¿Cómo afecta el maltrato en la pareja a los hijos?

Laura Reguera · 10 noviembre, 2017

Afortunadamente, cada vez somos más conscientes de las innumerables consecuencias del maltrato en la pareja. Se ha puesto de relieve el daño físico y el peligro real de muerte para la mujer, pero también se hace cada vez más hincapié en que no solo duelen los golpes.

Los perjuicios son también psicológicos. Y no solo para ella. Es importante tomar conciencia de que los hijos también sufren. Son testigos silenciosos de una situación incontrolable y llena de violencia, de la que muchas veces se sienten responsables… Pero, ¿cómo les afecta esto a nivel psicológico?

“Es abuso, cualquier comportamiento encaminado a controlar y subyugar a otro ser humano mediante el recurso al miedo y la humillación, y valiéndose de ataques físicos o verbales”

-Susan Forward-

Adolescente triste por las consecuencias del maltrato en la pareja

Las consecuencias del maltrato en la pareja sobre el apego de los hijos

Cuando un niño nace, tiene varias necesidades, como son las de protección, amor parental, estabilidad o socialización. Si estas se ven satisfechas de forma adecuada y consistente, el pequeño desarrolla su confianza en los cuidados de sus padres, además de creerse merecedor de los mismos.

Si se da una situación de maltrato en la pareja, todas estas necesidades pueden quedar de alguna manera descubiertas. Es muy difícil que en estas circunstancias los niños tengan seguridad en el cuidado, la comunicación y la relación con su figura de apego. Este adulto no suele estar disponible emocionalmente ni puede ofrecer soluciones y afecto. Más bien suele ser una fuente de emociones negativas.

De hecho, esos mismos adultos, que deben ser el lugar seguro para los niños busquen consuelo cuando se sienten mal y el centro desde el que explorar el mundo, en realidad, ante la nueva situación, pasan a contagiarles un miedo indescriptible. Ven cómo ellos mismos están aterrorizados en su propia casa. Gritan y lloran sin consuelo.

Por ello, es más probable que el apego que desarrollen los hijos en estas situaciones de maltrato en la pareja sea del tipo inseguro o evitativo. De hecho, se ha encontrado que las progenitoras que sufren malos tratos pueden presentar representaciones más negativas de sus bebés y de ellas mismas como madres, por lo que pueden sufrir también depresión perinatal.

Mano sobre cristal

El maltrato, ¿cómo condiciona el desarrollo de los hijos?

Pero este maltrato en la pareja no solo perjudica al desarrollo de un apego seguro, tan importante para el posterior bienestar del niño. También tiene consecuencias en el normal desarrollo psicológico de los pequeños. Como es de imaginar, estar expuestos desde edades tempranas a todo esto influye en el bienestar emocional y social de los niños.

Por un lado, pueden aparecer problemas de identificación y regulación emocional. Los niños se sienten culpables por la situación que viven, incluso pueden aparecer problemas de ansiedad, aunque no comprendan qué sienten ni el porqué. Además, tratan de evitar y suprimir estas emociones, lo cual hace que se cronifiquen.

Por otro lado, se han encontrado problemas significativos de autoestima y en el desarrollo de la autoimagen. No hay que olvidar que estos pequeños también suelen tener problemas de comportamiento, además de a nivel social en sus relaciones con iguales y con otros adultos.

“La violencia crea más problemas sociales que los que resuelve”

-Isaac Asimov-

El maltrato en la pareja y el trastorno de estrés postraumático en los hijos.

El trastorno de estrés postraumático se puede desarrollar en los niños expuestos a situaciones de maltrato, siendo estos víctimas indirectas. Pero, ¿cómo es este trastorno en los niños? Pensemos que, como en otros problemas de salud (tanto física como mental), los síntomas asociados a las enfermedades no son iguales que los que presentan los adultos.

De hecho, se ha observado que los hijos tienen reexperimentaciones del hecho traumático, que se observan en un juego traumático, recuerdos reiterados de lo que han vivido en ambientes lúdicos, pesadillas, flashbacks, disociaciones o malestar al recordar el hecho traumático.

También se puede apreciar un cierto retraimiento en la adquisición de responsabilidades, es decir, se observa distanciamiento social, pérdida de habilidades que ya habían adquirido, una disminución del juego y una reducción de la experiencia y la expresión emocional.

Por último, puede darse un aumento de la activación que conlleva dificultades para conciliar el sueño, hipervigilancia, disminución de la concentración o excesivas e intensas respuestas de sobresalto. Es importante, por el bien de los pequeños, que reciban terapia de psicólogos cualificados, ya que las consecuencias de vivir situaciones de maltrato indirecto son nefastas para ellos… ¡Ayudémosles!

“Ante las atrocidades tenemos que tomar partido. El silencio estimula al verdugo”

-Elie Wiesel-

Imágenes cortesía de Peter Forster, Elijah Henderson y Elijah Henderson.