¿Cómo afecta el confinamiento a nuestro cerebro?

Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
Cada uno afrontamos el confinamiento de un modo. Sin embargo, nuestro cerebro puede sufrir unos efectos muy particulares en el presente contexto. Conocerlos nos permitirá aplicar una serie de estrategias para cuidar mejor de nuestra salud mental.
 

Dependiendo de muchas circunstancias, el confinamiento nos puede afectar de una manera u otra. Cada uno vivimos una situación particular, en un contexto único y atravesamos a su vez unas circunstancias particulares. Por otro lado, dentro de la propia singularidad, todos estamos bajo una circunstancia que impone límites muy fuertes y extraordinarios, lo que nos condiciona de manera importante.

Si nos remitimos a estudios previos sobre este hecho, cabe señalar que no disponemos de trabajos concluyentes a los que hacer referencia porque nunca habíamos pasado por una realidad semejante. Sin embargo, sí podemos nombrar la investigación que se está realizando desde el  King’s College de Londres y que se ha publicado en la revista The Lancet.

En el 2003, se llevó a cabo un confinamiento en 10 países a causa del SARS, asimismo, también se disponen de datos de los aislamientos realizados cada año a causa del ébola. Todos estos datos nos dan, sin duda, una base para comprender qué efectos y qué consecuencias mentales pueden tener este tipo de contextos.

Por otro lado, y no menos interesante, también disponemos de trabajos impactantes sobre las consecuencias de los confinamientos carcelarios; aunque como podemos imaginar, la situación no es la misma que la que estamos viviendo ahora, hay elementos comunes.

 

Todas estas investigaciones nos ayudan a comprender qué impacto puede tener en el cerebro y qué estrategias podemos publicar para mejorar nuestra sensación de bienestar.

Hombre pensando en cómo afecta el confinamiento a nuestro cerebro

Consecuencias del coronavirus para nuestro cerebro

Los expertos avisan: quienes pueden sufrir más esta realidad es quien se encuentre solo durante el confinamiento. Sin duda, las personas de edad más avanzada son el colectivo más vulnerable.

Para entender qué consecuencias pueden tener las situaciones de encierro más severas, y solo como ejemplo más dramático, podemos hablar de Robert King, un hombre que pasó 29 años de su vida en la Penitenciaría Estatal de Louisiana.

Este hombre fue encarcelado por un crimen que no cometió y, hasta que fue liberado, tuvo que desarrollar estrategias mentales para resistir un encierro en completa soledad.

A pesar de su fortaleza mental, las consecuencias de pasar tres décadas en semejante situación fueron evidentes: problemas de memoria, problemas de orientación, dificultades para socializarse, trastornos del estado de ánimo, problemas de atención e incluso brotes psicóticos.

Nuestro cerebro no está preparado para vivir en entornos de completo aislamiento.

 

Afortunadamente, el contexto en el que estamos ahora es distinto: estamos confinados, pero mantenemos el contacto social con los nuestros a través de la tecnología.

Tenemos medios y herramientas, familia, amigos, vecinos y canales para entretener la mente. Un aislamiento en compañía o con estímulos constantes en los que centrarnos, amortigua los efectos negativos y eso es una ventaja.

Descubramos no obstante cómo afecta el confinamiento al cerebro.

¿En qué día estoy?

A medida que se alargan los días de confinamiento, podemos tener pequeños fallos a la hora de ubicar el día en que nos encontramos. La razón de ello es simple: seguimos unas mismas rutinas y llega un momento en el que hacemos lo mismo, sea lunes o sábado. Perdemos puntos de referencia.

Si hasta no hace mucho esperábamos el viernes, ahora nos focalizamos más en el momento inmediato, en intentar estar bien aquí y ahora, sin importar el día.

Sensación de alerta: va a pasar algo

Nuestro cerebro se lleva mal con la incertidumbre, cuando siente que está secuestrada nuestra capacidad para hacer planes. Admitámoslo, este es el leivmotiv que nos acompaña ahora.

