¿Cómo se construye la personalidad de un agresor?

Beatriz Caballero · 3 mayo, 2018

Son muchos los daños y las muertes que se producen como consecuencia de una agresión, de ahí que sea importante seguir investigando en este sentido. Así, comprender cómo se llega a la violencia en una relación de pareja -y en otros ámbitos- implica conocer cómo se construye la personalidad de un agresor y cuál puede ser su experiencia en esa relación.

Los datos de investigación muestran que ser objeto o testigo de violencia no hace necesariamente que ese testigo sea violento en un futuro. Sin embargo, los estudios también nos dicen que gran parte de los agresores sí tienen antecedentes de violencia familiar (54%), lo que justifica la intervención psicológica.

La personalidad de un agresor comienza en la infancia y adolescencia

El apego alude a la forma que tenemos de vincularnos con el mundo y especialmente con las figuras afectivas. Desde pequeñitos, ante cualquier amenaza, se activa nuestro sistema de apego. Es decir, ante el miedo, buscamos esa sensación de seguridad que nos ofrece la compañía de nuestras figuras de referencia.

Por otro lado, si ante la amenaza, el cuerpo mantiene la activación durante un período largo es probable que esa energía termine transformándose en agresividad. Aquí la violencia tiene la función de llamar la atención de la figura de referencia para que preste ayuda.

Niño agarrando su osito de peluche por miedo al maltrato

Parece que especialmente los agresores tipo bordeline y los antisociales tienen un apego inseguro que caracteriza su forma de vincularse, especialmente con sus figuras afectivas. Cuando este tipo de apego inseguro está unido a la exposición a la violencia, humillación y desapego, genera el desarrollo de un trastorno de personalidad y las conductas violentas.

Según Dutton (2003, 2007) el resultado de este conglomerado es una “identidad difusa”. En estos casos la violencia y el distanciamiento emocional se retroalimentan en un círculo vicioso que destruye la relación.

¿Cuáles son los antecedentes de los agresores?

Como bien sabemos, las experiencias con nuestras figuras de referencia son determinantes en nuestra personalidad. Según Dutton (2003), hay distintos antecedentes en cuanto a las experiencias familiares de los agresores y las secuelas psicológicas y físicas que produjeron en ellos:

  • Rechazo y humillación: baja autoestima, cólera/rabia, culpa a factores externos, falta de regulación afectiva… Tienden a ser violentos frecuentemente y maltratar emocionalmente.
  • Apego inseguro: tienen muchos celos, la rabia se hace íntima y quieren controlar.
  • Víctima y/o testigo de maltrato físico: tienen recuerdos de patrones de violencia, no tienen estrategias positivas para solucionar problemas, baja empatía por las víctimas de violencia… Tienden al maltrato.
  • Rechazo, humillación; apego inseguro: la violencia se centra en las relaciones íntimas.
  • Rechazo, humillación; apego inseguro; víctima y/o testigo de maltrato físico: la integridad de su ego depende de la relación, por lo que son controladores, maltratan y persiguen.

El miedo del victimario (agresor) a ser abandonado es el que provoca su necesidad de controlar y dañar a la víctima. Cuando la persona agresora comportamientos agresivos con comportamientos de cuidado, de alguna manera estos últimos refuerzan el acercamiento de la víctima, creándose un tipo de relación conocida como “vínculo traumático” o “síndrome de Estocolmo” (Graham et al., 2001; Loue, 2002).

El papel de los valores en la violencia

El joven con apego inseguro desarrolla un sistema de valores acorde que justifica su visión del mundo, y por tanto las relaciones con sus parejas. Estos valores se transmiten por la socialización, desde la familia, grupo de iguales, escuela, películas, etc. Vivimos valores, no solo de la microcultura en la que uno nace, sino también en la cultura global. Los principales valores relacionados con la violencia de género serían los siguientes (desarrollado a partir de Pence y Paymar, 1993; Paymar, 2000; Loue, 2002):

  • Superioridad del varón: el mito del superman, el hombre como proveedor, tolerancia con la promiscuidad del hombre y control de la pareja, derecho a demandar servicios domésticos de su pareja, etc.
  • Modo de entender la violencia: el malhumor causa violencia, los hombres son celosos por naturaleza, romper cosas no es agresión, a veces no hay alternativas, el hombre no puede cambiar a su pareja si su pareja no cambia, etc.
  • Concepción de la mujer: las mujeres son manipuladoras, ven a los hombres como fuentes de dinero, las feministas odian a los hombres, les gusta que las dominen, son tan violentas como los hombres, etc.

Adolescente sentado en el suelo con el síndrome amotivacional provocado por consumir marihuana

6 explicaciones que se dan los agresores para recurrir a la violencia doméstica

Según Holma et al. (2006) hay seis justificaciones recurrentes que utilizan los agresores para justificar la violencia. Serían las siguientes:

  • La violencia es natural.
  • La violencia está relacionada con ciertas insuficiencias del agresor para maneras situaciones difíciles.
  • Verse acorralado.
  • La pareja los sacó de quicio.
  • Perder el control temporalmente.
  • Justificarse a través de su pasado traumático, acumulación de estrés, etc.

Es importante tener presente que no se trata de ganar una batalla contra el agresor, sino de ir a favor de uno mismo. Cualquier tipo de violencia resta y deteriora, por eso gran parte del trabajo con víctimas de violencia se centra en sumar y recuperar, es decir, acumular evidencias y experiencias que refuercen la recuperación de confianza en el criterio propio y autoestima, hasta alcanzar esa sensación de libertad que da la sensación de control.

Referencias bibliográficas

Navarro Góngora, J. (2015). Violencia en las relaciones intimas. Una perspectiva clínica. Barcelona: Ed. Herder.