7 claves psicológicas para vivir sin miedo

El miedo es una respuesta emocional necesaria para garantizar la supervivencia. Sin embargo, en muchas ocasiones, esta reacción se apodera de las personas y no las deja vivir plenamente. Veamos como superarlo.
7 claves psicológicas para vivir sin miedo
Gema Sánchez Cuevas

Revisado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas.

Última actualización: 08 septiembre, 2022

¿Alguna vez te has sentido aterrado por tener que salir de tu zona de confort al percibir que la posibilidad de equivocarte aumentaba? Según Paulo Coelho, “solo una cosa vuelve un sueño imposible: el miedo a fracasar”. ¿Tanto pánico al fracaso o lo desconocido tenemos? ¿Es el terror un instrumento tan poderoso que nos paraliza y el miedo una emoción tan poderosa que termina con nuestra ilusión? ¿Es posible vivir sin miedo?

Son muchas preguntas, y las respuestas no siempre están claras. No hay que olvidar que el miedo es un mecanismo de defensa y protección inherente al ser humano. Pero no deja de ser eso, una herramienta, un instrumento, un instinto de conservación ante el peligro… Por tanto, nunca debería ser una forma de vida.

“El miedo es natural en el prudente, y el saberlo vencer es ser valiente”

-Alonso de Ercilla y Zúñiga-

 

¿Qué es el miedo?

El miedo es una emoción primaria cuya función adaptativa es alertarnos de posibles amenazas o peligros, indicándonos que debemos tomar medidas para protegernos (como escapar de la situación). Dicho esto, se trata de un mecanismo de defensa innato cuyo objetivo principal es mantenernos a salvo.

A nivel fisiológico el miedo se manifiesta con el aumento de la presión cardiaca, sudoración, dilatación de pupilas, descenso de la temperatura corporal y aumento de conductancia de la piel. Además, en algunas ocasiones, el estímulo elicitador de esta emoción puede generar una respuesta de sobresalto, especialmente cuando se produce de forma muy inesperada.

Mientras que a nivel subjetivo el miedo genera una gran sensación de malestar, preocupación, y en un gran número de ocasiones, la sensación de pérdida total del control.


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Cuando el miedo nos limita

El miedo es una respuesta emocional necesaria para garantizar la supervivencia, en tanto que nos advierte de los peligros y nos impulsa a afrontarlos o evitarlos. Sin embargo, en muchas ocasiones, esta reacción se apodera de las personas y no las deja vivir plenamente. 

En estos casos, el miedo se convierte en una barrera psicológica que nos obliga a mantenernos en nuestra zona de confort y no nos permite crecer como personas. Así,  esta emoción deja de ser un mecanismo de alerta ante los peligros y se convierte en una respuesta que nos paraliza, nos sabotea y nos convierte en personas inseguras que abandonan sus proyectos de vida mucho antes de comenzarlos.

¿Por qué sentimos miedo?

Como ya dijimos, sentimos miedo cuando estamos ante un peligro inminente, y la función es alertar al organismo para que se proteja. El mecanismo que subyace a esta respuesta emocional es relativamente sencillo:

  • En primer lugar, nuestros sentidos captan diferentes señales del medio y estas son procesadas, fundamentalmente, por el sistema límbico.
  • Si éste considera que existe un peligro potencial, desencadena una serie de reacciones fisiológicas (presentadas anteriormente) que nos permitirán actuar en consecuencia y en cuestión de pocos segundos.
  • En todo este proceso la dopamina desempeña un papel fundamental. Es decir, cuando hay una elevada concentración de dopamina en la amígdala, reaccionamos con más miedo y estrés.
  • Asimismo, el miedo está íntimamente asociado a las conexiones nerviosas que discurren entre la amígdala y el cíngulo anterior. La amígdala es la principal responsable de revisar toda la información proveniente del medio en la búsqueda de algún peligro; mientras que el cíngulo anterior llevaría un procesamiento más racional de esas emociones.
  • De esta forma, el cíngulo anterior actúa como un filtro que modera nuestra respuesta de miedo. Cuando la comunicación entre entre la amígdala y el cíngulo anterior se ve afectada, las personas sienten más temor y responden de manera exagerada ante los estímulos del medio.

Las diferencias en el funcionamiento cerebral podrían explicar por qué algunas personas son más propensas a tener miedo que otras. Aunque no debemos olvidar que, en la respuesta de miedo, también influyen otros factores, como: la seguridad en sí mismo, la educación recibida, las experiencias vividas, e incluso la cultura.

Los miedos más frecuentes

Todos llegamos a experimentar miedo cuando creemos que nuestra vida está en peligro, como por ejemplo, en un accidente automovilístico o en un atraco. Pero también podemos sentir esta emoción cuando anticipamos una amenaza que todavía no está presente, como cuando caminamos por un callejón oscuro y solitario a mitad de la noche.

Esto significa que no solo sentimos miedo cuando estamos ante un peligro inminente, sino cuando imaginamos que estamos en una situación amenazante. En este último escenario es común que surjan los miedos irracionales, aquellos cuya respuesta de miedo es totalmente desproporcionada al peligro que representa la situación.

