¿Cómo se viven las crisis cuando padeces trastorno límite de la personalidad?

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Alicia Escaño Hidalgo
16 mayo, 2019
El trastorno límite de personalidad tiene un eco social poco acertado en muchas ocasiones. Lejos de generar compresión, genera rechazo; el mismo rechazo que muchas veces está en el origen del sufrimiento de quienes lo sufren y de las personas que les rodean.

El trastorno límite de la personalidad (TLP) es una categoría diagnóstica que se define en DSM-5. Ha sido con frecuencia bocetado en la ficción a través de películas o relatos que pretendían acercarnos a una realidad que es necesario entender para poder ayudar. Ayudarles a ellos, a sus familias, mientras en el camino crecemos como sociedad. De manera que sí, es una categoría, pero sobre todo es el sufrimiento de muchas personas que viven de manera exponencial esa sensación que todos hemos experimentado alguna vez, la de no encajar.

En su perfil destaca un patrón dominante de inestabilidad de las relaciones interpersonales, de la autoimagen, los afectos e impulsividad intensa, que comienza en las primeras etapas de la edad adulta y está presente en diversos contextos. Se manifiesta en al menos cinco de los siguientes puntos:

  • Esfuerzos desesperados para evitar el abandono real o imaginado.
  • Patrón de relaciones interpersonales inestables e intensas que se caracteriza por una alternancia entre los extremos de idealización y de devaluación.
  • Alteración de la identidad: inestabilidad intensa y persistente de la autoimagen y del sentido del yo.
  • Impulsividad en dos o más áreas que son potencialmente autolesivas.
  • Comportamiento, actitud o amenazas recurrentes de suicidio, o comportamiento de automutilación.
  • Inestabilidad afectiva debida a una reactividad notable del estado de ánimo
  • Sensación crónica de vacío.
  • Enfado inapropiado e intenso, o dificultad para controlar la ira.
  • Ideas paranoides transitorias relacionadas con el estrés o síntomas disociativos graves.

Aunque existen estos criterios, la realidad es que dentro del TLP hay un espectro bastante amplio, en el que podemos encontrar personas con unos rasgos más marcados que otros o con una sintomatología más o menos grave.

Señalar que los criterios nos dan solamente una referencia, pero la experiencia de la persona con TLP es mucho más amplia y compleja. Es por esta razón, que los pacientes con trastorno límite pueden ser muy parecidos o muy diferentes entre ellos.

Lo que sí podemos destacar como núcleo común del desorden es el gran miedo a un posible abandono y la marcada autodestrucción e impulsividad. Estas características hacen tremendamente difícil el tránsito por una vida más o menos normal, ya que suelen darse en brotes o crisis que a veces pillan desprevenidos al propio paciente y, evidentemente, a su entorno.

Mujer con mucho sufrimiento a causa de un trastorno de salud mental

¿Cómo vive un paciente TLP una crisis?

Una persona que padece trastorno límite de la personalidad es un individuo totalmente normal a priori. Puede que estudie, tenga su trabajo, tenga una familia, su círculo de amigos, etc. El problema surge en el momento en el que aparece una crisis.

Las crisis del trastorno límite de la personalidad muchas veces van precedidas de acontecimientos estresantes o algún factor biológico, como puede ser el inicio de la menstruación o el consumo de alguna droga. En otras ocasiones, no se relaciona con nada en particular.

Cuando podemos asociarlo con algún factor precipitante, se hace más fácil el llegar a controlarlo; aunque, aun con todo, la gran impulsividad que caracteriza al trastorno hace que ese control sea muy complicado.

En el momento en el que el brote atrapa a una persona con TLP, la personalidad se desdibuja. Es decir, es como si el individuo tuviese dos personalidades: una que siempre está, es prácticamente normal, agradable, estable y sosegada y otra, que aparece de vez en cuando y se encarga de destruir todo lo construido por la personalidad original.

«Se crea una especie de «cortocircuito» por el cual se hace imposible controlar los actos. El brote de TLP invade todo el ser y torna el ánimo, que hasta el momento, era estable, por otro disfórico, triste y vacío. De repente, las cosas que tenían mucho sentido y generaban bienestar, dejan de hacerlo. Las ilusiones y los proyectos que quería realizar, se ven con pesimismo y melancolía. La mente empieza a desarrollar pensamientos de soledad: ¡Estás solo!, ¡No tienes ni un amigo íntimo al que llamar!, ¡Nadie va a quererte con esa actitud!, ¡Es mejor que te tires por la ventana y dejes de molestar!»

«Las personas que son importantes, se vuelven enemigas. Sobre todo, las que más se aman. En pleno brote, es cuando más necesito el amor y comprensión de mis allegados, pero la manera de pedirlo es mediante la falta de respeto, la agresividad o la destrucción. Puedo, incluso, llegar a agredir a algún familiar, tanto de forma verbal como física. Y en el fondo, lo que estoy demandando es atención y afecto».

