La atención: una facultad mental decisiva, según varios pensadores

Edith Sánchez · 4 febrero, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 4 febrero, 2019
La profundidad y la intensidad con la que vivimos, depende en gran medida de la atención que prestamos a cada experiencia. En la actualidad hay tantos estímulos, que dejamos de atender y terminamos fragmentando nuestra conciencia.

La atención es una facultad humana esencial, no solo para el aprendizaje sino también para la vida misma. En la actualidad, todo parece conspirar para impedir que estemos atentos. Recibimos muchos estímulos simultáneamente y el efecto de esto es que nos mantenemos con la conciencia fragmentada, por lo que enfocarnos en algo se vuelve a veces una tarea titánica.

Casi todas las actividades que realizamos se ven interrumpidas constantemente. Si nos detenemos a observar, nos damos cuenta de que muy rara vez realizamos una secuencia completa de acciones, de manera continua. Comenzamos una tarea y pasa apenas un momento antes de que suene alguna alarma en el teléfono o aparezca algún ruido que nos saca del enfoque. La distracción está servida en la mesa a todo momento.

El amor instruye a los dioses y a los hombres, porque nadie aprende sin desear aprender. Se busca la verdad no en cuanto verdad, sino en cuanto bien. La atención se halla ligada al deseo. No a la voluntad, sino al deseo. O, más exactamente, al consentimiento”.

-Simone Weil-

El ejemplo más claro de la falta de atención nos lo da el teléfono móvil, el cual muchas veces revisamos aunque no tengamos por qué hacerlo. Pero esa relación nerviosa con el móvil no es más que la punta del iceberg en los problemas que tenemos para atender plenamente a algo. Hoy en día estamos estructuralmente programados para distraernos con facilidad. Gran parte del tiempo nuestro pensamiento y nuestros sentimientos son erráticos.

William James y la atención

William James fue uno de los pioneros de la psicología y uno de los investigadores que con mayor cuidado estudió el tema de la atención. Contra lo que pensaban muchos de sus contemporáneos, James señaló que una experiencia solo se convierte en experiencia como tal, si está mediada por la atención. Cuando alguien no está atento a lo que vive, es como si no lo hubiese vivido.

Señala que aquello que llamamos real no es más que eso a lo que le ponemos atención. Si algo cuenta para nosotros se debe a que le prestamos atención. De lo contrario, es como si no existiera. Por lo tanto, la realidad que percibimos, siempre es una realidad delimitada por nosotros mismos. Decidimos enfocarnos en ciertos aspectos y pasar por alto otros. En este sentido, la atención define integralmente nuestra conciencia.

William James
William James

Para William James, lo que caracteriza a un genio es la capacidad de mantener una atención sostenida. Plantea que todo aquel que sea capaz de enfocarse decididamente en un asunto, se convierte en alguien con la maestría suficiente para destacarse por encima del promedio. Sea producto de la fuerza de voluntad o de un interés espontáneo, lo cierto es que el seguir constantemente el hilo de un asunto, conduce a su conocimiento profundo y al nacimiento de la creación, invención o descubrimiento.

La atención monetizada

Hoy en día la atención de las personas es un bien que genera dinero. Hace tiempo que dejamos de ser personas, individuos o sujetos, ahora todos somos “usuarios” de algo. Y la atención de los usuarios es un factor que se capitaliza. El like, la consulta a determinado contenido o la audiencia es algo que alguien termina cobrando. El mercado se disputa nuestra atención.

Es precisamente el mercado la primera fuente de bombardeo de estímulos. Toda la economía digital tiene como uno de sus pilares la captura de la atención de la gente. Desafortunadamente, caemos fácilmente en esa red. Si algo dispersa la atención en la actualidad es todo ese mundo digital, con sus noticias virales, sus redes sociales y toda la comunicación frenética que tiene lugar en ese entorno.

El resultado final de todo esto es la conciencia dispersa. Y la conciencia dispersa es vivencia dispersa. Pasamos por miles de vivencias diarias y, finalmente, ninguna de ellas logra convertirse en experiencia plena. Pasamos por encima de todo sin detenernos en un elemento o aspecto específico. Como mirar y no ver, u oír sin escuchar.

Mujer mirando las redes sociales

La atención, un objetivo

Sí es posible cultivar y educar la atención. No es un asunto de fuerza de voluntad ni tiene que inducirse a la fuerza. Todas las filosofías orientales hablan de la importancia de la atención plena y promueven métodos para desarrollarla. El primero de ellos es la meditación.

Los niños, cuando están descubriendo el mundo, se muestran muy atentos a lo que les rodea. Pueden pasar un largo rato examinando un juguete u observando cómo se comporta alguien. Prestar atención es un ejercicio de contemplación, que va acompañado por la capacidad de sorpresa y el interés por descubrir.

Además de la meditación, la mejor forma de desarrollar la atención es reduciendo el número de estímulos de forma consciente. Es decir, trabajar para desactivar esa tendencia a acumular información, amigos, conocimientos, etc. Menos cantidad y más calidad. Menos ruido y más silencio. Menos pequeñas vivencias y más experiencias plenas.

  • Estévez-González, A., García-Sánchez, C., & Junqué, C. (1997). La atención: una compleja función cerebral. Revista de neurología, 25(148), 1989-1997.