Cómo ayudar a un hijo que se siente fracasado

Edith Sánchez · 1 enero, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 1 enero, 2019
Un hijo que se siente fracasado es aquel que renuncia a luchar por lo que desea. El que se siente derrotado, antes de haberlo intentado. Depende de sus padres para reorientar esa postura ante sí mismo y ante la vida.

La mayoría de los padres quieren que sus hijos sean felices, que encuentren su propio camino y logren realizarse en él. Esto no siempre ocurre. En ocasiones, el padre, la madre, o ambos se encuentran con un hijo que se siente fracasado por no haber cumplido las expectativas, ya sea las propias o las de los demás. Por lo general, esa sensación de fracaso comienza a edades tempranas frente a ella los padres pueden sentirse confundidos.

Un hijo que se siente fracasado despierta diversas reacciones en los padres. En casi todos los casos aparecen sentimientos de angustia y de culpa. Estos se traducen en comportamientos que van desde la negación del problema hasta cambios importantes en la familia. Cuando la situación se aborda con acierto y a tiempo, suele ser una gran oportunidad para ajustar lo que no está bien. De lo contrario, esto podría convertirse en el germen de problemas más graves.

A lo anterior se suma el hecho de que muchas veces los padres no detectan esta sensación de fracaso. Así, frente a la falta de identificación, la intervención no se produce. En otros casos, los padres conocen la existencia de la sensación de fracaso mucho después de que esta empiece a envenenar a su hijo. Entonces, la intervención se complica todavía más.

Cada padre debe recordar que un día su hijo va a seguir su ejemplo en vez de su consejo”.

-Charles Kettering-

¿Cómo se comporta un hijo que se siente fracasado?

A veces resulta relativamente sencillo darse cuenta de un hijo se siente fracasado. Él mismo lo expresa de viva voz o pide ayuda porque se estanca en un punto y no logra progresar. Sin embargo, también se da el caso de que esa sensación de fracaso pase desapercibida o que los padres se nieguen a reconocerla.

Así mismo, es habitual que la sensación de derrota se manifieste de forma indirecta: a través de relaciones conflictivas con los demás, indisciplina o comportamientos poco comunes. Un niño que, por ejemplo, solo quiere ver televisión, sentirse preso de una angustia muy fuerte porque siente que no logra lo que se propone. Por otro lado, recordemos que los niños tienden a manifestar la tristeza o el malestar como enfado.

En ocasiones, un hijo que se siente fracasado crece en un hogar en el que ya estaba este sentimiento, de manera que solo ha tenido que interiorizarlo. De hecho, puede que en alguna medida sus padres o tutores también se sientan así. Esa es precisamente una de las razones por las que el entorno adulto puede negar el problema: reconocerlo y reflexionar sobre sus causas y sus consecuencias puede terminar en un ejercicio de introspección y auto-análisis que, aunque en la mayoría de los casos produzca resultados positivos, también será costoso.

Niño triste en la ventana

El análisis del fracaso

En realidad, el fracaso no es un estado, sino una actitud. Hay fracaso cuando una persona se siente derrotada y cree que no vale la pena hacer algo al respecto. No es una actitud que nazca con el ser humano, sino que se aprende a partir de las experiencias que se viven y el estilo de crianza que se recibe. Es normal que por momentos el niño se sienta derrotado, ya que su inmadurez puede impedirle sopesar sus errores con objetividad. El problema está cuando esto se convierte en un estado habitual.

Si el hijo se siente fracasado, hay una alta probabilidad de que algo esté fallando en su crianza. En particular, no se le están dando suficientes estímulos afectivos ni se le está acompañando en su proceso de formación de una forma adecuada. Por eso desconfía de lo que es capaz de hacer y no logra abordar y superar los errores que pueda estar cometiendo.

Madre hablando con su hija

Un niño que tiene problemas académicos o de comportamiento en la escuela, quizás necesite antes una ayuda y no un castigo. Sus dificultades pueden ser una señal de fragilidad o confusión. En ese caso, y en muchos otros, lo que requeriría es comprensión, cercanía y apoyo.

No se soluciona llevándolo a un psicólogo para que “lo arregle”, aunque esta medida siempre va a ayudar. El niño está pidiendo a gritos atención, control y amor. Sí o sí, una parte importante de esta situación debe ser abordada directamente por los padres; para ese papel no pueden ser sustituidos.

Antes de llevar a este niño a un profesional de la salud, dándole a entender que se trata de un niño-problema, convendría que los padres hicieran lo propio. Es importante que evalúen sus aciertos y sus fallos como formadores. También que se enriquezcan con ideas sobre la mejor manera de abordar la situación. Si la dificultad se detecta a tiempo y se asume con responsabilidad, habrá muchas más probabilidades de que se resuelva con rapidez y sin dejar huellas que lastren el crecimiento de ese hijo.

  • Marina, J. A. (2010). La inteligencia fracasada: teoría y práctica de la estupidez. Anagrama.