Estas actitudes impulsivas, en realidad buscan evitar a toda costa un posible abandono, pero en consecuencia, muchas veces se termina recibiendo precisamente lo que tanto temen. Lo que al final, refuerza aún más los sentimientos de vacío y la baja autoestima.

Las crisis del trastorno límite de la personalidad hacen que el paciente soporte muy mal el aburrimiento y la frustración. Todo aquello que sea mínimamente incómodo, le parece un mundo.

En este contexto, pueden llevar a cabo conductas autodestructivas o impulsivas como: tomar drogas, destruir objetos, despilfarrar dinero, embarcarse en proyectos sin haber realizado un plan coherente, ser desagradable con algún amigo, contar a gente que no se conoce que se está en plena crisis o incluso realizar algún intento de suicidio.

«Una vez en plena crisis llegué a montar un negocio en cuestión de días. Me sentía una fracasada e incluso empezaba a tener pensamientos de suicidio. Decidí entonces buscar un local, un asesor y llevar a cabo todos los trámites para montar mi empresa. Al pasar los días y terminar la crisis, evidentemente, me arrepentí»

Lo que llega tras la crisis del trastorno límite de la personalidad

Las crisis del trastorno límite de la personalidad suelen durar desde unas horas hasta una semana aproximadamente. Como hemos comentado, es frecuente que, en las mujeres, se dé en el periodo premenstrual. La mayoría de pacientes con TLP confirman que tras las crisis los sentimientos que más florecen son dos: la vergüenza y la culpa.

Imagina que durante un pequeño periodo de tu vida te sientes «poseído» por alguien que no tiene nada que ver contigo. Ese «alguien» realizará cosas que tú en circunstancias normales jamás harías. Pues precisamente esto es lo que ocurre durante un brote de TLP. Por lo tanto, es obvio que la vergüenza y la culpabilidad estén tan presentes en el periodo post-crisis. 

La vergüenza se siente, sobre todo, por el hecho de haber sido impulsivos. La impulsividad del TLP hace que la persona muchas veces se ponga en evidencia.

Por ejemplo, si en pleno brote explota en mi una ira exacerbada hacia algún familiar que quiero y mis vecinos escuchan mis gritos y golpes, es probable que cuando ya no esté en crisis y me los encuentre en el ascensor, sienta esa vergüenza profunda.

Por otro lado, la culpa surge porque durante el brote hemos llevado a cabo comportamientos que nuestro verdadero yo no quería realizar. Es decir, nos sentimos arrepentidos.

Por ejemplo, una paciente TLP puede gritar a su hija de tres años porque se siente desbordada cuando la niña no está obedeciendo. Seguramente, en otros momentos, no habría actuado de esta forma, pero en plena crisis su impulsividad le sobrepasa y acaba comportándose de esta forma con la niña, lo que le lleva posteriormente a sentir una culpabilidad muy profunda.

El problema de la sintomatología post-crisis es que pueden hacer creer al paciente que «no hay remedio» y llevarlo a la desesperanza. Este desamparo, puede, a su vez, provocar nuevas crisis y cerrar un ciclo. Por esta razón, es de vital importancia que el paciente TLP conozca los antecedentes de las crisis y tenga un plan estructurado para hacerles frente. De la misma manera, su familia y entorno más cercado también deben conocerlos.

Conclusiones

Aunque en los manuales diagnósticos no aparezca como tal, las crisis de un paciente con trastorno límite son vividas con una gran desesperanza porque, aun con tratamiento, son muy difíciles de controlar. Uno deja de confiar en sus recursos, en sus posibilidades. Un día se encuentra estupendamente y al día siguiente, sin saber por qué el TLP vuelve y lo acaba poseyendo.

¿Qué podemos hacer? Lo esencial para un paciente con tal desorden es la validación de las emociones. Hay que tener en cuenta, que la mayoría de pacientes vienen de infancias en las que no experimentaron esta validación; más bien, fueron reprobados. Algunos incluso fueron niños que gozaron más del rechazo que del afecto, de la indiferencia que del cariño.

La terapia dialéctica conductual puede ayudar en este sentido. Sobre todo, el objetivo es que el paciente acepte su condición y sepa identificar las crisis de forma adecuada. En algunos casos también es importante fomentar la adherencia a la medicación.

Por otro lado, el trabajo en regulación y tolerancia de las emociones es fundamental. El objetivo no es eliminar totalmente los sentimientos de vacío o la impulsividad, sino reducirlos lo máximo posible, adquiriendo y entrenado estrategias para cuando aparezcan.

  • American Psychiatric Association (APA) (2014): Manual de Diagnóstico y Estadísitico de los Trastornos Mentales, DSM5. Editorial Médica Panamericana. Madrid.
  • Frías, A. (2017). Vivir con trastorno límite de la personalidad. Una guía clínica para pacientes. Serendipity. Desvele de Brouwer.