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Cómo fomentar la autoestima en tus hijos

Gema Sánchez Cuevas 22, Febrero 2015 en Emociones 272238 compartidos
Cómo fomentar la autoestima en tus hijos

Ayudar a los niños a que construyan una fuerte autoestima es una de las tareas más importantes que tienen los padres.

Los padres son las personas más importantes para sus hijos. Son quienes ejercen la mayor influencia en la tarea de sentirse a sí mismos. Son la fuente de confort y seguridad para ellos.

Son los padres quienes ayudan a sus hijos a verse a sí mismos. Quienes les proporcionan el espejo donde podrán verse. Por eso es tan importante, que cultiven en ellos la aceptación.

Los niños, a menudo buscan la necesidad de aprobación en sus padres para conseguir su aceptación. Esta necesidad puede vivenciarse de manera tan intensa, que puede perdurar con el paso de los años y nunca estar resuelta.

Cuando los padres aceptan a sus hijos y realmente los valoran y aprecian, les proporcionan un escudo psicológico que los protegerá de por vida. Y si no se obtiene, el niño, después adulto, tendrá que aprender a darse a sí mismo esta aceptación.

Hay que tener en cuenta que el niño aprende de sus padres, de sus respuestas. Si éstas son de amor, de cariño y seguridad, su hijo aprenderá que es importante y querido. Siendo sus primeras lecciones de valía y de una buena autoestima. Mientras que si estas son de desprecio o indiferencia, aprenderá que no es querido y se instalará en él la desesperanza.

Pero aceptar, no implica que su hijo sea como usted quiera, a su imagen y semejanza, sino que lo quiere tal cual es, reconociendo sus valores y dificultades.

Si nos focalizamos en cómo debe o esperamos que sea nuestro hijo, le estaremos proporcionando una visión muy rígida y un ideal, al cual se tiene que amoldar.

No reconocer el potencial que puede tener su hijo, puede hacerle perder una oportunidad para fomentar su autoestima y validez.

Resulta esencial para los niños, sentirse escuchados y que sus padres muestren en algunos momentos interés en ellos. Cuando escuchamos a alguien, el mensaje que le transmitimos es que es importante y que lo que nos dice nos interesa. Por lo que esa persona, nos interesa. Pero no solo hay que escucharlo, sino también hacerle partícipe.

Reconocer y validar sus emociones, es fundamental. Si calificamos como “malos” sus sentimientos o hacemos que los repriman y nieguen, el resultado puede ser una baja autoestima, una conducta insincera y una pérdida de conexión con sus sentimientos, quedando éstos enmudecidos.

Hay que tener en cuenta, que solo se pueden disfrutar los buenos sentimientos cuando se pueden expresar también aquellos que nos resultan desagradables o molestos.

Por lo tanto, decir a los niños como deberían sentirse, compararlos con otros de sus compañeros, responderles con ridículo o sarcasmo, negarles que existen algunos de sus sentimientos o utilizar amenazas y castigos como repercusión a cómo se sienten, son reacciones muy comunes por parte de los padres hacia sus hijos que tan solo tienen como resultado la negación de sus sentimientos.

Para ayudar a nuestros hijos en la expresión y afrontamiento de sus sentimientos intensos negativos habrá que:

Animarles a que expresen sus sentimientos en un entorno seguro y de aceptación.

Ayudarles a que encuentren sus formas de expresarse.

Contarles una situación similar en la que nos sentimos igual que ellos, para así fomentar la idea de que lo comprendemos.

Ser un buen modelo en el afrontamiento de sentimientos intensos.

Ayudarles a sentirse bien en situaciones de derrota o decepción.

No debemos olvidar uno de los elementos más potentes que tienen los padres para fortalecer la autoestima de sus hijos, el lenguaje.

En cada una de las interacciones que tiene con su hijo, le refleja su identidad. Por ello resulta tan importante, prestar atención a las palabras y el tono de voz que usa cuando se dirige a su hijo, procurando utilizar un lenguaje que fomente la autoestima.

El lenguaje de autoestima se compone por una descripción del comportamiento sin juzgar a su hijo, distinguiendo así la valía del niño de su conducta. Además, conlleva nuestra reacción a lo que el niño ha hecho, es decir, comunicamos cómo nos sentimos o qué pensamos acerca de lo ocurrido y por último, va acompañado del reconocimiento de los sentimientos de nuestro hijo, validando así su experiencia.

Y por último, señalar que como padres, se tiene la labor de ser instructores y formadores de habilidades para vivir en el mundo a sus hijos. Por lo que el uso de la disciplina, resulta necesario, pero hay que tener en cuenta que ésta no puede ser una agresión a la autoestima. Sino un medio para crear un entorno seguro y que facilite el aprendizaje y la autonomía.

Gema Sánchez Cuevas

Psicóloga, docente, editora y redactora.Mi pasión es la psicología, mi motor la curiosidad y mi arma la escritura. Todos tenemos recursos para el cambio, ¿comenzamos a buscarlos?

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