¿Cómo es tu sentido del humor?

Edith Sánchez · 4 abril, 2016

El sentido del humor es una de las cualidades más valoradas, precisamente por su escasez. Las personas que son capaces de bromear y de hacer reír son como un bálsamo para ellas y para los demás. Capaces de refrescar hasta los momentos más amargos de la vida. Sin duda, se trata de una gran virtud y de un mecanismo automático y no siempre consciente, realmente útil para dejar escapar tensiones acumuladas.

La risa nos libera, porque nos permite ser espontáneos y tiene en su esencia un componente de juego. Una sola sesión de carcajadas es mucho más relajante que muchas de las tareas que planificamos con el mismo propósito. Así, la la risa tiene esa propiedad mágica de renovarnos y mejorar nuestra disposición frente al mundo.

“Donde no hay sentido del humor hay dogma.”

-Alfonso Ussía-

Sigmund Freud le otorgó a los chistes y a la risa un papel definitivo dentro de la teoría psicoanalítica. Descubrió que a través de esos divertimentos cotidianos se expresa nítidamente el mundo inconsciente. De manera que, en aquello que nos causa gracia también se revelan nuestros deseos y sentimientos más profundos.

¿De qué te ríes?

Las personas nos reímos de las situaciones sorpresivas, en las que a partir de algo más o menos absurdo, se construye un nuevo mensaje que sí tiene sentido. O al contrario: cuando de algo perfectamente coherente se desprende un sentido absurdo.

En lo que causa risa el malentendido juega un papel fundamental. Ese malentendido se origina en los dobles sentidos, por lo general. Esto a su vez, da origen a tres tipos de chistes o motivos de risa: el comentario gracioso o ingenioso; el chiste tendencioso o excesivamente inocente; y el chiste “verde” o de contenido sexual u obsceno.

chica sonriendo con la cara pintada

Freud descubrió también que a través del chiste se rompe con la censura. Lo gracioso permite traer a colación temas o situaciones que son más o menos tabú en el mundo de “lo serio”. Muchos de los chistes expresan contenidos agresivos o sexuales, que serían intolerables en otro tipo de contextos.

Como este chiste:

Un intermediario presenta a su cliente la muchacha que le ha escogido para novia. Desagradablemente impresionado, el joven dice a su agente: “¿Qué me ha traído usted aquí? Es fea, vieja, bizca, desdentada y. . .” “Puede Ud. hablar alto -interrumpe el otro-; también es sorda”.

Cuando te ríes de lo ridículo o de los defectos propios o ajenos

Lo ridículo se configura cuando hay una desproporción entre los elementos que componen una situación. Es el caso de los payasos, que utilizan enormes zapatos que resultan graciosos. También el caso de un desfile en una de las grandes pasarelas de la moda (Parías, Milán, Madrid, etc.), en el que alguien trastabilla.

Los humoristas ridiculizan a las figuras de poder a través de las caricaturización de personajes y situaciones conocidas que han protagonizado. Por lo general, esas caricaturas buscan exagerar un aspecto de aquello que ha sucedido o de la personalidad del protagonista, expresando críticas mordaces y, en ocasiones, siendo sumamente agresivas. Sin embargo, son toleradas porque contribuyen a hacer catarsis: es una de las herramientas que tienen los ciudadanos frente al poder.

Un ejemplo de este tipo de chistes o caricaturizaciones es:

Madre e hijo:
-Hijo, nunca mientas, las personas mentirosas nunca serán algo en la vida.
-Entonces, ¿Por qué votamos a a aquellos que nunca cumplen lo que prometen?

La burla y el ridículo, a través de la caricatura, son instrumentos que permiten cuestionar comportamientos, sacándoles punta y exponiéndolos sin temor. Sin embargo, cuando están dirigidos a una persona vulnerable, el efecto es el contrario: establece una relación de poder vertical, que victimiza a quien es vulnerable. Es el clásico “reírse de las personas y no con ellas”.

Imagen de la película desayuno con diamantes

Los chistes picantes y los inocentes

El tema sexual es una constante en muchos chistes, especialmente utilizando el “doble sentido”: por un lado son una afirmación que nada tiene que ver con el sexo; por el otro, tiene todo que ver. Como este:

Se encuentran dos amigos y le dice uno al otro:
– Ayer llegué a mi casa y me encontré en la cama a mi novia con un tío muy fuerte. El caso es que, para mi sorpresa, al verme se lanza a por mí, me coge del cuello, me empuja a un rincón. Después, pinta una línea en el suelo y me dice:
– Como pises esta raya, te mato. Acto seguido se vuelve a la cama con mi mujer, para continuar la faena.
– ¡Vaya situación! y tú, ¿qué hiciste?
– ¿Yo?… ¡Qué se creería ese tío!. ¡Cuando no miraba, pisaba la raya!

Los chistes de doble sentido con un contenido sexual hacen reír porque trasladan a un primer plano un tema que no deja de ser tabú. En el ejemplo anterior, más que el tema en sí, lo que hace reír es el ardid de hacer pensar al otro en sexo, sin que ese sea el tema, utilizando una fórmula ingeniosa.

Pero, también los chistes ingenuos o inocentes hacen reír, precisamente por la candidez o la obviedad que encierran. Como este:

Le dice un murciélago bebé a su amigo:

-¿Cómo te llamas?

– “Vam” -responde el segundo.

-“Vam”, ¿qué? – inquiere de nuevo el primero.

-“Vam pido”. ¿Y tú?

– Yo me llamo “Oto”

– “Oto” ¿qué?

– “Oto Vampido”.

Esos chistes cándidos tienen una forma de humor “blanca”, porque su sentido no reposa en una agresión que se camufla o en un doble sentido que rompe el tabú, sino en el ingenio puro, en el absurdo puro. En sentido estricto, son juegos mentales y del lenguaje.

El humor es una fórmula válida para expresar las ideas. Sin embargo, persiste aún una polémica sobre dónde están sus límites. ¿Vale en todas las ocasiones? ¿Es legítimo aún cuando represente una forma de estigmatizar a un grupo social, como ocurre con los chistes sexistas? ¿Puede el humor generar odios viscerales como ocurrió en los lamentables hechos de la revista Charlie Hebdo? El debate está abierto.

pareja abrazada entre risas