Clara empezó a componer música, y en 1837 publicó su Cuatro Polonesas para piano. A esas alturas, ya tocaba también el violín y el contrapunto, además de poseer una melodiosa voz y un gran conocimiento musical.

Clara Schumann
Fotograma de la película Clara, sobre la vida de la pianista.

Sin embargo, a pesar de su innegable talento, la joven nunca se consideró lo suficientemente buena. Se comparaba constantemente con sus rivales masculinos; pensaba que era una mujer fea y, a menudo, se sentía muy presionada y agobiada por su padre.

«Alguna vez creí que tenía talento creativo, pero he renunciado a esta idea; una mujer no debe desear componer. Ninguna ha sido capaz de hacerlo, así que ¿por qué podría esperarlo yo?»

-Clara Schumann-

Aunque es cierto que compuso muy poco, sus obras son realmente brillantes. El porqué de su autoboicot podríamos encontrarlo en la constante ansiedad que le generaron diversos episodios de su vida.

El divorcio de sus padres, la muerte de algunos de sus hijos, el suicidio de su marido y su rol como abnegada esposa y madre (además de concertista) fueron hechos que la marcaron, y no precisamente para bien.

Robert Schumann y el comienzo del fin

Cuando Clara tenía 11 años, su padre acogió a un joven estudiante de piano, Robert Schumann. A pesar de la diferencia de edad (él era nueve años mayor), no tardaron en establecer unos lazos muy estrechos. Primero, como amigos; después, como amantes.

En 1937, al cumplir los 18 años, Clara y Robert pidieron permiso al padre de esta para poder casarse. El maestro de música se negó, y aquella reacción significó el comienzo del fin de su relación con Clara. 

Tras varios años de batallas legales, los jóvenes enamorados finalmente pudieron casarse. Fue el día antes de que Clara cumpliera 21 años, y, aunque posteriormente ella retomaría la relación con su progenitor de manera epistolar, las cosas nunca volvieron a ser como antes. 

El temor a que su hija estuviese con un «fracasado» lo apesadumbraba. Su hija trató de convencerle de que todo saldría bien, pero poco después Robert sufrió un accidente casero y una de sus manos se vio seriamente afectada. Esto truncó su carrera como pianista pero, lejos de ser una desgracia, le permitió dedicarse a la crítica musical y a la composición.

Dos hombres y un destino

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Retrato del compositor Johannes Brahms.

Durante años, Clara interpretó, editó y modificó las composiciones de Robert. A este le encantaba contar con la opinión de su mujer, a la que admiraba tremendamente. Sin embargo, la llegada de un nuevo personaje a sus vidas pronto lo trastocaría todo.

Johannes Brahms era un joven concertista que rápidamente se hizo amigo de la pareja. Iba a comer a su casa con asiduidad; compartían interesantes veladas y se llevaba bastante bien con los niños. Con la madre de estos, de hecho, conectaba de una manera muy especial, dado que ambos tenían sensibilidades muy parecidas.

Por eso, no resulta extraño que al final Brahms se enamorase de la pianista y le declarara su amor innumerables veces a pesar de que ella estuviera casada y fuese casi 15 años mayor. Poco se sabe del inicio o la duración de su relación; si bien es cierto que él estuvo apoyando a la familia antes y después de la muerte de Robert.

Tras el fallecimiento del compositor, ambos se mudaron a Viena con los hijos de ella, donde permanecieron hasta el fallecimiento de ambos, con un año de diferencia.

Finalizaba la brillante trayectoria musical de Clara Schumann en paralelo a su trayectoria vital: de forma suave, sutil, elegante y, a la vez…terriblemente trágica.

  • Reich, Nancy.B, (2001), Clara Schumann: The artist and the woman, New York, United States.