¿Cómo explicamos la conducta de las demás?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 9 febrero, 2019
Sonia Budner · 9 febrero, 2019
Cuando yo me comporto de cierta manera suelo decir que la situación así lo requería. Pero cuando intento explicar por qué tú has actuado de una manera concreta lo atribuyo a que tú “eres así”. El ser humano tiene una tendencia natural a aplicar un doble rasero cuando se trata de explicar las conductas propias y las de los demás

Aunque nos cueste creerlo -o lo identifiquemos en los demás y no en nosotros-, hay una tendencia natural a aplicar un doble rasero para explicar las conductas propias y las de los demás. Los seres humanos tenemos tendencia a destacar la influencia de la situación cuando explicamos nuestras conductas. Por el contrario, la tendencia al explicar la conducta de los demás se invierte: tendemos a señalar con más frecuencia a sus rasgos o aptitudes. Así, vemos en nosotros lo decisiva que puede ser la situación, especialmente cuando obtenemos resultados negativos; sin embargo, lo mismo nos cuesta más apreciarlo en los demás.

Esto, que dicho así nos hace hasta gracia por lo infantil de la idea, es un hecho del que no solemos ser conscientes: hablamos de un sesgo silencioso. Esto es lo que en psicología llamamos efecto actor-observador. No lo hacemos adrede. La explicación con más apoyo para explicar el fenómeno es que tenemos perspectivas diferentes cuando actuamos que cuando observamos. Dicho de otra manera: lo que sabemos, más lo que sentimos es particular en cada punto de vista y esto condiciona la forma en la que generamos explicaciones.

Sabemos que no siempre actuamos de la misma manera y que somos sensibles a las circunstancias, mientras que cuando actúan los demás no tenemos información -o tenemos menos- de si actúan siempre así o no. Además, cuando somos nosotros los que actuamos nuestra atención está puesta en la situación. Cuando actúa otra persona nuestra atención está sobre esa persona, esto es lo que se conoce como “error fundamental de atribución”. Por eso la perspectiva cambia.

Explicación de las conductas en pareja

Este tipo de explicaciones resultan muy curiosas cuando se llevan a contexto específicos como las relaciones de pareja. La psicología social lleva mucho tiempo investigando sobre este tema y los resultados obtenidos son, como poco, para hacernos pensar dos veces antes de volver a explicar las conductas del otro o la propia.

Resulta que lo que nos dicen los estudios es que la tendencia que tengamos a explicar nuestra conducta o la de nuestra pareja va a depender más de si estamos a gusto en la relación o no, que en los motivos reales. Parece que resulta bastante común que cuando la relación de pareja no funciona bien achaquemos los conflictos a la conducta de nuestra pareja y no al revés.

Para entendernos, lo que revelan las investigaciones, en este caso de Finchan y Bradbury, es que si la relación de pareja nos resulta satisfactoria tendemos a justificar las conductas positivas de nuestra pareja a causas internas y controlables. De la misma manera, sus conductas negativas las achacamos a causas externas e incontrolables.

Lo curioso sucede cuando nuestra relación de pareja no va bien:invertimos completamente las atribuciones. Cuando nuestra relación no funciona bien, atribuimos las conductas positivas de nuestra pareja a causas externas y las negativas a causas internas.

Pareja hablando frente a frente pare representar la toma de decisiones en la pareja

Atribuciones a nivel social

También es curioso observar el fenómeno que se produce cuando damos explicaciones sobre grupos más o menos homogéneos. Estos grupos o fenómenos sociales pueden ser la pobreza, la discriminación racial o el desempleo. Básicamente, lo que solemos aplicar de manera inconsciente a la hora de explicar estos fenómenos tiene más que ver con nuestros valores, ideas y afiliación política que con la realidad.

Las explicaciones que demos sobre la conducta de los demás cuando los englobamos en un grupo dependerá en gran medida de a qué distancia nos encontremos del grupo. Los miembros del mismo grupo perciben a los suyos con atribuciones mucho más positivas que los no pertenecientes al mismo grupo.

Explicando la conducta de los demás

Estudios realizados en Reino Unido (Furhan y Reicher) pusieron de manifiesto que las explicaciones dadas a fenómenos sociales negativos, como la pobreza o la riqueza, son diferentes para los simpatizantes de políticas conservadoras que para los cercanos a políticas más liberales. También sobre sucesos que tengan gran impacto social, como las revueltas o las manifestaciones.

De esta manera, las personas con ideales conservadores ensalzan como rasgos principales de las personas ricas el ahorro y el trabajo duro. Sin embargo, las personas con ideales más liberales consideran a los individuos con gran poder económico, principalmente, como crueles e implacables. Cuando hablamos de pobreza, las personas de ideología liberal la explican como una consecuencia de la desigualdad de recursos y oportunidades. Sin embargo, los conservadores tienen a explicarla en términos de la consecuencia de la falta de inquietudes o la desgana.

Amigas hablando mientras toman café

En el caso de revueltas sociales, las personas conservadoras tienden a dar explicaciones basadas en rasgos patológicos sobre los manifestantes, mientras que los liberales lo explican por las circunstancias sociales que obligan a los manifestantes a expresarse.

Con todo esto, casi podemos afirmar sin equivocarnos demasiado que la realidad que percibimos tiene mucho más que ver con lo que nosotros mismos proyectamos que con la verdad. Algo muy a tener en cuenta cuando queramos explicar la conducta de los demás.