El ejemplo por excelencia de miedos irracionales son las fobias, en donde la persona responde con un miedo intenso ante una situación que no representa un peligro real para su vida. Ahora bien, entre los miedos irracionales más comunes encontramos:

  • Miedo a hablar en público.
  • Miedo a fracasar.
  • Temor a la soledad.
  • Temor al cambio.
  • Miedo a interactuar con otras personas (ansiedad social)

Estos y otros miedos irracionales nos dejan estancados en nuestra zona de confort y nos impiden tomar los riesgos necesarios para crecer como personas. Es por ello que a continuación te enseñamos como vencer el miedo.



¿Cómo podemos vivir sin miedo?

Si quieres aprender a vivir sin miedo, sigue los siguientes consejos:

1. Elije vivir sin miedo o morirás arrepentido

Hombre frente al mar que sabe vivir sin miedo

Una trabajadora de cuidados paliativos que trataba a enfermos terminales descubrió que el arrepentimiento estaba presente en muchos de sus últimos días. Estas personas que estaban a punto de morir lamentaban no haber cumplido muchas de sus ilusiones y se sentían profundamente tristes por haber claudicado frente al miedo.

Era esa sensación de no haber exprimido la vida al máximo, de haberlo dejado para luego, la que encogía sus corazones. Muchos de ellos manifestaban que si tuvieran una segunda oportunidad no esperarían a mañana para hacer algo que les apetece hacer hoy… y que en muchas ocasiones hubieran preferido robar un beso, un abrazo o un día al trabajo y pedir perdón después.

2. Recuerda que el éxito no extirpa los miedos

Muchos confunden el éxito con la felicidad. Sin embargo, no tienen por qué ir necesariamente unidos. Algunos creen que una cartera más llena o una casa más lujosa son requisitos imprescindibles para una vida plena y en esta convicción entierran sus vidas. Por mucho que el dinero ayude, siempre es menos que lo que el pensamiento colectivo asegura.

Por otro lado, piensa que el éxito puede provocar mucho miedo. El terror a perder cuanto se ha construido puede ser una trampa terrible. De ahí, la importancia de mantener una actitud optimista y fe en uno mismo. De lo contrario, se puede entrar en pánico y perder todo lo logrado.

3. Dime con quién andas…

… Y te diré quién eres. Parece un dicho muy manido, pero los que viven con menos miedo tienden a rodearse de gente positiva y proactiva. Así que seleccionar sabiamente a quien estará a nuestro lado es una ayuda excelente para ser más felices y menos temerosos.

Grupo de amigos paseando y riendo

4. El futuro es mañana

Ya lo dijo Séneca,la verdadera felicidad es disfrutar el presente”. Esta frase nos lleva a recordar el miedo al mañana. Si vivimos constantemente preocupados por lo que ocurrirá en el futuro, es muy probable que el terror se apodere de nuestra mente.

“El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son”

-Tito Livio-

Quienes divagan en exceso pierden más el tiempo y, además, tienen la percepción de que pasa muy rápido. Esto les lleva a vivir excesivamente deprisa y sentir el pánico del vértigo, pues la vida se les escapa de las manos.

5. La actividad física es muy útil

Recordemos el popular mantra romano: “mens sana in corpore sano”. Pese a tener muchos siglos, nunca ha pasado de moda. De hecho, la actividad física tiene un efecto muy importante sobre nuestra actividad mental: logra que nos olvidemos por un rato de los miedos, las inquietudes y los problemas.

Ejercicios como la meditación, la música, el deporte o cualquier otra actividad física y mental ayudan a relajar nuestro cerebro. Es decir, que son una terapia excelente para vivir sin miedo, con mayor conciencia y menor temor.

6. Seamos agradecidos

Aunque parezca algo muy sencillo, es real. Así lo estimaron en el Jounal of Happiness Studies, donde concluyeron que un ejercicio tan simple como escribir cartas de gratitud generó un impacto positivo en los involucrados. Todos mostraron mejora de los niveles de satisfacción y en la valencia de sus emociones.

Piensa que escribir tiene un efecto catártico. De ahí que sea una actividad especialmente apetecible en los momentos de preocupación y tristeza. Cuando nos sentamos a ordenar letras de manera que reflejen lo que sentimos en realidad estamos dedicado un tiempo precioso a escuchar y analizar cómo nos sentimos.

7. Ayuda a otras personas

Manos agarrándose dando ánimos para vivir sin miedo

Ya que estamos siendo agradecidos, lleguemos hasta el final y ayudemos a los demás. Dedicar tiempo a otras personas genera la sensación de que lo aprovechamos más. Además es una fuente de satisfacción, que a su vez sirve como calmante ante la angustia y el desasosiego.

Para concluir, te recordamos que el miedo como emoción siempre estará en nuestras vidas, sin embargo en nuestras manos está decidir el poder que le concedemos. No queda mucho más que decir, salvo quizás que por intentarlo no perdemos nada. Parece evidente que salir de la zona de confort, superar el terror y vivir sin miedo tiene efectos terapéuticos evidentes. ¿Te atreves?

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