 

Cada persona manejará esta dimensión de mejor o peor manera, pero en los casos más problemáticos, es común que uno empiece a sentir la sensación de que «va a pasar algo».

En caso de dar relevancia a esta idea y sensación, empezaremos a sufrir insomnio e incluso a dar paso a comportamientos dominados por el pánico. Tal  y como nos explica un estudio realizado en 2016 por neurocientíficos en el University College de Londres, debemos tener claro unos aspectos:

  • Ante la incertidumbre y no saber qué pasará mañana, el cerebro actúa alimentando el miedo.
  • Nos hará focalizar la atención en ideas negativas e irracionales.
  • Hay que controlar este enfoque centrándonos en el momento presente. No anticipes, preocúpate solo de estar bien aquí y ahora, dándonte lo que necesitas: descanso, una llamada, leer un libro…

Pensamiento excesivo: la sobrecarga mental

Una de las formas en que afecta el confinamiento a nuestro cerebro es el agotamiento mental. Casi sin darnos cuenta, empezamos a generar un pensamiento tras otro hasta crear un ovillo mental en el que quedar atrapados. Este efecto es también consecuencia directa del miedo y la incertidumbre.

 

Nos preocupan una gran cantidad de cosas y, evidentemente, preocuparse en un contexto como el actual es comprensible. Sin embargo, tengámoslo claro: todo tiene un límite. Si dejamos que esa sobrecarga mental aumente cada día más, llegará el demonio de la ansiedad.

Para abordar esta situación hay una estrategia. Limitemos la preocupación a uno o dos momentos del día. Cuando surja la preocupación la aceptaremos y analizaremos cada pensamiento con calma.

Nos preguntaremos si esa idea es real o si es solo un pensamiento catastrofista. Si ese pensamiento no es útil y si solo empeora nuestro malestar, lo dejaremos ir.

Altibajos emocionales

¿Quién no los ha sufrido ya? Los altibajos emocionales son perfectamente normales en estas circunstancias. Pasar de la efusividad a la dejadez, de la motivación al desánimo y de la ilusión al miedo es algo por lo que todos estamos pasando. Debemos aceptar estas vivencias emocionales como una parte más de nuestro mecanismo de supervivencia.

Sin embargo, es esencial no dejar que los estados más negativos nos hagan caer en un estado de indefensión. El miedo y la tristeza deben ser nubes pasajeras. Se instalan unos minutos y después deben escampar.

Sensación de irrealidad: nuestra vida de antes nos parece cada vez más lejana

Esta es otro fenómeno curioso sobre cómo afecta el confinamiento a nuestro cerebro. Es de hecho, algo muy similar a lo que experimentan las personas que han estado en cámaras de aislamiento sensorial. De pronto, nuestra vida de antes nos parece lejana y casi irreal. Lo que somos o éramos antes parece desdibujarse.

Es un efecto del cerebro. Este órgano nos hace tener la sensación de que han pasado meses desde que salimos por última vez con normalidad a la calle. Ante ello, podemos configurar la siguiente reacción:

  • Mantengámonos activos en esas tareas que se relacionan con nuestro trabajo.
  • Cuidemos de la interacción con los nuestros. Cada vez que hagamos una llamada o videollamada, intentemos recordar con esos amigos o familia, los buenos ratos vividos.
  • Pongamos metas para el futuro cercano. Convenzamos a nuestro cerebro de que esto va a pasar y de que tenemos objetivos y sueños que cumplir.

Para concluir, lo que estamos viviendo ahora es único y excepcional. Es difícil prever cómo reaccionará cada persona, es evidente, pero por término medio, todos estamos afrontamos esta misma situación como bien podemos. En nosotros hay recursos excepcionales para hacerlo del mejor modo.

 
  • Brooks, S. K., Webster, R. K., Smith, L. E., Woodland, L., Wessely, S., Neil Greenberg, Fm. James Rubin, G. (2020). The psychological impact of quarantine and how to reduce it: Rapid review of the evidence. The Lancet6736(20). https://doi.org/10.1016/S0140-6736(20)30460-8