Cómo influye la genética en las relaciones íntimas

Pedro González Núñez · 27 marzo, 2017

David Lynch dice que “el sexo es la puerta a algo poderoso y místico, pero el cine generalmente lo presenta de un modo muy seco”. Pero eso no es nada si lo comparamos con la realidad. Si a este director de cine le parece que una relación íntima cinematográfica es seca, cuando hablamos de que influyen los amigos, la familia, la escuela, la personalidad, la pareja… y hasta la genética, parece que pierde definitivamente todo su glamour y espiritualidad.

Porque seamos sensatos, el sexo es un gran placer para casi todos, pero por mucho que lo envolvamos en precioso papel de celofán, no deja de ser un acto natural, cultural, normal e influenciado por innumerables factores más allá del amor romántico, el misticismo poético, el poder de la ensoñación o cualquier retórica que le queramos añadir.

Cómo influye la genética en las relaciones íntimas

Una vez hemos desvestido a las relaciones íntimas de toda su poesía, estamos en disposición de explicar un reciente descubrimiento: la genética también influye en el sexo. Así que cuando hablamos de ello unas líneas más arriba, no era un invento o un intento de naturalizar el acto.

Pareja mirándose a los ojos

A todos los componentes sociales que ya sabíamos que influían debemos añadir ahora otros meramente genéticos. Y por extraño que parezca, el desarrollo cerebral puede tener una influencia notable en las primeras relaciones íntimas del individuo.

Esto es lo que se desprende de un estudio llevado a cabo por John Perry de la Universidad de Cambridge. Según su publicación en la revista Nature Genetics, la genética humana tiene un papel básico en las primeras relaciones sexuales de todo individuo.

El estudio de John Perry

Perry ha analizado a casi 400.000 individuos a través de bases de datos donde se guardaban datos personales y genómicos. Para dar mayor relevancia a su trabajo, no solo se centró en Gran Bretaña, sino que accedió a información de mujeres y varones norteamericanos e islandeses.

“El sexo en Estados Unidos es una obsesión. En otras partes del mundo, un hecho”

-Marlene Dietrich-

Tras diversos análisis, Perry encontró hasta 38 variantes genéticas diferentes asociadas al inicio de las relaciones íntimas a más temprana edad. Curiosamente, dichas variantes se asociaban anteriormente a otros aspectos relacionados. Era el caso de la regla, el embarazo, la cantidad de hijos e incluso el carácter, la personalidad y el temperamento.

¿Quiere esto decir que la genética es la responsable de que una persona comience antes o después su vida sexual? No, en absoluto. Pero sí juega un papel relevante en el que hasta ahora no habíamos caído. Además, su influencia siempre se verá mediada por otros factores psicosociales. El conjunto es una referencia útil para obtener una conclusión sensata.

Es más, el estudio de John Perry es probablemente uno de los más concienzudos y fiables al respecto. Se debe a que está basado en un buen número de individuos, casi medio millón. Además, los datos cotejados se obtuvieron de bancos de datos, no de encuestas o cuestionarios.

Más detalles sobre la genética en las relaciones íntimas

También es importante señalar que la genética no sustituiría a otros factores educativos y socioeconómicos que siguen siendo relevantes. Sin embargo, servirá para complementar la información de la que hasta ahora disponíamos.

Así pues, el perfil genético de un individuo es importante en este sentido. Perry demuestra con los datos obtenidos de los genes que detallan la maduración del individuo, el desarrollo de la personalidad y su velocidad de maduración o la propia pubertad son unos condicionantes importantes de dichos procesos.

Pareja sentada

Sin bien ya se sabía que una pubertad temprana podía acarrear ciertos problemas de salud de cara a la edad adulta, ahora también conocemos que influye en las relaciones íntimas de los chicos. No obstante, también se han obtenido datos que reflejan que el debut sexual prematuro suele ir acompañado de factores sociales asociados a entornos deprimidos o con importantes carencias, como el abandono escolar, la inestabilidad familiar e incluso la incidencia de enfermedades infecciosas relacionadas con la transmisión sexual.

“La lujuria merece tratarse con piedad y disculpa cuando se ejerce para aprender a amar”

-Dante Alighieri-

En definitiva, ya tenemos un dato más a tener en cuenta de cara a nuestros jóvenes. No solo sus relaciones sociales y su entorno influye en su vida íntima, la genética también es básica. Información interesante y muy a tener en cuenta respecto a la educación de los chicos y que en el futuro, con ayuda de la tecnología, ampliará nuestro espectro de intervención para evitar situaciones de riesgo.