¿Cómo podemos mejorar nuestro equilibrio emocional?

24 marzo, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Adriana Díez
El equilibrio emocional es ese lugar en el que nos sentimos bien, en el que podemos asumir los riesgos que decidimos permitirnos, en el que hacemos que los demás crezcan con nosotros.

Empecemos por definir conceptos. ¿Qué es el equilibrio emocional? El equilibrio es la estabilidad, que no necesariamente es equidistante a los extremos. Es el estado de calma, aunque existan fluctuaciones, no es sinónimo de quietud, pero sí de armonía.

En lo referente a la parte emocional, hace alusión al estado de encuentro con uno mismo, de conocimiento personal, de manejo de emociones y sentimientos y de expresión adecuada de todas ellas. ¿Cómo podemos llegar a lograr nuestro equilibrio emocional?

Para llegar a una armonía percibida por uno mismo necesitamos una conexión entre la parte interna y la parte externa, nuestro mundo exterior. Para lograr este equilibrio será necesario un autoconocimiento. Lograr conocerse a uno mismo implica autoconsciencia. Saber definirnos, saber interrogarnos, no tener miedo de exponernos, tolerar la incertidumbre.

Aunque pueda parecer tarea sencilla, lleva su tiempo y cómo no, su exigencia de práctica diaria. El autoconocimiento es un viaje a lo más íntimo de nosotros, pero puedo asegurarte que será una de las mejores experiencias y relaciones que podrás llegar a tener. Permitirse ser y encontrarse, permitirse sentir emociones y miedos. Saber quién soy y cómo soy. Saber por qué soy y cómo puedo llegar a ser todo aquello que quiera y pueda ser.

El equilibrio emocional como punto de partida y meta final

Tras empezar el camino con el autoconocimiento y descubrimiento de las emociones que habitan y experimentamos en cada momento, llega el control y regulación.

Las emociones son un tesoro que todos poseemos, nos informan de que hay una conexión entre lo que sucede fuera y lo que experimentamos dentro. Las emociones nos enseñan y nos protegen, nos acogen y nos dan fuerza. 

Las emociones dependen y trabajan para mí, llaman a la acción y al cambio. El control y la regulación llega tras un previo conocimiento; cuando soy capaz de identificar y saber es cuando puedo decidir qué hacer y cómo hacer.

Si crees que cumples con este manejo y control emocional, te propongo un ejercicio: lee cada una de estas emociones y ve respondiendo a las preguntas siguientes: amor, ira, nostalgia, miedo, decepción, admiración, satisfacción.

  • ¿Cómo puedes saber que sientes cada una de estas emociones?
  • ¿Qué síntomas físicos y pensamientos tienes cuando las experimentas?
  • ¿Cómo las muestras al exterior?
  • ¿Cómo es tu relación interpersonal cuando experimentas cada una de ellas?
  • ¿Conoces qué situaciones/personas/pensamientos pueden llegar a provocarlas?

El motor que nos lleva

¿Cuál será el siguiente paso para trabajar nuestro equilibrio emocional? La automotivación. Cuando conseguimos lograr el autoconocimiento y regulamos de forma adecuada nuestras emociones, somos capaces de enfocar nuestros esfuerzos a lograr cada día aquello que queremos y nos hace felices. 

Nuestra construcción personal requiere de tiempo y cariño. El control y regulación de emociones exige muchas veces voluntad y trabajo, tanto personal como interpersonal. Para potenciar la automotivación necesitamos varios ingredientes esenciales en nuestro progreso, como son el optimismo, la toma de iniciativa y decisiones, el afán de triunfo y como no, el compromiso.

Dirigir nuestros esfuerzos, a veces, no es tarea sencilla, pero si logramos ser tenaces, apoyarnos en nuestras emociones y nuestra confianza en nosotros mismos, si adquirimos la capacidad de permanecer, aunque a veces cueste, estaremos cada día más cerca de lograr nuestro equilibrio emocional. Porque nadie camina sin rumbo, porque nadie tiene camino fácil, solo el camino que nosotros visualizamos.

Mujer con los brazos abiertos

Empatía y habilidades sociales

¿De qué nos sirve crecer si no podemos compartir el camino? Tras lograr la parte individual con el trabajo personal, que exige continuas renovaciones, está la parte social. La empatía y el contacto con los demás nos ayudan a seguir con nuestro desarrollo, a experimentar nuevas emociones y nutrirnos de todo lo que los demás nos aportan.

Las relaciones interpersonales y saber cómo desenvolvernos en ellas también forman parte de un camino personal, por ello las habilidades sociales nos permiten crecer y afianzar el equilibrio emocional. Somos seres sociales y de nada sirve tener todo el éxito o la felicidad si no podemos compartirla.

El crecimiento personal conlleva un trabajo, pero el premio de lograr una estabilidad y equilibrio emocional es el mayor de los regalos.

  • Bisquerra, R. (2000). Educación emocional y bienestar. Barcelona: praxis.