Coerción sexual: qué es y cómo se puede prevenir

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 5 diciembre, 2017
Judith Francisco · 5 diciembre, 2017

Se considera coerción sexual a cualquier tipo de conducta que se ejerce para forzar la voluntad sexual de otra persona. Dicha conducta se desarrolla a lo largo de un continuo en el que podemos encontrar distintas manifestaciones. Entre las más destacadas se encuentran la presión verbal, la utilización de sustancias tóxicas o el uso de la fuerza. Actualmente, las mujeres sufren esta coerción con una incidencia tan alta, que se considera de especial importancia encontrar una solución.

Es normal que, ante las cifras tan elevadas de muertes por violencia de género, nos preguntemos qué está causando estas conductas o dónde está el origen de las mismas. Pues bien, son múltiples los factores que pueden actuar conjuntamente, desde el nivel sociocultural al nivel personal. La cultura, el ambiente y los modelos de aprendizaje favorecen la existencia de actitudes, normas de género, valores, patrones sexuales, etc., que parecen encontrarse en la base de la coerción sexual.

Mujer con miedo en la cama

Factores asociados a la coerción sexual hacia las mujeres

Los factores de riesgo en los hombres se encuentran en la combinación entre la masculinidad hostil y algunas variables relacionadas con la motivación y la experiencia sexual. Pero, ¿qué significan estos términos realmente? A continuación explicamos cada uno de ellos:

  • Masculinidad hostil: se refiere a la necesidad del varón coercitivo de controlar y dominar a las mujeres.
  • Motivaciones y experiencia sexual: estos conceptos hacen referencia al exceso de confianza en algunos hombres en las habilidades sexuales, el interés por el sexo sin compromiso y la preocupación por estar siempre activos sexualmente y de manera eficiente.

Según el Modelo de Confluencia de Malamuth, la convergencia de ambas características es lo que lleva a los varones a implicarse en conductas sexualmente coercitivas.

Por otra parte, también se han llevado a estudio las conductas femeninas en relación a su vulnerabilidad a la coerción sexual. El factor de riesgo más importante para las mujeres es encontrarse con un varón que esté dispuesto a cometer una agresión sexual. Eso no quiere decir que las mujeres no podamos hacer nada para evitarlo. Algunos factores de protección que nos pueden ayudar son:

  • Autoeficacia en relación con la coerción sexual: las mujeres que creen que van a ser capaces de plantarle cara a una situación de este tipo, son aquellas que evitan más eficazmente las conductas sexuales no deseadas.
  • Expectativas negativas sobre el uso del alcohol.
  • Conducta asertiva ante las presiones verbales: es el factor de protección más importante. Hace referencia a saber expresar lo que nos parece bien o lo que no. Las mujeres asertivas son más capaces de evitar las conductas sexuales no deseadas ante un intento por parte de un hombre.

Programa de prevención de la coerción sexual

El objetivo de todo programa preventivo es reducir los factores de riesgo, en este caso tanto de los hombres como de las mujeres, así como fomentar los factores de protección. Hace unos años, el Ministerio de Educación puso en marcha un proyecto de investigación en el que se impartieron los siguientes contenidos:

  • Interacciones consensuadas vs no consensuadas: el objetivo es reconocer y diferenciar ambos tipos de interacción. Para ello, se puede llevar a cabo una lluvia de ideas en la que cada uno exprese su significado de libertad sexual o posibles formas de limitar la libertad sexual.
  • Expectativas y mitos sobre las relaciones sexuales y la coerción sexual: se trata de cuestionar la validez de estas creencias y tomar conciencia sobre cómo nos pueden conducir a la coerción. Algunos de los mitos más extendidos que se pueden analizar son: “las chicas muchas veces dicen sí incluso cuando quieren decir no” o “la masculinidad de un hombre se prueba en las relaciones sexuales”.
  • Evitación de las situaciones de riesgo: el objetivo es reconocer las situaciones que se asocian a la coerción sexual o a un alto riesgo de sufrirlo. Para ello, se puede proyectar un vídeo y resolver algunas preguntas tipo: “¿te parecen machistas algunos de sus comentarios?”.
  • Entrenamiento en asertividad y habilidades de comunicación: se trata de ser capaces de expresar lo que deseamos o no, así como de negociar o llegar a acuerdos sobre nuestras relaciones.

Mujer llorando con su terapeuta

En definitiva, conociendo el origen del problema y algunas de las medidas que se pueden llevar a cabo para solucionarlo, estamos dando un paso hacia adelante en favor de todas las mujeres. La violencia de género debe ser un tema prioritario en nuestra sociedad para que algún día dejemos de sufrir por ello.