Cómo saber si eres adicto a la infelicidad

Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 26 junio, 2017
Yamila Papa · 2 marzo, 2019
La infelicidad es un virus capaz de instalarse en nuestra vida sin darnos cuenta. Debemos levantar barreras defensivas: atender nuestra resiliencia, motivación y alimentar esos propósitos con los que hallar ilusión cada día cuando nos levantamos.

Todos aspiramos a ser felices, pero ¿y si en este empeño estamos consiguiendo justo lo contrario, es decir, ser desgraciados? La infelicidad es algo más que lo opuesto a la felicidad. Es estancamiento, es angustia y es ausencia de estrategias personales para construir una realidad más plena, auténtica y significativa.

A menudo, se suele pensar que la gente está motivada para buscar el placer y la alegría, evitando el dolor y la pena. Ahora bien, si echas un vistazo a quiénes te rodean (familiares, amigos, colegas, vecinos), te darás cuenta de que la mayoría es “esclavo” de sus problemas.

Ante esta realidad es posible que nos preguntemos lo siguiente: ¿por qué, entonces, algunos cuando se sienten mal hacen lo posible por mejorar y otros siguen escarbando en la herida y no hacen nada por resolver el problema? Este es un tema que ha interesado desde siempre a psicólogos, neurólogos y sociólogos. Veamos qué nos dicen los expertos.

«Cuando una persona se enfrenta a la adversidad o a un problema importante, lo soluciona si lo enfoca de manera creativa».

-Albert Ellis-

La infelicidad, una realidad muy común

En 1930, Bertrand Russel publicó La conquista de la felicidad. Su objetivo era intentar explicar por qué la sociedad parecía ser tan desgraciada y revelar a su vez, qué estrategias podían seguir para trabajar en su bienestar. Así,  en el prefacio de este trabajo el autor señala que lo más importante para vencer la infelicidad, es seguir nuestro «sentido común».

Ahora bien, pero ¿qué es el sentido común? Podríamos entenderla quizá, como nuestra brújula interna, como esa guía que cada uno disponemos capaz de decirnos qué necesitamos, por qué debemos luchar y qué debemos evitar. También Albert Ellis, psicoterapeuta y creador de la terapia racional emotiva conductual señala algo parecido. Según el célebre psicóloga debemos procurar no traicionarnos  a nosotros mismos, ser leales a nuestro equilibrio emocional.

¿Por qué hay personas que no «pueden» ser felices?

Hay expertos que hablar de la adicción a la infelicidad, la cual, tiene que ver con la inseguridad arraigada en la persona o bien falta de autoestima. Uno, en un momento dado puede creer que no es merecedor de la felicidad y por ello no pelea o lucha para cambiar las cosas o su estado.

Hay una segunda teoría que habla de la manera en la que fuimos educados. Si en nuestra niñez ha habido una disciplina excesiva o expectativas para nada realistas, habremos asimilado la infelicidad como algo tolerable, normal y cotidiano.

En tercer lugar, se dice que aquellos que han vivido varias experiencias negativas o traumáticas en su vida sienten, de forma inconsciente, un deseo de volver al “status quo” de la infelicidad, ya que es lo único que conocen es esa zona de confort. Es decir, que no saben lo que es ser felices.

Otras razones por las que una persona puede ser adicta a ser infeliz tiene que ver con “enorgullecerse de su realismo” ante las cosas que suceden en la vida, creyendo que solo hay que centrarse en lo negativo y no en lo positivo. Son el tipo de personas que siempre ven el vaso medio vacío.

Algunas, debido a malas decisiones que han tomado, se sienten con mucha culpa, por lo que se castigan imponiéndose la falta de felicidad.

La sensación de que tras un instante feliz, vendrá la decepción

También puede ocurrir que una persona tiene miedo a la felicidad porque está “segura” de que tras los buenos sentimientos o la alegría vendrá la decepción o la tristeza.

Por ejemplo, las personas que no quieren volverse a enamorar porque fueron muy dañadas en una relación anterior. Se niegan la felicidad por miedo a sufrir. Sin embargo, existen algunos casos similares donde no se encuentra un compañero/a de vida por temor a ser engañado o abandonado. Además, es probable que esta persona se pase la vida diciendo lo desdichada que es en el amor.

A su vez, muchas consideran que si son felices nunca lograrán sus objetivos, o dicho de otra manera, sin sacrificio no hay ganancias. Así, si no han sufrido antes de conseguir algo que desean o si piensan que lo han conseguido de una manera sencilla probablemente le resten valor a lo que han logrado, no permitiéndose disfrutar de ello.

La depresión y la ansiedad, vetadoras del bienestar

La infelicidad crónica puede aparecer a su vez cuando de base hay un trastorno psicológico, como es la ansiedad o al depresión. Un ejemplo. En un estudio llevado a cabo en la Universidad de Tokio por los doctores Kawada y Kiratomi, revelaron que dedicar nuestra vida a un trabajo altamente estresante, es sin duda una de nuestras mayores causas de infelicidad. Estos entornos son fuentes de ansiedad y depresión, dos factores directos de malestar y sufrimiento emocional.

tristeza

Características de un “infeliz crónico”

Esta pequeña lista te ayudará a darte cuenta si eres un adicto a la infelicidad o bien a detectar que alguien de tu entorno lo es. El que se cataloga como un infeliz crónico.

Enfoques mentales y conductuales que originan infelicidad

  • Pensamientos  negativos, enfoque derrotista y carente de motivación.
  • Falta de propósitos.
  • Rol pasivo ante la vida, pensar que nuestros problemas son más graves o más difíciles de solucionar que los de la mayoría.
  • Planear metas que son imposibles de lograr.
  • No encontramos ese impulso vital con el que recuperarnos ante las adversidades.
  • Miedo a iniciar cosas nuevas (conocer gente, empezar otras etapas, aficiones, tareas…)

Para concluir, más allá de lo que podamos pensar, la infelicidad es casi como un virus capaz de instalarse en nuestra vida cuando menos lo pensamos. Un modo de evitarlo es trabajando los puntos señalados. Tener propósitos, ser resiliente, atrevernos a innovar en la vida y ponernos objetivos factibles y motivantes puede generar grandes y maravillosos cambios.

  • Ellis, Albert (1998) Usted también puede ser feliz. Paidós