Cómo cultivar la inspiración

Edith Sánchez · 2 diciembre, 2018
La inspiración se define como “respirar la información de la vida”. Para cultivar la inspiración es necesario hacernos conscientes de que el cerebro no es una máquina, sino una realidad plástica y sensible que requiere de condiciones favorables para ofrecer máximos resultados.

Lo importante de cultivar la inspiración es que no se trata solamente de una competencia que incide en la actividad intelectual, sino que tiene efecto sobre todos los aspectos de la vida. La inspiración es un estado en el que se conjugan aspectos cognitivos, emocionales y de voluntad. Genera una poderosa sensación de bienestar y resulta determinante en los procesos creativos.

No es fácil definir de manera exacta lo que es la inspiración. El diccionario la define como “Estímulo que anima la labor creadora en el arte o la ciencia”, o como “Ilustración o movimiento sobrenatural que Dios comunica a la criatura”. Así que cultivar la inspiración vendría a ser algo así como crear las condiciones apropiadas para que se produzca el “estímulo” o “el movimiento sobrenatural” del que hablan esas definiciones.

Desde el punto de vista etimológico, la definición es bella, pero tampoco resulta muy concreta. En ese terreno, inspiración vendría a ser algo así como: “respirar la información de la vida”. Toda esta falta de exactitud nos lleva a pensar que se trata de un fenómeno complejo, profundo y también maravilloso. De ahí que cultivar la inspiración sea también un hecho de trascendencia. ¿Cómo hacerlo? Aquí hay algunas pistas.

Ve definitivamente en dirección de tus sueños. Vive la vida que imaginaste tener”.

-Henry David Thoreau-

La inspiración, un fenómeno maravilloso

La inspiración es un estado en el cual experimentamos una suerte de revelación sobre algún aspecto esencial de la vida o de la realidad como tal. Se trata de un fenómeno intelectual porque implica una comprensión de gran alcance. Sin embargo, también supone una dicha especial, que se traduce en convicción y deseo o pasión por realizar determinada acción.

Se puede decir que la inspiración nos proporciona algunos de los momentos de mayor felicidad. Se trata de una fuerza ligera y expansiva que abre la mente y el corazón. Cuando estamos inspirados, sentimos una conexión directa y real con todo el universo. Desaparece el malestar. Es una suerte de paz feliz.

De hecho, los neurocientíficos Marcos Jung-Beeman y Edward Bowden, de la Universidad Northwestern y John Kounios de la Universidad Drexel, han revelado interesantes estudios al respecto. En estos se indica que mediante imágenes de resonancia magnética, se ha podido comprobar que hay una parte del cerebro que, literalmente, se ilumina en ciertos momentos de revelación o epifanía. Corresponde a una zona del lóbulo temporal derecho.

Mujer con ilusiones feliz

La inspiración y la motivación

Muchas veces se confunde la inspiración con la motivación, pero son dos realidades diferentes. La motivación es una fuerza que nos impulsa a desarrollar determinadas acciones, con el fin de obtener un beneficio específico. También, por supuesto, para evitar algún mal o daño.

En últimas, la motivación es fruto de un sello impreso en la naturaleza humana: buscar el placer y evitar el dolor. Nos sentimos motivados a hacer algo porque partimos de la idea de que con ello lograremos algo que deseamos o evitaremos que nos suceda algo negativo.

La inspiración va mucho más allá. En esta el placer y el dolor pasan a un segundo plano. Se trata de una fuerza tan potente que es capaz de aceptar el dolor sin problema, porque el objetivo lo trasciende. Tampoco se busca un beneficio específico, sino una plenitud mayor. Es lo que han sentido quienes dan su vida por la libertad o aquellos que son capaces de sufrir cualquier vejación en nombre de un propósito o una causa.

Cultivar la inspiración

Cultivar la inspiración es un proceso que implica grandes esfuerzos y constancia. Sin embargo, hay caminos que permiten nutrir ese estado y alcanzarlo eventualmente. El primero de esos caminos es la meditación. Está absolutamente comprobado que la meditación cambia el funcionamiento del cerebro. Esto facilita los procesos de creación, que a su vez son un resultado de la inspiración.

Mujer con un libro en el campo

La lectura de obras literarias de ficción y cualquier práctica artística son otros caminos para cultivar la inspiración. Todas esas tareas rompen con los esquemas habituales y eventualmente llevan a construir nuevas perspectivas. A su vez, esos nuevos puntos de vista, tarde o temprano, conducen a esas revelaciones profundas que caracterizan los estados de inspiración.

Descansar adecuadamente y saber hacer cortes también son factores fundamentales para cultivar la inspiración. Descansar implica dormir bien y oxigenar la mente periódicamente. Hacer cortes tiene que ver con cambiar de escenario físico y mental cuando uno siente que está bloqueado. Hacer un paréntesis indefinido, para retomar luego. Todo esto facilita esos momentos de inspiración que muchas veces lo cambian todo.

  1. Romo, M. (1997). Psicología de la creatividad. Barcelona: Paidós.